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«Parecía que el que ha ganado la txapela era yo»

Ekaitz Saralegi, ayer a su llegada a Amezketa flanqueado por sus hijos, Itzel y Auritz, que fueron a recibirle. / IÑIGO ROYO
Ekaitz Saralegi, ayer a su llegada a Amezketa flanqueado por sus hijos, Itzel y Auritz, que fueron a recibirle. / IÑIGO ROYO

Ekaitz Saralegi cumplió su promesa de volver andando desde Bilbao a Amezketa tras ganar Jokin Altuna el título del Cuatro y medio

ENRIQUE ECHAVARREN AMEZKETA.

«Daría la vuelta a gusto ahora mismo, pero no hay tiempo», bromeaba Ekaitz Saralegi mientras daba sus últimos pasos, a buen ritmo, eso sí, antes de llegar a la plaza de Amezketa al cumplir ayer su promesa de volver andando desde Bilbao a su pueblo tras ganar su pupilo Jokin Altuna la txapela del Campeonato del Cuatro y medio el pasado 19 de noviembre en el Bizkaia.

El propio Altuna fue a recibirle en el barrio de Ugarte y juntos recorrieron los últimos tres kilómetros. Tres decenas de vecinos se congregaron en la rotonda de entrada a la localidad de Tolosaldea para darle la bienvenida entre una salva de aplausos. «Parecía que el que había ganado la txapela era yo en lugar de Jokin. Los jóvenes del pueblo han movilizado a la gente y se agradece mucho estas muestras de apoyo», dice.

La aventura, en la que también participó el azpeitiarra Josu Manzisidor, comenzó el pasado miércoles, a primera hora de la mañana. «Nos llevaron en coche a Bilbao, teníamos previsto salir desde Miribilla, pero nos dijeron que la zona estaba en obras, por lo que optamos por hacerlo desde la plaza de Galdakao. Eran las ocho de la mañana. Hacía mucho frío, no sé cuantos grados, pero seguro que pocos. Y había niebla también. Íbamos bien pertrechados. Los primeros kilómetros los hicimos corriendo. Luego, andando», recuerda el exmanista.

La idea inicial era partir desde Bilbao y emprender el Camino de Santiago a través de la costa vizcaína, en sentido contrario, hasta llegar a Zarautz. Pero quedó descartada por las condiciones climatológicas. «Los montes estaban nevados y no era cuestión de tomar riesgos innecesarios. La salud es lo primero», apunta. Tras 58 interminables kilómetros, los expedicionarios llegaron a Zumarraga, punto final de la primera etapa tras pasar por Amorebieta, Durango, Elorrio, Elgeta, Antzuola y Bergara. Todo por carretera. «Tardamos 9 horas y 20 minutos», recuerda. «Cada dos horas comíamos un plátano o una barrita energética, pero en Elgeta nos tomamos un pintxo con una cerveza».

Al llegar a Zumarraga, Jokin Altuna les estaba esperando para traerles en coche a casa, donde durmieron. «Tenía duras las piernas, pero me di un masaje con una crema en los muslos y me he levantado mejor de lo que esperaba, aunque algunas agujetas ya tenía». Lo hizo a las 7.15 horas para cubrir los últimos 34 kilómetros que separaban ambas localidades. Desayunó liviano. «Un café con leche y cereales, nada más», puntualiza.

Más compañeros de viaje

Y completó la segunda etapa más acompañado. Josu Manzisidor tiró la toalla, no así Josu Goñi, Aitor Lertxundi y el exrealista Joseba Irazusta. La ruta incluía la visita a Ormaiztegi, Beasain, Ordizia, Itsasondo, Legorreta, Ikaztegieta, Alegia -donde al mediodía les obsequiaron con un caldo- y Amezketa. «Cuando hemos entrado en Beasain la gente nos animaba por el bidegorrri. Decían 'ya os queda menos'. En Bizkaia, nadie».

Saralegi quiere dejar claro que no se trataba de ninguna fanfarronada. «Quien diga o piense eso es que no me conoce. Nunca he sido un fanfarrón. Ya lo he hecho, he cumplido. La gente, que diga lo que quiera...». Se piensa dos veces la respuesta cuando le preguntamos si volvería a hacerlo. «Es duro, son dos días caminando, fuera de casa. No sé si lo haré en otra ocasión, por ahora no. Primero Jokin tiene que ganar otra txapela y luego ya veremos lo que hacemos».

No había cubierto tantos kilómetros -92 en total- en su vida. «He participado en carreras de montaña de dos horas y media o tres de duración, también he corrido la Behobia y otras pruebas como el cross de las Tres Playas en Donostia, pero esto es completamente diferente. Son muchas horas».

Reconoce haber echado de menos «muy pocas cosas, por no decir nada. Charlábamos durante el camino, tampoco pasas hambre. Eso sí, íbamos a buen ritmo. Cubríamos siete kilómetros a la hora, a ocho minutos y 20 segundos cada uno. Los primeros treinta minutos los hicimos corriendo nada más salir de Galdakao». A su juicio, lo mejor de esta experiencia ha sido «conocer mejor a la gente que tienes alrededor». No ha habido nada negativo. «El tiempo ha sido muy bueno aunque hiciese frío. No ha caído ninguna gota de agua en todo el trayecto».

En su domicilio le esperaban unas sabrosas alubias para almorzar, «si llega a haber macarrones me hubiese dado igual. Tengo hambre». Tampoco cree que se le peguen las sábanas por el cansancio acumulado durante la travesía. «Eso seguro que no. Si los críos se levantan a las 7.30, yo también lo haré y luego iré a correr. A la tarde iré al Beotibar a verle a Altuna». Genio y figura.

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