Diario Vasco

Iñaki Gorostidi: «Creo que no hay que perder la forma de hacer de los vascos»

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Iñaki Gorostidi transformó la casa familiar en una empresa que da empleo a un centenar de personas. / IÑIGO ROYO

  • «Todo no vale en esta empresa. Me gusta cumplir con unos valores», cuenta el gerente de Logikaline. En 1999 creó una firma de call center puntera en Gipuzkoa

Esta entrevista se hace en la habitación de los padres de Iñaki Gorostidi, que ya no es una habitación, sino una sala de reuniones en la que ya no es una casa familiar, sino una empresa que se levanta en medio de un paraje natural imponente gobernado por el Txindoki. Concretamente, en la calle principal de Abaltzisketa, donde el silencio es tan denso que parece mentira que albergue una empresa de call center con decenas de teléfonos sonando sin parar. La historia de Iñaki Gorostidi está repleta de singularidades. Hace casi veinte años puso en marcha junto a Luis Mari Murua la empresa Logikaline, que es un referente en el País Vasco en servicios de call center y que ofrece desde plataformas multilingües de atención al cliente a través de teléfono, email, web, chat o sms; hasta telemarketing y televentas, concertación de citas, estudios sociológicos o traducción, entre otros.

- Lo último que se espera encontrar en un entorno tan tranquilo como éste es una empresa de call center. ¿Qué le llevó a ponerla en marcha?

- Eran tiempos duros, como los de ahora, y empezamos por necesidad, no porque tuviéramos la gran idea. Estábamos en el paro, habíamos hecho la carrera...

- Filología vasca, quién lo iba a decir...

- Sí, la vida te lleva donde no esperas. Mi primer trabajo fue en el bar familiar, con doce años, sirviendo vinos. Ayudando a mis padres. Ahí aprendí a sumar, a restar y lo que era el negocio, pero además aprendí muchos valores, no sólo porque había que trabajar el fin de semana, sino porque me enseñó economía, psicología, a tratar al cliente... Ahora hemos ganado un premio de atención al cliente, pero yo las bases las tengo desde pequeño, porque en un bar hay que atender al cliente en momentos dulces y no tan dulces. El segundo trabajo fue desbrozando bosques con un contrato del Inem. Eran tiempos de crisis, pero intentaba buscar trabajo con lo que había estudiado y como no encontraba al final me dije: yo sé traducir, así que voy a montar mi empresa. Hice un plan de viabilidad, compré un teléfono, un ordenador... Y a partir de ahí empecé con el socio que tengo ahora, con Luis Mari Murua, a tocar las puertas de los ayuntamientos y de los lugares donde se traducía.

- Empezaron con traducción, pero han diversificado mucho.

- Vimos que los clientes a los que vendíamos traducción necesitaban a su vez otros servicios, y como a mí en el bar me enseñaron que había que atender las necesidades de todos los clientes, pues les decía a todo que sí: ¿sabes hacer encuestas?, me decían. Y yo, sí. ¿Y sabes hacer llamadas para vender no sé qué? Sí. Y así empezamos. El truco era decir sí, no voy a decir que a todo, pero a casi todo. Tuvimos la suerte de que en aquellos años también muchas empresas de aquí necesitaban servicios de traducción y también de telemarketing, que estaba en auge. Fuimos buscando esos nichos, esos huecos en otras líneas de negocio y bueno, de arrancar con una línea de negocio pasamos a tres y de un servicio hasta treinta.

- Han crecido mucho.

- Pero sin tener objetivo de crecimiento. Para nosotros el crecimiento es una consecuencia del trabajo bien hecho. Y vuelvo al bar, que es la universidad que he tenido además de Deusto. Allí me decían: tú atiende bien al cliente y el cliente volverá a repetir, y así ha sido. Pero no hemos tenido el crecimiento como objetivo nunca. De hecho, hemos parado cuando hemos tenido posibilidades de crecer porque no iba con nuestros valores.

- ¿Por ejemplo?

- Si crecer significa deslocalizar, no entramos a ese juego. Hemos partido de una idea de crecer aquí para dar servicio a clientes de aquí con el estilo de aquí. Y hemos tenido tentaciones. Por ejemplo, el call center es un sector que se ha deslocalizado mucho a países como Marruecos, Perú o la India. Los salarios allí son cuatro veces inferiores. Pues la mayor deslocalización que hemos tenido nosotros ha sido de diez metros. Porque somos de aquí y queremos generar aquí. Siempre hemos llevado un modelo y un estilo que es lo que nos ha hecho ser lo que somos a los guipuzcoanos y a los vascos y creo que no se puede crecer a cualquier precio, que tienes que tener unos valores.

- Crear empleo será uno de ellos.

- Sí. Cien personas en un pueblo de 300 habitantes y el 85% mujeres, con la posibilidad de conciliar, con poca confrontación laboral y un modelo horizontal, cercano... Hay gente que se va el 24 de junio y vuelve en septiembre. Hay una especie de palabra de vasco donde hay unos compromisos adquiridos. Es la base del modelo.

- ¿Por cierto, trabajar con estas vistas resta un poco el estrés?

- Hombre, no. Estoy estresado total (ríe). El tener una empresa montada de tu dinero y una mochila de cien nóminas... Uf, es una mochila muy pesada, pero no cambio nada de lo que he hecho porque, aunque te desgasta mucho, te da y te llena mucho. Has visto la casa donde naciste que es ahora una empresa que genera riqueza en tu pueblo y eso me alegra..

- Parece casi un sueño.

- Sí. Pero no salió por un sueño, sino por una necesidad. Después hemos sabido reinventarnos.

- No hace falta que lo diga. Filología y empresa parecen a simple vista contrapuestos.

- Pero de la necesidad haces virtud, aprendes. Pocos empresarios hay, por ejemplo, economistas. Generalmente los primeros empresarios no tenían estudios, y sus hijos sí. En cualquier caso, lo que más me alegra es que hemos sabido hacer un modelo Logikaline. Hemos bebido de importantes fuentes, pero hemos sabido crear un modelo de trabajo propio que me gusta decir que es el nuestro y que hemos sabido adaptarnos a los trabajadores pero siendo sostenible para la empresa aunque el equilibrio sea complicado.

- ¿Cómo desconecta? ¿Se dedica a quemar zapatilla, como muchos empresarios?

- No, no. Desconecto de dos formas: una, perdiéndome entre las ovejas y los pastores en Aralar el fin de semana. Perderme en la niebla, con la lluvia, eso me encanta. Y la segunda es ayudando a mi hermano en la barra del bar familiar, que está debajo de la empresa y estar con la gente del pueblo. El bar lleva toda la vida abierto aquí y es un valor para el pueblo y para nosotros. Las raíces no hay que olvidarlas.

- He visto que allí tienen una foto enorme del Tour de Francia, donde dos ciclistas ayudan a otro que está herido a llegar a la meta. ¿Es para usted un símbolo?

- Sí. Esa foto tiene mucho significado para mí, es una foto del año 69 y lleva más de treinta años en nuestra casa. Simboliza los valores, el espíritu vasco, el compromiso, la solidaridad, responsabilidad, la constancia, el trabajo... Creo que no hay que perder la forma de hacer de los vascos. La empresa no puede funcionar solo con un modelo de eficiencia individual, necesita también un modelo de eficiencia colectiva. Siempre hay en una empresa compañeros caídos, si los de al lado en lugar de buscar el bien individual buscaran el bien colectivo y le ayudaran a llegara la meta, no habría ningún modelo de gestión mejor.