Pelota

Urriza entra en la historia gracias al poder del saque

Xanti Uterga abandona la cancha mientras Javier Urriza celebra por todo lo alto su victoria en el Individual ayer en Galarreta. / USOZ
Xanti Uterga abandona la cancha mientras Javier Urriza celebra por todo lo alto su victoria en el Individual ayer en Galarreta. / USOZ

ENRIQUE ECHAVARREN SAN SEBASTIÁN.

Javier Urriza entró ayer en la historia del remonte. El delantero pamplonés conquistó su quinta txapela del Individual al derrotar en Galarreta a Xanti Uterga en la final. Sobrepasa en el palmarés a un histórico como Manuel Agirrezabala Matxin II, pero aún está muy lejos de las once que el incombustible Koteto Ezkurra guarda en Doneztebe como oro en paño. Urriza volvió a poner de manifiesto que, en estos momentos, está un escalón por encima del resto de componentes del cuadro de Oriamendi. Nadie es capaz de toserle.

Ni siquiera Uterga, quien tuvo que volver a casa con el amargo sabor de la derrota aunque también contento por haber tenido la oportunidad de volver al primer plano. Era la segunda final para el doneztebarra y la sexta consecutiva para el pamplonés, que sigue acaparando títulos. No se cansa de ganar.

Fue una final muy similar a la que hace dos años enfrentó a los mismos protagonistas en el mismo escenario. En aquella ocasión, Urriza ganó por 30-20. Ayer, volvió a hacerlo, pero con un tanto más de ventaja. El expalista tuvo que sufrir hasta la segunda decena. A partir de ahí, el poder de su brazo y su experiencia hicieron el resto. Pero la clave de su victoria residió en el saque, jugada con la que acabó minando la moral de Uterga y con la que desniveló la balanza.

Urriza logró nueve tantos directos con el disparo inicial, por solo dos Uterga

La evolución experimentada por los delanteros en esta faceta del juego tan determinante les ha permitido no situarse ya al nivel de los zagueros, sino incluso ser más efectivos que ellos. Ni siquiera los diez tantos logrados con el saque por Barrenetxea IV, un consumado especialista, fueron suficientes para derrotar a Urriza en la liguilla. Ese es un dato muy a tener en cuenta. Los delanteros han aprendido a restar y hacen el mismo daño o más con el disparo inicial que los zagueros.

La cátedra, a su favor

Urriza se sustentó en los nueve que consiguió para decidir a su favor una final en la que no las tuvo todas consigo hasta que a Uterga no le quedó otro remedio que hincar la rodilla. El saque fue su mejor aliado, más que su defensa, el poderío de su brazo, su experiencia o su inteligencia.

La cátedra se posicionó claramente de salida a favor de vigente campeón. El recuerdo del 30-15 con el que Urriza saldó con suma solvencia el compromiso de la liguilla ante Uterga, a quien acabó doblando en el marcador (30-15) permanecía muy fresco en la memoria de los apostantes. Los corredores cantaron veintes a cienes por abajo. Nadie daba un euro por las opciones del alcalde de Doneztebe.

Para demostrar que se equivocaban, Uterga tuvo una salida explosiva. Los tres primeros tantos cayeron a su zurrón de forma consecutiva. Algo no cuadraba, ese no era el guión por el que debería discurrir la final. Uterga, valiente, fue a por todas. Consciente de que en el peloteo sus opciones de imponerse a Urriza eran prácticamente nulas, decidió tirar por la calle de en medio. Arriesgar, no que le quedaba otra.

Asumir riesgos

Pero eso supone también asumir riesgos. Uterga firmó los tantos más espectaculares -cinco de dos paredes y un par de dejadas-. Gracias a ellos mantuvo en jaque a Urriza en la primera y segunda decena. El pamplonés trataba de despegarse. Para el 11-7 ya había conseguido el cuarto de sus saques, cifra que aumentó a siete en el 19-14. Mantenía una distancia prudencial de entre cuatro y cinco tantos que Uterga reducía cuando surgía la oportunidad. Urriza no estaba cómodo en ataque, pero seguía mandando en la cancha.

Un dato significativo. Uterga no consiguió su primer saque hasta el 19-16. Y el segundo en el 20-18. Fue a partir de ese momento cuando Urriza decidió que ya había sido suficiente. No le hizo falta arriesgar, -esa no es precisamente una de las facetas más importantes de su juego-, con defenderse y poner la pelota atrás bastaba. Uterga fue entrando en barrena poco a poco.

Ya no estaba en condiciones de disputarle la txapela. El cansancio había hecho mella en su cuerpo, propiciando los errores. Urriza sumó otros dos nuevos saques y se desmelenó con un dos paredes marca de la casa en el 29-19 con todo el pescado vendido. Antes, su bagaje ofensivo se limitó a una pelota que tocó pared haciendo inútil el intento de Uterga de ponerla en el frontis. Con eso fue suficiente.

Los finalistas dieron por bueno lo que sucedió en la cancha. Urriza se hizo mil fotografías con sus seguidores, con quienes lo festejó anoche en Pamplona. «Ya habrá tiempo para descansar», dijo. No todos los días pasa uno a la historia...

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