Diario Vasco

La munición de Draghi se agota: ¿Con qué alimentar el crecimiento?

    Mario Draghi.
    Mario Draghi. / EFE
    • 'Super Mario' parece hoy sentado sobre una montaña de 'kryptonita' y reclama a Europa que le acompañe con políticas fiscales expansivas

    • Prestigiosos economistas vascos coinciden con el banquero italiano, que reclama ahora subidas de salarios y políticas fiscales expansivas en Europa

    Mario Draghi, quien se ha ganado a pulso durante los últimos años el apelativo de 'Super Mario', aquel que zanjó cualquier duda cuando la moneda única temblaba con su «haremos lo que sea necesario para salvar al euro», parece últimamente sentado en un sillón de 'kryptonita'; su política monetaria ha roto moldes, pero sigue sin completar los objetivos fundacionales del Banco Central Europeo (BCE), obsesionado por crear inflación. Una subida de precios (que escondería una mayor actividad económica) que, para desgracia de Draghi, ni está ni se le espera. De hecho, las previsiones del banco central pasan por un IPC interanual del 0,2% este ejercicio, un 1,2% el que viene y un 1,6% un año después. A años luz en términos macroeconónico de ese 2% que anhela la institución con sede en Fráncfort.

    El último mensaje del banquero italiano en su particular cruzada por disparar los precios ha sido un llamamiento a que se eleven los salarios en una Europa que ha superado lo peor de la peor crisis de la historia reciente gracias en buena parte a una devaluación salarial. Esa merma, junto a las reformas estructurales realizadas en algunos países (véase España), ha disparado la productividad en el Viejo Continente.

    La reacción a las palabras de Draghi no se hizo esperar. En España, por ejemplo, la CEOE se mostró dispuesta a dar el paso siempre que, claro está, se reduzcan las cotizaciones sociales. Los sindicatos (en esto no hay tanta diferencia entre el Estado y Euskadi) celebraron el mensaje del italiano. Y en Gipuzkoa, la patronal Adegi dejó bien claro que «la política salarial del territorio, que ya muestra crecimientos, no la determina Mario Draghi».

    Pero en realidad Draghi no hablaba sólo de sueldos, que también. Él es el primero que sabe que se le ha acabado casi toda la pólvora o que, al menos, su munición da para lo que da. Así que al tiempo que sugería la conveniencia de salarios más lustrosos con los que generar crecimiento e inflación, 'Super Mario' lanzaba un llamamiento desesperado para que los socios europeos se líen la manta a cabeza, rompan muchas de las cadenas impuestas por la ortodoxia de la austeridad y apuesten por políticas fiscales expansivas. En definitiva, por que se rasquen el bolsillo -es de suponer que con más cabeza que en los tiempos de vino y rosas- ahora que el dinero está 'regalado' para ayudar a una recuperación más rápida y, sobre todo, más sólida. Un llalamiento en toda regla a acompañar al BCE para unir medidas monetarias y presupuestarias contra la atonía o, al menos, la falta de vigor que presenta el panorama a medio plazo.

    «Está bastante claro que otras políticas deberían complementar a la acción monetaria para extraer todos los beneficios de la política monetaria común; si están en marcha las políticas adecuadas, el periodo de medidas expansivas será más corto», afirmó el italiano.

    Draghi sabe que los tipos no pueden estar a cero 'per secula seculorum', pues eso afecta a la estabilidad financiera (los bancos se las ven y se las desean para ganar dinero con su negocio tradicional), así que, añadió, «si hubiera otras políticas, estos efectos colaterales serían menores».

    Futuro en claroscuro

    En esta tesitura, DV ha consultado con reputados economistas y expertos los mensajes (los evidentes, como la subida de salarios, y también los ocultos) de Draghi. Todos coinciden en que, en esencia, es hora de subir los sueldos en Euskadi, como también en que el banquero italiano necesita ayuda.

