Pelota

Por obra, gracia y arte de Altuna III

Jokin Altuna, listo para soltar una volea en presencia de Aimar Olaizola. / CALLEJA
Jokin Altuna, listo para soltar una volea en presencia de Aimar Olaizola. / CALLEJA

El de Amezketa desarbola a Olaizola II para plantarse en su segunda final consecutiva. Los pelotazales que llenaron el Labrit acaban rendidos a la clarividencia en el juego y las geniales pinceladas del vencedor

JOSEBA LEZETA PAMPLONA.

Sentado en la primera fila de butacas de cancha del Labrit a la altura del cuadro ocho, el aitona Joxe no cabía de gozo. Le delataba la sonrisa. Su nieto Jokin acababa de ganar por tercera vez a Aimar Olaizola dentro de la jaula, en esta ocasión 12-22, estaba clasificado para la final del Campeonato del Cuatro y Medio del domingo 19 en Bilbao y le vitoreaba un Labrit lleno hasta los topes. Más importante aún para un hombre que ha visto miles de partidos de mano y de remonte: ese joven de 21 años al que ha visto crecer desde que era un bebé había jugado a pelota como los ángeles durante 49 minutos intensos.

Para obtener una victoria sobre Olaizola II hace falta una actuación completa, ser práctico. Eso incluye neutralizar sus puntos fuertes. Jokin Altuna restó de maravilla. Siempre con altura y a ser posible hacia el centro de la cancha. El objetivo era obligar al de Goizueta a dar su segundo pelotazo a bote, impedir que dispusiera de oportunidades de conectar el gancho o de marcar la parada en el txoko. Dejó en cero su casillero de acciones de saque-remate.

«No he sacado nada», apuntó Olaizola II. Parte de la culpa corresponde a un Altuna III consciente de la importancia de ese apartado defensivo ante un rival tan puntillero.

El delantero de Amezketa también pasó su momento de crisis con el saque. De hecho, cometió falta en el primero que ejecutó (3-1). Corto. Minutos después, con 5-5 en el electrónico, llegó la segunda -después de que Olaizola II cometiera la suya en el 5-2 al mandar larga la pelota-. Altuna III pecó de lo mismo que en la primera. Botó delante del tres.

Sobrevoló entre sus seguidores el fantasma de las dos faltas cometidas en la última final del Torneo San Fermín del cuatro y medio ante el propio Aimar. «Yo no me he acordado de aquello», confesó el de Amezketa en su comparecencia ante la prensa. «¿Cuántas hice aquel día?», completó su respuesta con una pregunta. Fueron dos. Mejor para él.

«A partir de las faltas ha sacado mejor», apostilló Ekaitz Saralegi, su botillero. Dirigió la pelota casi siempre a la pared izquierda. Logró dos de sus cuatro tantos con el primer disparo justo antes del segundo descanso obligatorio, al que se llegó 10-18, para contrarrestar el acercamiento a cuatro tantos de Olaizola II, 10-14, después de ir 8-14.

Sus envenenados saques quizá no le proporcionaron oportunidades claras de apuntillar, pero sí de tomar la iniciativa, lo mismo de volea que con zurdazos de aire de pared a pared. Le funcionaron las dos posturas y tocó rápida la pelota. «Aimar venía hacia el tres y le he obligado con esos pelotazos», anotó Altuna.

Saralegi contribuyó desde la silla con la solicitud de dos descansos. «Tanto uno como otro han sido estratégicos. El primero, en el 4-1 favorable a Aimar, porque Jokin no acababa de cruzar lo suficiente la pelota para impedir que el rival rematase de zurda. El segundo ha sido en el 10-14, después de que Olaizola II haya logrado dos tantos seguidos. A un pelotari como él, no puedes dejarle que haga una tacada de cuatro tantos y se crezca».

«En realidad, nuestra táctica era clara», explica Saralegi. «Había que restar bien y alto para no dejarle rematar de aire con la zurda, tocar la pelota de vez en cuando con la derecha para obligarle a recular y buscar el remate cuando se presentara una buena oportunidad. Altuna ha hecho bien esas tres cosas».

Jugadas de ensueño

Construyó su triunfo y el pase a la final con elementos lógicos y eficaces. Cierto. Pero Altuna III es más que eso. Basta cualquiera de las tres geniales pinceladas que dejó ayer en el Labrit para comprender la dimensión de este pelotari de 21 años. Jugadas al alcance de pocos pelotaris.

La primera llegó cuando mejor jugaba Olaizola II, autor de un inicio interesante de semifinal. Mandaba 5-1 el de Goizueta y acababa de cometer su falta de saque. Aimar restó bien, bombeado y hacia la mitad derecha de la cancha. La pelota invitaba a recular y entrar en el peloteo a bote. Pero no. Enfrente estaba Altuna III. Desde el tres y medio, empalmó un dos paredes de volea con la altura exacta para botar a centímetros de la raya de contracancha y salir disparada hacia la primera fila del público. Justificado el pago de la entrada.

Fue como decir «aquí estoy yo». Seis tantos después, Altuna volvió a poner de pie a muchos pelotazales con otra acción marca de la casa. Llegó al ancho y soltó una cortada del ancho al ancho irrestable para Aimar pese a su carrera, infructuosa.

Saralegi sabe de lo que habla: «Esas jugadas dan mucha confianza al pelotari». Se notó. Faltaba por ver el mejor de sus cuatro tantos de gancho, el del 10-19. La pelota llegaba como un copo de nieve desde lo alto del frontón, cerca de la pared izquierda. El duende no dudó. Gancho perfecto cuando más difícil parecía.

Altuna III posee la virtud de ver desde el interior de la cancha los ángulos y los espacios vetados a la vista de la mayoría, incluso si disponen de perspectivas más amplias. Es como los futbolistas que encuentran el pase donde no hay hueco, como los jugadores de baloncesto capaces de filtrar una asistencia para el mate del compañero. Pura delicia.

Si el rendimiento de Aimar Olaizola cayó a partir del 8-11 se debió en buena parte a la superioridad demostrada por un pelotari que además de jugar vestido con un elegante frac, posee capacidad física para llevarse a su cesto siete de los doce tantos de más de diez pelotazos disputados ayer. Fue un triunfo por obra, gracia y arte de Altuna III.

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