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Pelota | Torneo Bankoa-DV

Aratz Oliden, el zaguero oriotarra con sangre ilustre

Oliden arma el brazo derecho para golpear la pelota ante Cuairan en Urretxu. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Oliden arma el brazo derecho para golpear la pelota ante Cuairan en Urretxu. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Juega mañana en Eibar la semifinal promesas con Agirreamalloa ante Osa y Apezetxea

E. ECHAVARREN SAN SEBASTIÁN.

Aratz Oliden tiene 17 primaveras. Juvenil de segundo año, disputa mañana (16.30 horas) en el Astelena de Eibar la semifinal promesas del Torneo Bankoa Credit Agricole-EL DIARIOVASCO con Agirreamalloa ante Osa y Apezetxea. Es su segunda participación y le gustaría plantarse en la final. «El año pasado jugué muy a gusto con Elola. No sabía quién era, nunca habíamos jugado juntos. Superamos la primera eliminatoria en Urretxu, pero luego perdimos en Aizarnazabal y no pudimos entrar en semifinales», recuerda.

Este año, los organizadores decidieron que formase pareja con Agirreamalloa y, de momento, las cosas no han podido irles mejor. Dos eliminatorias, en Tolosa y Urretxu, y sendas victorias. También es la primera vez que juegan juntos. «Nos compenetramos muy bien en la cancha y tenemos mucha ilusión por llegar a la final», comenta este zaguero oriotarra que comenzó a jugar a pelota cuando tenía siete años en el club de Añorga. «Vivo en Orio, soy de Orio, pero toda la vida he ido a Añorga a entrenar, lunes y miércoles», proclama y añade que «siempre he sido zaguero, nunca me ha gustado jugar adelante. Todo el mundo quería ser delantero, acabar el tanto, pero yo no».

Biznieto de una leyenda

Por sus venas corre sangre ilustre del mundo del remo. Alejandro Oliden, su bisabuelo por parte materna, fue uno de los legendarios patrones oriotarras que pasó a formar parte de la historia del club. «En el pueblo me decían que me apuntase al remo, pero yo desde crío he querido ser pelotari. Y eso que en mi familia nadie había jugado nunca antes a pelota. Todos mis amigos se fueron al Orioko y también probé a jugar a fútbol. Ya lo había hecho antes en los recreos de la ikastola. Jugaba de lo que fuese. De portero, delantero... Intenté compaginar ambos deportes, pero a mí me gustaba la pelota».

Su aita, Iñaki, carnicero de profesión, también trató de inculcarle la pasión por las idi probak. «Con 14 años, él ya andaba con bueyes de libre y ahora tiene cuatro parejas de pesos para competir. Hemos ido juntos a ver muchas pruebas, pero trabajar con los bueyes no es lo mío. Bastante tengo con los estudios y con la pelota», dice.

Cursa segundo de Bachillerato en la rama de ciencias en Zarautz y tiene previsto estudiar Magisterio Deportivo en el futuro. Reconoce que «los libros se me dan bastante bien. Suelo sacar sietes y me gustaría estudiar algo relacionado con el deporte».

Su ídolo de la infancia era Patxi Ruiz «aunque ya no me acuerdo casi nada de él», pero con once años cambió de gustos y se convirtió en un fan «de Irujo». Ahora es «Zabaleta» el espejo en el que se mira tras la retirada de Barriola. «Dicen que soy un zaguero seguro, rocoso. Suelo perder poca pelota y le doy con ambas manos. Hace años era más segurola. En cambio, ahora me atrevo a hacer más cosas en la cancha. Estoy con golpe y me encuentro muy a gusto jugando».

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