Pelota

El número uno contra el número dos

Iker Irribarria lanza una dejada ante Oinatz Bengoetxea. Vuelven a ser rivales hoy.
Iker Irribarria lanza una dejada ante Oinatz Bengoetxea. Vuelven a ser rivales hoy. / MIKEL ASKASIBAR

La final de Zarautz enfrenta de nuevo esta tarde a Bengoetxea e Irribarria. El campeón manomanista lleva la compañía de Albisu y el subcampeón, la de Zabaleta en una combinación de gala

JOSEBA LEZETASAN SEBASTIÁN.

Oinatz Bengoetxea e Iker Irribarria vuelven a cruzar sus trayectorias con ocasión de la final del Torneo Villa de Zarautz de esta tarde en el Aritzbatalde. No estará Aimar Olaizola por primera vez desde 2010, pero juegan el número uno, el de Leitza, y el número dos, el de Arama, de la clasificación Codere implantada por Asegarce y Aspe para premiar los resultados de sus pelotaris a lo largo de la temporada. De hecho, Zarautz reparte 200 puntos para los campeones y 120 para los subcampeones en una función convocada para las 17.00 y retransmitida en directo por ETB1.

Bengoetxea VI e Irribarria reeditan las dos últimas grandes finales del calendario: la del Parejas, donde salió triunfante el guipuzcoano, y la del último Manomanista, que sirvió al navarro para arrebatar la txapela al campeón más joven de la historia. Posteriormente se citaron en la revancha de la final disputada hace trece días, el lunes 7, en el Ogueta de Vitoria. Un espectáculo de quilates que reforzó a ambos.

Los días posteriores a aquel choque, uno y otro han entrado en una dinámica positiva de resultados, han corroborado su condición de grandes pelotaris y se han plantado en una final donde el veterano de 32 años -cumplirá 33 el lunes 28- intentará conservar su estatus y el joven de 21 saltará a la cancha listo para demostrar que es capaz de ganar a un rival que se le ha atragantado dos veces mano a mano.

El cartel de zagueros del Aritzbatalde invita a la esperanza: un Jon Ander Albisu respaldado por recientes comparecencias y un José Javier Zabaleta que el viernes volvió con fuerza tras catorce días de convalecencia para restablecer la mano derecha. Dos pegadores. Cuatro brazos elegantes. Un pecado compartido de irregularidad del que tratan de despojarse.

Después de un verano de 2016 en el que Asegarce le relegó a un papel secundario, Oinatz Bengoetxea ha retomado su protagonismo habitual en los grandes torneos. Está ante su segunda final en la presente campaña estival tras la de San Fermín, donde cayó junto a Mikel Beroiz. Reservado para la revancha, no participó en la competición de parejas de La Blanca.

El delantero de Leitza afronta su cuarta final del Villa de Zarautz. De las tres anteriores, ganó una con Patxi Ruiz en 2010 y perdió dos: en 2006 con el zaguero de Estella y en 2009 en compañía de Aritz Begino.

A Iker Irribarria se le presenta la cuarta oportunidad de imponerse por primera vez en un torneo de verano. La primera le llegó con Abel Barriola en San Fermín del año pasado, la segunda precisamente con Zabaleta en el Memorial Acarregui de Lekeitio, también en 2016, y la tercera el pasado martes en Labastida con David Merino. Se le escaparon los tres.

Esos sotamanos

Sin embargo, el auge de juego y confianza, verle entrar de sotamano con mayor fe y decisión, rematar cada día mejor y cobrar un papel preponderante en el peloteo auguraban que volveríamos a verle pronto en un compromiso de este calibre.

Las dos parejas vienen de resolver las semifinales con solvencia. Oinatz Bengoetxea se salió del mapa y encandiló a los pelotazales el martes en Azkoitia con una prodigiosa exhibición técnica. Le avala la ovación que recibió al final del choque con parte del público puesto en pie. Remató como los ángeles. Albisu sujetó a Rezusta. Palabras mayores.

El viernes, Irribarria y Zabaleta atacaron sin piedad a Ander Imaz para neutralizar a Aimar Olaizola. Plantearán un encuentro basado en la potencia y la velocidad de su pelotazo. Sucede que enfrente estará otro peso pesado de la zaga, Albisu, a quien cuesta domar.

El zaguero de Etxarren terminó bien de la derecha y se marchó del Aritzbatalde con una inyección de ánimo. Ha dispuesto de 48 horas para asimilarla y recuperar esa herramienta tan especial que no acaba de rendir con la persistencia que debería corresponder a su calidad.

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