«Pienso cumplir mi promesa, volveré andando de Bilbao a Amezketa»

Ekaitz Saralegi, botillero de Altuna III, celebró la victoria con su pupilo en un día inolvidable para todo Amezketa

E.E.AMEZKETA.

Ekaitz Saralegi disfrutaba ayer con su mujer y sus hijos de un día de fiesta tras haber sido la víspera testigo de excepción en el triunfo de su pupilo, Jokin Altuna, en la final del Cuatro y Medio. Amezketarra, amigo y vecino del campeón, trabaja como albañil tras abandonar la pelota profesional hace dos años. Ese es precisamente el tiempo que lleva asesorándole en los partidos individuales desde la silla de botillero.

Participó también en la celebración posterior, pero matiza que «fui a cenar, pero me retiré pronto a casa. Por la mañana había que llevar a los chavales a la ikastola». Esa fue la mejor fórmula para desconectar de toda la tensión acumulada en las horas previas y durante la final. Recalca que «el que ha ganado la txapela es Jokin, yo solo he intentado aportar mi granito de arena. Todo el mérito es suyo».

El exmanista desgrana la final desde su privilegiada posición. «Jokin comenzó muy bien, salió a la cancha muy enchufado. En cambio, a Urruti le vi nervioso, incómodo. Jokin supo buscarle muy bien las esquinas y logró una buena renta 1-6. En esos momentos piensas en muchas cosas, pero tenía muy claro que a Urrutikoetxea no iba a ganarle fácil, pero aún así confiaba en que Jokin le pondría las cosas difíciles».

«A pesar de ir perdiendo 14-10, nunca lo vi negro porque Jokin sabía que tendría que sufrir» «En el último tanto no me atrevía a mirar, confiaba en él y se defendió como todo un campeón»

Ese convencimiento surgió cuando el martes antes de la final decidió acompañar a su pupilo al frontón Bizkaia para supervisar el último entrenamiento. «Jokin había estado días antes en Bilbao y no se quedó contento con el entrenamiento que hizo, pero tras verle en la cancha me fui a casa convencido de que iba a ganar. Sabía que si jugaba su partido tendría opciones de lograr la txapela. Todo el mundo daba como favorito a Urrutikoetxea, pero una cosa es ser favorito y otra ganar el título».

Pero de la alegría inicial se pasó a un cambio drástico en el luminoso. El de Zaratamo era ahora quien mandaba en la cancha. «A pesar de ir perdiendo 14-10, nunca lo vi negro. Jokin estaba jugando bien, dominaba muchos tantos aunque luego no los acabara. Estaba muy metido en el partido. Sabía que tendría que sufrir».

Saralegi pidió tres descansos. «El objetivo era frenar las tacadas de Urrutikoetxea, que Jokin se calmase y descansara. Quería que estuviese tranquilo y que cuando volviese a la cancha le apretase. Tenía que darle velocidad a la pelota con la derecha y buscarle el aire», recuerda.

El partido entró en una recta final no apta para cardiacos. «Tras ir ganando 18-19 después de esa jugada polémica, Jokin cometió dos errores seguidos. Urruti volvió a tomar el mando, pero Jokin le sorprendió con la volea a dos paredes de sotamano. No aprovechó el saque el tanto siguiente y otra vez a sufrir. Parecido a lo que pasó en el Ogueta. Empate a 21. Le dije que había que defender como fuese, a muerte. Y que si tenía una oportunidad, que arriesgara. Se defendió como un campeón».

Son segundos que se hacen eternos. «Ese último tanto fue un cara o cruz, quería que Jokin ganara. No me atrevía ni a mirar a la cancha, pero tenía mucha fe en él. Me quedé alucinado al verle cómo defendió esas pelotas y al final obtuvo la recompensa. Tocaba ganar. El año pasado jugó un buen partido en el Ogueta ante Oinatz, pero se quedó sin txapela».

Saralegi prometió que volvería a Amezketa andando desde Bilbao si Altuna III ganaba la txapela. Y está dispuesto a hacerlo. «El domingo no lo hice, pero pienso cumplir mi promesa. Todavía no he decidido la fecha, podría ser durante el puente de diciembre. La idea es salir de Bilbao y llegar a Zarautz por la ruta de la costa vizcaína del Camino de Santiago, luego dirigirnos a Aia y de allí a Amezketa. No lo haré solo, algunos ya se han apuntado a acompañarme. Dormiremos donde sea, calculo que cubriremos la distancia en dos o tres días».

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