Diario Vasco

González Laya: «Tenemos que evitar que la demagogia nos lleve a una guerra comercial mundial»

González Laya, experta en comercio internacional, primero en la UE y ahora en la ONU, sostiene un mapamundi.
González Laya, experta en comercio internacional, primero en la UE y ahora en la ONU, sostiene un mapamundi. / FRAILE
  • Arantza González Laya, Directora ejecutiva del Centro Internacional de Comercio de la ONU, «EE UU es el segundo país exportador del mundo y si opta por el proteccionismo provocará que China, por ejemplo, le responda con la misma moneda», asegura

La guipuzcoana Arantza González Laya escruta la realidad económica desde una atalaya privilegida, el Centro Internacional de Comercio de la ONU. Nacida en Igeldo (1969), aprovecha las navidades para ausentarse de Ginebra y visitar a su familia en Tolosa. Una oportunidad de oro para entrevistarle con el fin de recabar su opinión sobre lo que nos depara un 2017 agitado: Trump, 'Brexit', ascenso de la ultraderecha en Europa. González advierte de que la retórica demagógica puede desencadenar una guerra comercial mundial. No obstante, esgrime un optimismo antropológico. Asegura que «el mundo está mucho mejor que en cualquier momento histórico del pasado».

- La ONU recibe críticas por su inoperancia, con Siria en el centro de la polémica. ¿Es una institución eficaz y equilibrada o está dominada por las grandes potencias mediante el derecho de veto?

- Hay países que tienen derecho de veto en cuestiones de seguridad y otros que carecen de él. No existe equilibrio. En los temas en los que no hay derecho de veto, como en materia de desarrollo, se han realizado avances. El año pasado se aprobó una agenda para erradicar la pobreza extrema. Ahí contaba lo mismo lo que decían Benín, Nepal y Estados Unidos... Pero en materia de paz y seguridad predomina la fuerza. Lo hemos visto en Siria, donde cada potencia quería su parcelita de poder. El secretario general de la ONU intentó mediar, pero fue muy difícil.

- ¿El resultado es la desafección de los ciudadanos hacia la ONU?

- Así es. Pasa también respecto de la UE. Cuando las cosas van mal, los gobiernos echan la culpa a Bruselas y cuando van bien decimos 'somos estupendos'. Es el juego de buscar un culpable externo para descargarte de responsabilidades políticas.

- La ONU es una atalaya privilegiada para observar el mundo. ¿Qué ve usted, desde la perspectiva de las relaciones comerciales?

- El mundo está mucho mejor que en cualquier momento histórico del pasado, tanto desde el punto de vista del grado de apertura comercial como de las facilidades que tienen las empresas para producir y vender. También en referencia al número de pobres, al acceso a la salud, al agua...

- ¿?

- Pero eso no basta. En conjunto la sociedad está mejor, pero para muchos individuos las cosas no van bien. Tenemos problemas económicos, políticos y sociales. En el año 2000 el 1% de la población concentraba la mitad de la riqueza del mundo, en 2011 acaparaba dos tercios.

- ¿La victoria de Trump, el 'Brexit' y el ascenso de los partidos ultranacionalistas es la reacción a esta desigualdad, que algunos perciben como resultado de la globalización?

- Hay que reconocer que muchas personas sufren problemas gigantescos derivados de un mundo que muta más deprisa que la capacidad del individuo para adaptarse. A quienes padecen esta situación no se les puede responder diciendo que las cifras agregadas indican que estamos en conjunto mejor que nunca. Pero tampoco se puede decir lo contrario, que todo va fatal y 'te vamos a rescatar'. Esto es lo que hemos visto en la campaña americana, un mensaje tremendamente peligroso porque viendo el pasado de quien lo dice genera dudas sobre su capacidad para lograrlo.

- Bien, hablemos de Trump. ¿Es un peligro para el mundo?

- Por ahora conocemos solo su campaña, vamos a esperar a ver su gobierno. En su campaña ha predominado el antagonismo respecto al otro, ha buscado un culpable y lo ha machacado públicamente utilizando mensajes simples a través de twitter... Espero que el Trump presidente sea diferente al de la campaña.

- ¿Los nombramientos que ya ha realizado no indican que va cumplir lo prometido en campaña?

- Vamos a esperar. El sistema de equilibrios de poderes que existe en Estados Unidos implica que el presidente no es el único que toma las decisiones. Los republicamos dominan las dos cámaras, pero vamos a ver si todos los miembros de su partido comparten la misma visión en temas fundamentales, como los económicos, las relaciones exteriores, la emigración, la industria...

- De momento ha conseguido que Ford desista de construir una fábrica en México y la vaya a levantar en Estados Unidos, todo un triunfo para sus votantes y un ejemplo para quienes en otros países propugnan el proteccionismo...

- Los analísis tienen que ser un poco más sofisticados. Lo que ha ocurrido es que Ford tenía que tomar una decisión sobre dónde fabricar el coche del futuro y ha optado por Estados Unidos. Trump puede arrogarse que ha vencido y Ford jugar a que es así para tener una relación fluida con quien va a ser el presidente. La realidad es que el comercio y la producción hoy en el mundo se realiza de forma fragmentada. No hay un país que produzca todos los componentes del producto final. De ahí que el comercio haya crecido exponencialmente en los últimos treinta años. Gana quien da más valor añadido a sus componentes, quien innova más. El gran beneficiario de los móviles de Appel es la propia compañía, titular de la propiedad intelectual, y Estados Unidos, a pesar de que el ensamblaje se realice en China.

