Diario Vasco

«Un empresario no es nada sin el compromiso de sus trabajadores»

María Luisa Galardi posa en la zona de montaje de sillas de la planta de Ondarreta en Oiartzun, flanqueada por varios trabajadores.
María Luisa Galardi posa en la zona de montaje de sillas de la planta de Ondarreta en Oiartzun, flanqueada por varios trabajadores. / ARIZMENDI
  • Con solo 21 años, María Luisa Galardi fundó su empresa de mobiliario y cuatro décadas después el Gobierno Vasco reconocerá la trayectoria profesional de Marilis

  • María Luisa Galardi Fundadora de Ondarreta muebles y premio Joxe Mari Korta 2016

Decidió emprender un negocio cuando eran contadas las mujeres que lo hacían. María Luisa Galardi (Oiartzun, 1964), Marilis para los amigos, fundó en 1975 la firma de muebles Ondarreta. Cuarenta años después, su negocio sigue más vivo que nunca y va quemando sus últimas etapas con la tranquilidad de que lo dejará en buenas manos, la de sus tres hijas, que han puesto renovado los cimientos de la empresa tras superar la brutal crisis que hizo caer sus ventas un 60% y obligó a reducir la plantilla hasta los 32 empleados. El próximo martes, Marilis recibirá en Vitoria el premio Joxe Mari Korta a su trayectoria profesional concedido por el Gobierno Vasco «por sus grandes valores de sacrificio y trabajo».

-¿Qué sintió al conocer la concesión del premio Korta a su trayectoria empresarial?

-Para mí, fue una sorpresa y una alegría. Nunca lo había esperado. He trabajado 40 años en este negocio, he dado mi alma por él, pero nunca lo he hecho pensando que me iban a premiar. Me llamaron de Adegi y me dio una alegría.

-¿Conocía a Joxe Mari Korta? ¿Se identifica con sus valores?

-A Joxe Mari Korta le conocíamos personalmente de alguna reunión en Adegi y nos transmitía muchos valores y consejos. Era una persona de la tierra, muy llana, con muchos valores éticos y admirada. Y cuando le pasó lo que le pasó fue un mazazo tremendo para todos nosotros que sufríamos también todo aquello.

-La pasada semana, Pello Guibelalde sañaló que los empresarios de Gipuzkoa han perdido el miedo a sentirse empresarios y eso está haciendo crecer a sus empresas. Usted también ha sufrido ese estigma de ser empresaria, ¿ha notado el cambio?

-Desde que me comunicaron el premio he pensado que mis padres nos enseñaron a trabajar y a ser honestos. Estas dos cualidades, el esfuerzo y la honestidad, me han valido a lo largo de mi vida. La trayectoria de Joxe Mari Korta nos enseñó también esos valores. Yo creo que el señor Guibelalde está haciendo mucho a favor de que los empresarios no seamos denostados. Era absurdo e imcomprensible después de trabajar todas las horas del día durante tantos años por sacar adelante un negocio, crear puestos de trabajo... que no estuviéramos, sobre todo en Gipuzkoa, bien vistos.

-¿Se siente más libre?

-Sí, por supuesto. Hemos tenido que lidiar con el negocio y además con las represalias de la mal llamada política y de los que se creían dueños de la tierra. Eso mismo hacía que los empresarios fuésemos mal vistos porque trataban de que se nos viera como enemigos del pueblo. Ahora se está recuperando progresivamente esa imagen.

-¿En esas situaciones, una piensa en arrojar la toalla?

-Yo no he tenido nunca ese pensamiento. Creo que el alma del empresario hace que cuando te levantas por la mañana tengas ilusión de volver a lo que dejaste en la víspera. Pienso que te olvidas de todo y luchas por lo que quieres conseguir. Y cuando eres empresario y trabajador a la vez, el día a día te va llevando. Nosotros trabajamos con nuestra gente, por tanto, no se te pasaba por la cabeza no venir a tu empresa.

-¿Cómo han sido estas cuatro décadas al frente de una empresa familiar?

-No han sido fáciles. Que una mujer sea la directora de una empresa y lleve adelante el negocio es mucho más complicado que en el caso de un hombre. Mi familia me ha ayudado, por supuesto. Mi marido, mis hijas... Pero quieres llegar a todo y eso requiere mucho esfuerzo. El poder conciliar la vida familiar y laboral es más complejo para una mujer que para un hombre. Pero creo que las cosas están cambiando.

