Diario Vasco

La presidencia de Trump, una moneda al aire para Euskadi y sus empresas

Tranvía de CAF en las calles de Cincinnati.
Tranvía de CAF en las calles de Cincinnati. / CAF
  • El programa económico del republicano augura un proteccionismo exacerbado que podría alterar el actual 'statu quo' más allá de su propio país

  • Muchas firmas vascas aguardan a que el histriónico candidato dé paso al verdadero presidente de EE UU

. La victoria esta semana de Donald Trump frente Hillary Clinton rompió los esquemas de medio mundo y dejó al otro medio con el pie cambiado. Nadie lo esperaba, y la imagen del histriónico candidato republicano como próximo inquilino de la Casa Blanca desató, de inmediato, un movimiento telúrico en los mercados asiáticos y del Viejo Continente que, sin embargo, y a la vista de su primer discurso como presidente electo -bastante más conciliador que hasta la fecha- se calmó después, tornando el rojo en negro. Pero el miedo, la inquietud o la incertidumbre -llámese como se quiera- ante la mera idea de Trump al frente de la primera potencia mundial no han desaparecido. Ni mucho menos. Sus mensajes, anclados en un exacerbado proteccionismo, alejado incluso de los parámetros de su propio partido, han sorprendido a propios y extraños. ¿Y si sube a su caballo, rifle en ristre y tupé al viento, y se dedica a disparar contra todo aquello que no sea americano? Ese desconcierto se extiende también a Europa, que desconfía de la buena sintonía de Trump con Vladimir Putin, no tiene muy claro por dónde caminará el nuevo presidente estadounidense y teme, al tiempo, que ese populismo de ultraderecha refuerce los brotes neofascistas que han surgido en países como Francia u Holanda.

Nadie sabe lo que pasará cuando tome posesión en enero, pero casi todo el planeta confía (aferrado a ese primer discurso) en que el Trump presidente sea más sensato que el Trump candidato; que acabado el circo electoral, en el que ha mostrado su lado más racista, xenófobo, misógino y populista, los mecanismos propios de esa vieja democracia que es la estadounidense le muevan a un estadio más 'normal'. Ese es el mensaje que se maneja en Euskadi. El de «esperar y ver» y, sobre todo, confiar en que las aguas vuelvan a su cauce. EE UU es el primer socio comercial del País Vasco fuera de la Unión Europea y, por supuesto, un gigante que por sí solo determina buena parte de la marcha de la economía mundial.

«No es dueño de un imperio, no es un poder imperial», ha señalado en relación a Trump la consejera de Desarrollo Económico vasca, Arantza Tapia, quien ha llamado a la calma al tejido productivo de Euskadi y mostrado su confianza en que esa «democracia profundamente institucionalizada» module «esos mensajes que, quizás, han sido muy estridentes a lo largo de la campaña». «Es cierto que las relaciones comerciales parece que van a ser más proteccionistas, pero estoy segura de que vamos a ser capaces de controlar la situación», ha defendido Tapia.

Son muchas las empresas vascas y guipuzcoanas con actividad en Estados Unidos (productiva o comercial), y no menos las que miran inquietas al gigante de las barras y estrellas desde otros lugares como México, país al que Trump ha puesto la cruz; tanto que no solo ha amenazado con levantar un vergonzoso muro en la frontera entre ambos sino que también pretende aniquilar en lo económico al dinamitar los acuerdos comerciales entre los dos países y Canadá (el llamado tratado de Nafta, por sus siglas en inglés).

Aranceles y cortapisas comerciales a doquier para todo lo que venga de fuera, sobre todo de México y China. Americanismo, más que globalización. Ese es el 'leit motiv' de Donald Trump, que como es evidente ha dejado temblando a muchas economías. Para empezar, a las latinoamericanas, posibles víctimas de un contagio de la depreciación que ya ha iniciado el peso mexicano. Un fenómeno, por cierto, que supondría un golpe para las (muchísimas) firmas vascas afincadas en el país azteca. Esta segunda ola podría ser un verdadero tsunami para sectores como el de la automoción.

«Para gobernar una empresa, un país o lo que sea hace falta señorío, y Trump no lo tiene; quiero pensar que ha estado actuando en campaña», lamenta Joseba Madariaga, profesor de Deusto Business School y director del departamento de Estudios de Laboral Kutxa. «Es lamentable ese discurso perverso de que la culpa del declive de la manufactura es de los mexicanos, cuando cae en todo el mundo por la Industria 4.0», apunta el experto, que ve en la apuesta de Trump por el consumo interno «una oportunidad para que las empresas vascas exporten, siempre que no lleve a la práctica sus amenazas proteccionistas». «Esto último sí sería una mala noticia para nosotros», concluye.