    Joseba Madariaga, profesor de DeustoBusiness School y director del Servicio de Estudios de Laboral Kutxa, lo tiene claro: «Sí, los salarios deberían de empezar a subir». «Uno de los logros, y entiéndase bien esto de logros, de la Reforma Laboral ha sido la ganancia de competitividad vía sector exterior mediante la moderación salarial; lo que no se consiguió es acabar con el maremágnum de tipos de contratos ni incentivar los indefinidos», apunta.

    Madariaga recuerda el bucle que dibujan demanda externa, inversión, empleo, consumo y nueva actividad económica. Una fórmula de primer curso de economía que, sorprendentemente, no se está cumpliendo a pesar de los esfuerzos del BCE. «Los precios no tiran, con lo que los salarios, que siempre les acompañan, no van a subir muy por encima», apunta, mientras recuerda que la inflación, siquiera la subyacente (que no tiene en consideración los elementos más volátiles como la energía), que está en el 0,8%, parece poder subir.

    «Si crecieran más los sueldos, avanzaría la demanda interna y se cumplirían una parte de los deberes del BCE; de otro modo, esto último está lejos de producirse», asegura. «Pero no va a ser fácil», advierte. Y es que, explica, son los empresarios los que cambian las condiciones salariales, y para eso hay que tener el horizonte completamente despejado. Algo que hoy nadie puede garantizar.

    «El futuro está lleno de claroscuros; mire usted el Brexit, la desaceleración de la economía china, el referéndum de Hungría sobre los refugiados, las próximas elecciones en Francia y Alemania, donde surgen partidos antieuropeístas o, directamente, fascistas y con los mismos mensajes que hace un siglo, o el referéndum en Italia sobre la reforma constitucional en el que se juega su puesto Renzi...», afirma.

    Así las cosas, ¿qué sucederá? A su juicio, las empresas vascas están invirtiendo, puesto que ven el cuarto trimestre de este año bien. Pero hasta ahí llega la alegría. «El medio plazo no parece muy claro, creo que en 2017 creceremos un 1% menos que este año; vamos, un dos y pico, que no está mal pero...», añade.

    Y explica que aunque lo que viene es crecimiento, éste será menos lustroso. «La demanda interna ha mejorado porque había un cierto embalsamamiento del consumo de bienes duraderos, pero ya se ha materializado, seguiremos creciendo pero a tasas menores», zanja.

    Dinero bajo el colchón

    Mari Carmen Gallastegui, catedrática de Teoría Económica y directora de la Unidad de Economía Ambiental del Instituto de Economía Pública de la Universidad del País Vasco, deja claro desde el principio que los viejos paradigmas, también en política monetaria, quizás ya no sirven.

    «Creo que esa idea de que los bancos centrales de los países avanzados tienen la misión de controlar la inflación empieza a romperse», apunta la economista, que matiza que antes el tipo de interés natural (ese que iguala la demanda y la oferta de ahorro) rondaba el 3,5%. «Hoy no podemos hacer la misma política», advierte.

    Y llama la atención sobre que «en contra de lo pronosticado, el ahorro crece, sobre todo entre la población más mayor, que, por miedo a qué pasará, prefiere guardarlo aunque no le rente nada o casi nada, casi como si lo metiera debajo del colchón». Es cierto, hay dinero 'gratis', exceso de liquidez, pero no se gasta, no se invierte, no se mueve todo ese dinero; al contrario, se ahorra.

    «Los economistas estamos perplejos, y ya hay quien dice que convendría analizar si el BCE no debiera de plantearse otros objetivos que no sean la mera inflación, quizá el PIB nominal, no lo sé...», afirma.

    Sobre Draghi, Gallastegui lo tiene claro: «No puede hacerlo sólo, está gritando al ámbito público 'Ayudadme'». Pero cuidado, señala la experta, no vale cualquier política fiscal. No se puede tropezar en la misma piedra. «Tendrían que luchar más contra el fraude, hacer alguna subida impositiva, trabajar sobre la fiscalidad de las rentas de capital... y aumentar el gasto en asuntos, como la innovación, capaces de generar empleo y riqueza», defiende.

    Sobre la demanda de salarios más lustrosos, Gallastegui subraya que «no se puede subir la productividad y no subir los salarios». «Debería estudiarse; yo en en País Vasco lo estudiaría», asegura. Y matiza: «Si alguna empresa lo pasa mal, entonces a lo mejor lo público debiera de ayudarle algo».