-¿Lo cree? ¿Ve que en los últimos años la presencia de mujeres en la dirección de empresas no es tan anecdótica?

-Creo que vamos por buen camino en ese sentido. No se puede comparar la preparación que tenían las mujeres de mi época y las de hoy en día. Las jóvenes ahora están mejor preparadas. Y creo que a nivel de conciliación familiar también se han dado pasos. Nosotros aplicamos medidas de conciliación y tratamos de adaptarlas a cuestiones familiares. Antes eso ni nos lo planteábamos. Las mujeres tenemos ganas de demostrar que valemos y que sabemos hacer las cosas igual o mejor que los hombres. Nos cuesta el doble, eso sí, porque además de saber hacerlo bien tenemos que demostrarlo, y a los hombres la aptitud se les presupone.

-Ha mencionado el tema de la conciliación y de diversas cuestiones que antes quizá no se planteaba en su negocio.¿Ha cambiado la cultura de empresa de Ondarreta para hacer partícipes del proyectoa todos los empleados?

-Un empresario solo no es nada si no tiene el apoyo y el compromiso de sus empleados. Yo tengo aquí personal que lleva toda la vida conmigo desde el día que empecé, y sin ellos sería imposible. Antes la fórmula era 'decidir y mandar'. Pero la nueva cultura de empresa, el comunicar cuánto hemos vendido cada mes y trasladar la información que los trabajadores nos piden nos está ayudando mucho. No tenemos nada que esconder y todo lo que suponga una apertura y fomente la actidud colaborativa de los trabajadores es beneficioso para la empresa. Tengo la sensación de que todos los empresarios tenemos ese compromiso.

-Creo que el momento más complicado para la empresa fue la llegada de la crisis, como para el 99% de las pymes del territorio.

-Sin duda. Año tras año crecían nuestras ventas y yo tenía el honor de poder destacar eso ante los trabajadores. Pero el 2008, el ciclo cambió. Nosotros éramos líderes del mercado estatal pero solo vendíamos en España. Y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria nos impactó de lleno y las ventas cayeron un 65%. Teníamos unos 60 trabajadores y tuvimos que hacer un ERE. Para mi esa medida supuso un trauma y fue muy duro. Después vimos que era un cambio cíclico y tuvimos que reestructurar la empresa. Estuvimos así desde 2008 a 2014. Salimos airosos gracias a que la empresa estaba muy capitalizada y saneada.

-¿Cómo comenzó la remontada?

-Con la ayuda de la generación de mis hijas, que no tienen miedo a la crisis porque han convivido con ella. No se asustan. Nos dejaron claro que había que apostar por la internacionalización. Y así lo hicimos. Sin olvidar tampoco la inversión en I+D en nuestro producto, que son mesas y sillas y es lo que siempre hemos sabido hacer. Le hemos dado un plus de diseño y calidad para poder vender un producto más elevado de precio y salir de la competencia a la baja de los grandes centros. Si no hubiésemos elevado la gama de producto no tendríamos sitio en Europa.

-¿Ha sido el recurrir a la esencia y a la calidad lo que realmente les ha permitido volver a crecer?

-Por supuesto. Nosotros ahora hacemos un producto 'Made in Basque Country' con componentes casi de kilómetro 0. Tuvimos tentaciones de comprar piezas chinas pero apostamos por esta forma de hacer. Además customizamos el mobiliario y lo hacemos a petición del cliente, y eso nos diferencia. Que el cliente que se lleva cuatro sillas compre lo que realmente le guste.

-¿Qué importancia tiene ya el mercado internacional para Ondarreta?

-Este año exportaremos el 45% de la producción y va en línea ascendente. Hace cuatro años no exportábamos nada. Nuestro cliente principal es el francés pero también exportamos a Bélgica, Reino Unido, Bahrein, Hong Kong, Japón, Sudamérica, Australia... Nos ha costado entrar y llegar a acuerdos en Estados Unidos pero hemos estado dos años hablando con un importador de entidad y para 2017 podemos confirmar que nos van a comprar en EE UU un porcentaje relevante de nuestra producción. Va a ser un cliente importante que nos ha visitado y le ha gustado también nuestra forma de hacer y el carácter familiar de la empresa.

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