Diario Vasco
Sara Turumbay, máxima responsable de Aedipe Navarra.
Sara Turumbay, máxima responsable de Aedipe Navarra.

Sara Turumbay: «Hay que acordar modelos que compaginen competitividad, progreso y cohesión social»

  • La presidenta de Aedipe Navarra, organizadora de su 50 Congreso, defiende que se tiene que aplicar la innovación también a la relación laboral

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Sara Turumbay, presidenta de Aedipe Navarra, la Asociación de dirección y desarrollo de personas, defiende que la innovación también se tiene que aplicar a temas sociales, como son los contenidos y modelos de relación en el entorno laboral, si se quiere superar por ejemplo el actual bloqueo de la negociación colectiva en Euskadi. «Hay que esforzarse por acordar modelos que compaginen la competitividad de las empresas con grados deseables de bienestar, progreso y cohesión social», subraya. Añade que en el 50 Congreso Internacional de Aedipe, que se celebrará los próximos días 6 y 7 de octubre en Pamplona, se abordarán estas y otras muchas cuestiones relacionadas con el futuro del trabajo.

-El Congreso aborda el futuro del trabajo desde un ámbito multidisciplinar. ¿Qué aspectos destacaría de ese abordaje?

- Hemos promovido una visión amplia, rigurosa e interdisciplinar del tema, un acercamiento de 360º. Para ello contamos con la participación de las diferentes visiones implicadas: el mundo académico, las direcciones generales, responsables de otras funciones, recursos humanos. Y también con el punto de vista sindical, de emprendedores y jóvenes, de la administración, organizaciones sociales....

- Contarán con unos ponentes muy renombrados.

- Podemos destacar, entre otros, a Raymond Torres, consejero especial del director general de la OIT; Paul Osterman, profesor de recursos humanos y management de la Sloan School of Management del MIT; la intervención de Carl Frey, codirector del programa de tecnología y empleo en la Oxford Martin School de la Universidad de Oxford; Genís Roca, fundador y presidente de RocaSalvatella, y Nuria Oliver, directora científica de Telefónica I+D. También hemos diseñado un conjunto de conversaciones y debates con 3 o 4 participantes y abiertos al diálogo con los asistentes.

- En Euskadi la negociación colectiva está prácticamente bloqueada. ¿Cómo se sale de este bucle?

-Hace falta un diálogo auténtico, alejado de la demagogia y los lugares comunes, de lo políticamente correcto. En segundo lugar, debemos aplicar la innovación también a los contenidos y modelos de relación en el entorno laboral. Ambas partes, empresariado y representación de los trabajadores, deben revisar viejos postulados centrados en la oposición frontal de intereses, y buscar modelos basados en nuevas premisas: transparencia, participación, compromiso, confianza. Hay experiencias que podemos aprovechar. En el Congreso tendremos oportunidad de conocerlas.

- ¿Ya no valen los viejos esquemas?

-Ciertamente el cambio en el que estamos inmersos, el de la sociedad digital, es profundo y con un rasgo diferenciador frente a otros cambios trascendentales que se han dado en la Historia: la velocidad con la que se produce. Y afecta al sistema productivo, a las relaciones de trabajo y al conjunto de la sociedad. Ante esta realidad cambiante, no nos valen los viejos mecanismos y regulaciones que parten de la desconfianza entre las partes. Hay que esforzarse por acordar modelos que compaginen la competitividad de las empresas con grados deseables de bienestar, progreso y cohesión social

- En Euskadi se están adoptando diversas iniciativas para fomentar la participación de los trabajadores en la empresa. ¿Una mayor implicación es siempre una ventaja para la competitividad y para garantizar el empleo?

-Sí, sin duda. Pero la participación exige una gran coherencia a ambas partes, direcciones de empresa y trabajadores. Si como dirección quiero que los trabajadores de mi empresa participen en la toma de decisiones, tendré que darles toda la información, ser transparente y estar dispuesto a ceder poder. Quiero involucración en el proyecto, pero ¿estoy dispuesto a que participen también, por ejemplo, de los beneficios económicos? Si es así, pondré mis cuentas sobre la mesa. Exigente, ¿verdad? Y como trabajadores, ¿asumimos la parte de responsabilidad que implica esa participación? ¿Estamos dispuestos, por ejemplo, a aportar flexibilidad cuando el proyecto empresarial lo requiera? ¿O a combatir el absentismo injustificado? Son preguntas importantes que hay que hacerse, porque a veces vendemos como participación planteamientos muy parciales y superficiales. Y no olvidemos que el hilo que cose todo ese nuevo modelo es la confianza.

- Algunos expertos auguran la destrucción de millones de empleos con la implantación masiva de las tecnologías digitales. ¿Hay que echarse a temblar?

-Informes elaborados por expertos de la OIT, como Raymond Torres, que abre el Congreso con una conferencia sobre 'Los desafíos del empleo en el mundo', reflejan cómo la tecnología ha sido el factor clave de todas las revoluciones productivas y sistemas de conocimiento. Así que ese debate sobre los efectos perniciosos de la introducción de nuevas tecnologías no es nuevo. Y la conclusión es optimista, aunque con matices. Optimista porque en el largo plazo la tecnología crea más empleo del que destruye e incrementa los niveles de calidad de vida. Los matices vienen de efectos negativos que en el corto plazo puede tener sobre ciertos colectivos. Los intentos por resistir a la innovación son una guerra perdida. Debemos centrarnos en cómo manejar este cambio, garantizando que los beneficios que aportan las nuevas tecnologías se generalicen al máximo y no dejemos atrás a capas importantes de la sociedad.

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