- ¿Qué va a resultar del pulso entre los proteccionistas como Trump, Le Pen y otros, y el mundo global que tenemos en la actualidad?

- Hay dos escenarios. El primero, que la realidad, que es tozuda y responde a una lógica, se imponga a la retórica. La fragmentación de la producción no es fruto de un conciliábulo concebido maquiavélicamente por empresas en todo el mundo. Es el resultado de la entrada de 1.000 millones de personas en la economía internacional, residentes en China, Indonesia, Colombia, Kenia... Cada vez hay más trabajadores cualificados en muchas partes del mundo. El escenario dos supondría una guerra comercial. EE UU es el segundo mayor exportador del mundo y puede encontrarse con que otros países, y pienso especialmente en China, le respondan con la misma moneda. Y esta situación supondría la pérdida de empleos en Estados Unidos. En 2017 tenemos que evitar que la retórica y la demagogia nos lleven a acciones que desemboquen en una guerra comercial mundial.

- No obstante, es comprensible el enfado de millones de personas que han perdido el empleo por un mercado global que arrasa con sectores enteros, como el siderúrgico...

- El problema de fondo no es la interconexión de nuestras economías, sino cómo preparamos al trabajador para afrontar las mutaciones gigantescas que se producen en su seno. El comercio internacional aumenta el tamaño de la tarta, pero no decide cómo se reparte. La concentración de la riqueza es fruto de las políticas nacionales, especialmente las relacionadas con los impuestos. También de la política internacional que permite los paraísos fiscales. Si en vez de hablar de eso nos centramos en las exportaciones de los chinos, nos estamos equivocando.

- Sí, pero, ¿no cree que el proteccionismo puede calar ante casos como el 'dumping' chino del acero que ha contribuido al cierre de la planta de Arcelor de Zumarraga? Para los trabajadores afectados, el ogro es la globalización.

- Sí, cierto. Puede haber casos, como el del acero, donde se combinan problemas estructurales y otros puntuales, como el 'dumping'. Ahora bien, nos equivocamos sin pensamos que el problema de la sobrecapacidad mundial en la producción de acero se arregla con medidas 'antidumping'. Los eslóganes simples no resuelven el problema.

- ¿El Tratado Trasatlántico de Comercio (TTIP) está muerto?

- No sé si muerto, pero por un periodo largo estará en hibernación. No será un tema prioritario. En la campaña americana ha quedado claro, pero también es evidente que una parte de los europeos se opone. En mi opinión, el programa de intercambio económico entre Estados Unidos y Europa es interesante. Junto con China, forman los tres pilares del comercio mundial.

- En Europa vivimos nuestro propio calvario. ¿Ha dejado de ser un proyecto de integración política para convertirse en mero mercadeo?

- No. Hay aspectos centrales de la UE que tienen que ver con la juventud, la educación, la cultura, la innovación... pero no se habla de ellos. El problema de Europa es que no hay ningún país que esté dispuesto a poner capital político para mejorar esta unión y explicarla a los ciudadanos. Cuando las cosas van mal, lo fácil es echar la culpa a Bruseñas. Y es verdad que hay problemas de competitividad y especialmente, de envejecimiento, de colapso demográfico. No se está poniendo el suficiente capital político para que los ciudadanos vean Europa como la solución. La realidad es la contraria, la perciben como un problema, porque solo le cuentan lo que van mal. ¿Por qué no se explica que, por ejemplo, en Euskadi las empresas se benefician enormemente de los fondos de innovación? Europa no solo es la entidad que nos regaña cuando no cumplimos los límites de déficit.

- Los 'hombres de negro' no ayudan a una percepción positiva...

- Es cierto, como lo es que Europa carece de un alma política. Trabajé muchos años en Bruselas y fui portavoz de un comisario. Intentar vender Europa era como intentar vender a Frankenstein. No obstante, desde el punto de vista histórico, Europa es un proyecto exitoso de progreso político, económico y social.

- ¿No existe un riesgo de descomposición ante el ascenso de partidos que propugnan salir de la UE?

- La verdadera excepción desde hace años es la Unión Británica. Además, es cierto que en el interior de la UE hay un problema de colapso del centro de gravedad político. En algunos países tiene una orientación hacia la extrema derecha, como en Francia o Alemania, y en otros de extrema izquierda, como en España o Grecia. Ahora bien, no sé en qué medida influye la UE, el cambio tecnológico, la globalización, las guerras alrededor de Europa. Es una especie de amalgama, una tormenta perfecta.

- Hay quien piensa que Alemania, incentivando el 'austericidio', en lugar de ejercer de motor está provocando una fisura insalvable...

- Alemania quiere que los países sean fiscalmente responsables y que gasten en la medida de sus posibilidades. Esto es razonable, pero sí es objeto de discusión en cómo se alcanza este objetivo. En la UE se ha pretendido reparar en poco tiempo un problema estructural generado durante años, el desajuste entre ingresos y gastos. Comparto el objetivo, pero no la manera de abordarlo.

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