Al número 1 con el 'Método de Euskara'

Garbiñe Muguruza se ha servido de sus largos viajes para profundizar en su conocimiento del euskera. En una de sus últimas visitas a Gipuzkoa, la Real Sociedad le brindó la posibilidad de realizar un saque de honor./JOSÉ MARI LÓPEZ
Garbiñe Muguruza se ha servido de sus largos viajes para profundizar en su conocimiento del euskera. En una de sus últimas visitas a Gipuzkoa, la Real Sociedad le brindó la posibilidad de realizar un saque de honor. / JOSÉ MARI LÓPEZ
MUGURUZA LLEGA AL NÚMERO 1 MUNDIAL

Muguruza confió en el libro de Gereño para aprender algunas palabras en el camino que la ha llevado a la cima del tenis mundial

ALEXIS ALGABASAN SEBASTIÁN.

Noviembre de 2014. Una Garbiñe recién estrenada en el top 20 del mundo, toma un avión para arrancar sus vacaciones tras pasar unos días en Gipuzkoa, visitando a su familia y atendiendo a distintos medios de comunicación locales. Antes de despegar, cuelga un foto en la redes sociales en la que sostiene un ejemplar del libro 'Metodo de Euskara (Euskara Ikasteko Metodoa)' de Xabier Gereño. Días antes, confesaba a este medio que había pedido que le pudieran prestar un libro de euskera «nivel 0 para decir unas cositas y poder entender algo». Dicho y hecho. Muguruza (Caracas, 1993) aprovechó ese trayecto, y conocemos que no solo ese viaje, para salsear un poco en la lengua de sus mayores -su padre nació en Azkoitia- y poder desenvolverse con algo más que un 'kaixo' o un 'eskerrik asko' en sus sucesivas visitas a Euskadi.

Ese objetivo, el de aprender algunas palabras en euskera -el libro de Gereño se divide en 40 lecciones y contiene un vocabulario básico de 1.000 palabras- se lo marcó la tenista de origen guipuzcoano antes de fijar su mirada en la cima del tenis mundial. Por ello, podemos confirmar que Garbiñe Muguruza es la primera jugadora que alcanza el número 1 mundial sabiendo chapurrear, al menos, la lengua más antigua de Europa. Y es que la tenista siempre ha tenido claro cuáles son sus prioridades y los pasos debía seguir a la hora de poder aspirar a cumplir un sueño, que se ha hecho realidad hoy, lunes 11 de septiembre de 2017.

«Lo que hicieron Arantxa y Conchita es muy difícil de conseguir. Llegar a ser 1 o 2 del mundo es un sueño. El listón está alto, pero que me digan que puedo superarlas significa que realmente creen que puedo hacerlo y por eso vamos a trabajar para conseguirlo», apuntaba Muguruza a DV hace ahora tres años, huérfana entonces de grandes títulos y cuando apenas empezaba a despuntar en el circuito. Por ello empezó a ponerse metas factibles, como terminar el año 2015 en el top 10 pero siempre con el planteamiento de aprovechar y valorar cada paso y fijarse en los detalles.

«Que la gente crea que puedo superar a Arantxa Sánchez-Vicario me hace trabajar para conseguirlo», decía en 2014

«Podemos estar en el puesto 7 o en el 11 del ránking, pero quizá en momentos concretos falta algo de determinación para dar otro paso. Son detalles muy pequeños que se te escapan y que después te das cuenta que son importantes para entrar en ese selecto club». Para los 21 años con los que contaba en aquel momento, Garbiñe se daba cuenta que la igualdad que presentaba el circuito femenino se iba a decidir por detalles. Unos detalles que han provocado que este año hayan pasado ya por ese número uno del mundo la alemana Kerber, la checa Pliskova y ahora la propia Muguruza.

En los últimos tres años, Muguruza ha ido puliendo todos esos factores que le han hecho posible llegar hasta este momento especial. Ella sabía que una de las claves estaría en el físico. «Me tengo que terminar de desarrollar para coger más fuerza y, sobre todo, aprende a competir mentalmente», señalaba. Todos los pasos marcados se han convertido en una profecía anticipada al top mundial.

De las lágrimas de junio...

Garbiñe comprobó que su sitio estaba entre las primeras del ránking mundial tras alcanzar la final de Wimbledon en 2015, donde cayó ante su admirada Serena Williams, quien le aduló al susurrarle que algún día reinaría en Londres. En otoño de ese año finalizó su etapa con su entrenador desde la infancia, el irundarra Alejo Mancisidor, y unió su camino con el del galo Sam Sumyk, exentrenador de Vera Zvonareva, Viktoria Azarenka y Eugenie Bouchard. En diciembre, fue invitada a realizar el saque de honor en Anoeta en la previa de un Real Sociedad-Eibar, uno de sus últimos pasos por Gipuzkoa.

En junio de 2016, coincidiendo con el inicio de Roland Garros, confirmó que se había mudado a Ginebra dejando atrás Barcelona, ya que en la ciudad suiza «vivían muchos deportistas» y residía también la familia de Sumyk. Eso sí, siempre ha estado acompañada por su propia familia y por su jefa de comunicación, Cecilia Casla, que se han encargado siempre de mantenerle los pies en el suelo. Semanas después se coronaba en París con su primer grande.

Tocó fondo en el pasado Roland Garros, pero tras quitarse la losa ha sumado 22 victorias y 5 derrotas

Importantes marcas como Adidas o BBVA se rindieron a sus pies y la colocaron como referente en sus campañas. Pero como ya lo anticipaba, «las cosas no se pueden acelerar de la noche a la mañana» y los cambios necesitan tiempo para ser asimilados y llegar a tener continuidad. Por ello, no fue sencilla la digestión del 'boom' de Roland Garros y ese lastre lo sufrió tanto en la parte final del curso pasado como en la mitad del presente. Comenzaba a ser más noticia por las riñas con Sumyk en pista que por su juego y terminó explotando en París tras caer ante la local Mladenovic y salir llorando en sala de prensa.

Cayó fuera del top 10 dos años después pero el quitarse la losa parisina le hizo despegar. 22 victorias y 5 derrotas desde entonces jugando su mejor tenis de forma fluida. Con los títulos Wimbledon y Cincinatti en el zurrón ha llegado su momento. El resto, ya es historia.

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