La primera potencia

Más allá de una política fiscal expansiva, apoyada en rebajas de impuestos a ricos y empresas -lo que presupone una pronta subida de la inflación y de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal-, Trump ha advertido que será beligerante con la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) y con China en su papel de gran proveedor de Estados Unidos.

El director general de Confebask, Eduardo Aréchaga, explica a DV que «una cosa es la campaña y otra muy diferente la gobernación; habrá que ver su discurso de toma de posesión». El peligro real del 'misterio Trump', afirma, es que «estamos hablando de la primera potencia mundial, de alguien que maneja el tablero económico global». «A nadie le interesa una guerra comercial internacional, y Estados Unidos también tiene empresas exportadoras muy potentes; no pueden hacer ellos solos de la noche a la mañana, por ejemplo, todos los coches que deseen los americanos», asegura.

Y añade que tampoco resulta sencillo obviar a México, donde trabajan gran parte de los suministradores de la industria norteamericana. «Es difícil dar un giro brusco, habrá que ver esa hoja de ruta que plantee a medio plazo», concluye Aréchaga. En Adegi, su presidente, Pello Guibelalde recuerda que para las empresas, hoy, «la única certeza en el horizonte económico es la incertidumbre». Sobre el triunfo de Trump, el empresario señala que «lo prudente es esperar, ver, vigilar y estar preparados, mediante la formación, la cooperación y el trabajo».

El presidente electo estadounidense ha dejado claro su ideario en materia energética. Y aquí sí se puede hablar de cierto impacto en Euskadi, que tiene en aquellos lares instaladas a 22 empresas. Trump se ríe del cambio climático, se declara enamorado del petróleo y del 'shale gas' y el 'fracking', y hasta se permite decir que los molinos de viento «hacen ruido y matan a los pájaros». Con esos mimbres, nada parece sonreir a dos de nuestras empresas más importantes e internacionalizadas: Iberdrola y Gamesa.

La primera aseguró, antes de conocerse el resultado electoral, que no variaría sus millonarios planes de inversión en EE UU ganara quien ganase. La segunda, que acaba de presentar unos magníficos resultados hasta septiembre, también se ha mostrado confiada, al menos en el corto plazo.

José Ignacio Hormaeche, director del Clúster de la Energía de Euskadi, reconoce ese eventual contratiempo. «La Administración Obama aprobó en agosto de 2015 el 'Clean Power Plan', con una clara apuesta por las renovables y la intención de integrar en EE UU los compromisos del Acuerdo de París sobre cambio climático, pero ese programa ya sufrió un primer parón este año por el Tribunal Supremo y ahora Trump ha enfilado a la Agencia de Protección Ambiental (EPA), que es la que impone condiciones y requerimientos en este sentido», constata. «Nos movemos entre la incertidumbre y casi la certeza de que no son buenos tiempos para las renovables, aunque siempre quedan algunos estados, como California, en los que la apuesta por esta energía está clara», añade.

Respecto al segmento del 'Oil&Gas', al que algunos auguran un repunte por la querencia de Trump hacia los combustibles fósiles, Hormaeche matiza que la llegada del nuevo presidente «puede suponer que no haya tantas trabas», pero no comportará de manera inmediata ningún revulsivo. «El auge del 'fracking' se inició hace ocho años, con Obama, pero luego se frenó por la depreciación del crudo», destaca. «La cuestión es qué dice el mercado, qué precio tiene el petróleo, y no quién es el presidente de Estados Unidos», zanja.

Pero no todo es sombra. El candidato Trump (como también hiciera Obama, por cierto) ha planteado un macroprograma de inversiones para modernizar las infraestructuras del país. Según ha defendido a lo largo de su campaña, aspira a dedicar a ese plan la friolera de 900.000 millones de euros. El ferrocarril será uno de los medios de transporte beneficiados, con lo que surge así una oportunidad de oro para CAF, que cuenta con una filial en Estados Unidos y cuyos tranvías ya circulan, por ejemplo, por Cincinnati, Kansas o Houston. Las ingenierías y la parte de desarrollo de redes eléctricas, en la que Iberdrola luce hoy una posición notable, también podrían resultar beneficiadas.

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