Pelota

Las nuevas manos de los pelotaris

Merino II e Irribarria /SONIA TERCEROGráfico
Merino II e Irribarria / SONIA TERCERO

Las protecciones tienen como objetivo distribuir el impacto de la pelota. Su inventor es el masajista riojano Pedro García, que atiende a los manistas de Aspe, y algunos llevan meses utilizándolas

ENRIQUE ECHAVARRENLOGROÑO.

«Que nadie piense que con este tipo de protección va a convertirse de la noche a la mañana en Irujo, ni que va a tener la zurda de Irribarria, ni la elegancia de David Merino», así de diáfano se mostró Pedro García, el inventor -con la colaboración de Ana Álvarez- de las nuevas protecciones de las manos de los pelotaris. «Hoy en día sería imposible jugar a pelota sin protecciones», apostilla convencido.

El masajista riojano que atiende a los manistas de Aspe desde la fundación de la promotora eibarresa comenzó su investigación hace un año centrándose principalmente en la búsqueda de nuevos materiales. Realizó pruebas con componentes ortopédicos y también con los de la industria del calzado, pero se deformaban por los impactos. Pulsaron incluso la opinión de químicos e ingenieros hasta dar con la tecla en la prueba número 52.

La finalidad era encontrar un material que permitiera sustituir las chapas o láminas metálicas que utilizan los pelotaris para elaborar los puentes en las protecciones de sus manos convalecientes o lesionadas antes del contacto con la pelota. Y fueron los propios pelotaris quienes ejercieron de conejillos de indias sobre el terreno. No solo profesionales, también aficionados. «Las sensaciones que nos han transmitido hasta el momento son buenas. Notan que el impacto es mucho menor que antes. No se busca la amortiguación del golpe, sino su distribución sobre la mayor superficie posible por toda la extremidad. El objetivo es evitar el mal de manos y dar seguridad al pelotari para que pueda entrenarse y jugar partidos sin temor al estado de sus herramientas», dice.

«Se puede dirigir y golpear la pelota prácticamente igual que con las antiguas protecciones» David Merino

«Llevo usándolas en cada partido desde que acabó el Manomanista y las sensaciones son buenas» Iker Irribarria

Avalado en la experiencia que otorgan cinco lustros dedicado al mundo de la pelota, García disecciona sus protecciones exclusivas para la zona del jamón de ambas manos. Los dedales son independientes. «Son dos capas, una para el control del golpeo y otra para la distribución de protección. Se ensamblan una sobre la otra, pero en medio se coloca un material plástico parecido al papel, derivado del polipropileno, transparente y flexible que es capaz de distribuir el impacto de la pelota en la mano un 2.000x100. Tiene un grosor de 0,3 milímetros para los delanteros y 0,6 el de los zagueros. También hay grosores amoldables a las mujeres que jueguen a mano y se pega con adhesivo. El reglamento establece que las protecciones no deben rebasar los 18 milímetros de grosor y esta solo tiene seis».

La liturgia del esparadrapo

Este enamorado de la pelota, natural de Albelda de Iregua, de 52 años, considera que «hemos encontrado una solución para intentar paliar el mal de manos, pero no va a ser la única. ¿Si son duraderas? Cada protección ha recibido con anterioridad a su uso el impacto de 50.000 golpes de un émbolo cilíndrico. ¿Cuántos pelotazos es capaz de dar un pelotari al año?».

Por lo tanto, el esparadrapo seguirá vigente en los vestuarios de los frontones. «Esa no es nuestra intención, los pelotaris seguirán usándolo como hasta ahora para proteger sus manos y dedos. No queremos que desaparezca el ritual del vestuario con los pelotaris poniéndose los tacos. Es una liturgia que debe permanecer siempre», incide.

Con estas protecciones lo que se pretende es, a su juicio, evitar «la fuga de niños que juegan a pelota hacia otros deportes como podría ser el balonmano. A ninguna madre le gusta oír a su hijo que le duelen las manos producto del golpeo de la pelota. Queremos poner a disposición de federaciones, clubes y colegios nuestros conocimientos y experiencias mediante charlas para explicarles cómo funcionan y las ventajas que tiene utilizarlas». De momento no tienen ni nombre, ni precio ni se comercializan.

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