    A su entender, la situación económica en Euskadi «está relativamente bien, pero no como nos gustaría». «Nos queda mucho por hacer, estamos bien pero deberíamos estar mejor», sentencia, para poner el foco en dos asuntos. «Tenemos que dar prioridad a lo prioritario, a las cosas importantes que han sufrido recortes como son la Educación y la Sanidad; estamos casi mendigando recursos para la investigación, y eso no puede ser. El reto del Gobierno Vasco, además de garantizar igualdad de renta y más allá de la industria, que ya sé que es importante, pasa por esto que digo, que es igual de importante que el resto», concluye.

    Anclar la recuperación

    Tomás Arrieta es una de las personas con más conocimientos y que con mayor autoridad puede hablar del ámbito laboral en Euskadi. El presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL) lo tiene claro, y está convencido de que sí es hora de subir salarios. «Creo que sí, allí donde se pueda y en este escenario de recuperación, sí», afirma. «Es evidente y dificilmente cuestionable que donde hay que anclar la recuperación económica es en las rentas salariales», añade.

    Apunta que «parece incuestionable que el incremento de la productividad logrado es consecuencia de la destrucción de empleo y de la moderación salarial», provocando, asegura, «una distorsión y un reparto desigual de la riqueza». «No parece justo del todo», remacha.

    Como es lógico, Arrieta recuerda que no todas las empresas pueden subir salarios y que algunas lo siguen pasando mal. Pero matiza que ese grupo cabría más en lo excepcional que en la regla general. «En lo más micro (lo más pegado al terreno o la economía real) uno de los grandes retos es que las políticas retributivas se perciban más justas», subraya, para destacar que el salario es la forma en la que el trabajador percibe su contribución a la mejora de la sociedad, el eslabón que le toca en el círculo virtuoso de la economía productiva.

    Coincide Arrieta con el resto de expertos consultados en que la munición de Draghi parece haberse agotado. Y aún más importante, en esa suerte de grito desesperado del banquero italiano. «Quién mejor que él para dejar claro que la política monetaria seguida hasta ahora ya no tiene recorrido», dice.

    Cuidado con los jóvenes

    Para Sara de la Rica, catedrática del Departamento de Fundamentos del Análisis Económico II de la Universidad del País Vasco y directora de la Cátedra Fuentes Quintana de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), la pregunta de los salarios «no puede contestarse con un sí o un no que dé respuesta a todos». Tras una crisis «de proporciones casi desconocidas», dice, un descenso salarial «sin duda amortigua la pérdida de empleos». Así, «una congelación salarial, o incluso una renegociación de las condiciones puede ser una buena medida», explica. «En aquellas empresas cuya situación es todavía delicada, es posible que la congelación salarial sea todavía una medida necesaria», añade la experta.

    Dicho esto, apunta que «donde realmente se ha producido un quebranto en los salarios es en el colectivo que entra en un nuevo empleo, para el que la merma supera el 15% y en muchos casos alcanza el 30%». Son los jóvenes, subraya, los que se enfrentan a condiciones en ocasiones «inasumibles». «Becas de prácticas, a las que les siguen contratos de prácticas, a las que les sigue el despido para volver a empezar en la rueda de la precariedad son hoy prácticas muy habituales de empresas que, en muchos casos, usan a los jóvenes para cubrir, de modo permanente, una parte de sus necesidades», denuncia.

    «No quiero decir que los jóvenes son los únicos que están sufriendo esta precariedad, ni mucho menos, pues todos los entrantes a un nuevo puesto sufren esta merma en las condiciones salariales, pero creo que es particularmente aguda para ellos», insiste. Y afirma que «es aquí donde principalmente creo que hay que actuar y volver a restablecer ciertos mínimos en los salarios de las personas que entran en un empleo». «De hecho -concluye-, es posible que en muchos casos se esté produciendo cierto fraude en estas contrataciones, abusando de las becas y de los contratos de prácticas; esto se podría supervisar y obligar al cumplimiento de las normas».

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