Pelota

Jokin Altuna: «Cuando he llegado a casa tras celebrar la txapela, el padre ya estaba levantado»

Jokin Altuna muestra la txapela que le acredita como campeón del Cuatro y Medio ayer en la plaza de Amezketa, su localidad natal./MIKEL FRAILE
Jokin Altuna muestra la txapela que le acredita como campeón del Cuatro y Medio ayer en la plaza de Amezketa, su localidad natal. / MIKEL FRAILE

El amezketarra comparte con sus familiares y vecinos la alegría por la conquista de su primera txapela profesional

ENRIQUE ECHAVARRENAMEZKETA.

Jokin Altuna era ayer la persona más feliz del mundo. La conquista de la txapela del Cuatro y Medio, la primera de su carrera como profesional, le llenó por completo. Lo celebró con sus familiares y amigos. Y compartió su alegría con sus vecinos de Amezketa. Mayores o niños, daba igual la edad. Todo el mundo le felicitaba, todos querían sacarse fotos con el orgullo del pueblo.

- ¿Se le hizo larga anoche la celebración?

- Volví tarde desde Bilbao, estábamos mucha gente en la sidrería y cuando bajamos al pueblo era bastante tarde también.

«Con el paso de las horas voy dándome cuenta de lo que hice, de momento sigo en una nube»

«No estaba acostumbrado a jugar finales y menos ante 3.000 personas, se te pone la piel de gallina»

- ¿Le sorprendió ver a tanta gente en la sidrería para festejar con usted la victoria?

- Ya me imaginaba que iba a haber mucha gente. Tras perder el año pasado la final con Oinatz también nos juntamos un buen grupo de amigos, pero esta vez fueron muchos más. Esta vez era diferente porque gané. Cuando ganas todo es más bonito, todos te animan mucho más y todos están más contentos.

- ¿A qué hora ha llegado a casa, si puede decirse?

- Ni yo mismo lo sé, pero tarde. El padre ya estaba levantado.

- Poco habrá dormido entonces...

- Bastante poco, unas cinco horas.

- ¿Le costó conciliar el sueño?

- Después de los partidos siempre me cuesta dormir más que un día normal. Tenía mucha tensión acumulada y acabé bastante cansado.

- ¿A qué hora se ha levantado?

- Al mediodía.

- ¿Ha desayunado algo?

- No, no eran horas para desayunar. He esperado un poco hasta la hora de comer.

- ¿Qué ha hecho por la mañana?

- Nada, he estado tranquilo en casa. He comido y luego he ido a dar una vuelta por ahí. Por la tarde ya tendré tiempo de leer los periódicos. En casa se compra siempre , a la vez que el pan.

- ¿Tenía apetito?

- No mucho, la verdad. Anoche cené bastante en la sidrería, bebí sidra y acabé lleno.

- ¿Le habían preparado algo especial?

- Había paella.

- ¿Cómo se encuentra?

- Bien, muy contento. Con el paso de las horas voy dándome cuenta de lo que hice en el Bizkaia. De momento sigo en una nube.

- ¿Le cuesta asimilarlo?

- No es fácil. Antes del comienzo del campeonato no pensaba quedar campeón. Me veía bien, pero no para tanto. Ganar la txapela ha sido como un premio para mí y se quedará ahí para toda la vida.

- ¿Supone algo especial ganar la txapela?

- Siempre es especial ganar txapelas, sobre todo si es la primera como profesional. No sabes cuándo vas a poder ganar otra, pero significa que estoy haciendo bien las cosas y que debes seguir ese camino.

- ¿Qué hizo la víspera de la final?

- Por la mañana salí a correr y por la tarde estuve limpiando el coche y después con los amigos.

- ¿Se acostó pronto?

- Sí, como siempre. Los días antes del partido estuve muy tranquilo, dormí bastante bien. El domingo me levanté a las 8.30 horas.

- ¿Cómo fue a Bilbao?

- En mi coche, con mi novia.

- ¿En qué pensaba de camino?

- Estaba bastante tranquilo. Los que están a mi alrededor ya saben que me gusta desconectar en las horas previas a los partidos y no darle muchas vueltas a la cabeza.

- Coincidió con Urrutikoetxea en los vestuarios a la hora de ponerse los tacos, ¿se dijeron algo?

- Hablamos como siempre. Mantenemos una buena relación desde hace tiempo. Pero también es cierto que antes de este tipo de partidos estás más callado y nervioso que de costumbre.

- ¿Qué barruntaba en su cabeza?

- Tenía claro que estaba ante una grandísima oportunidad y que debía dar en la cancha todo lo que llevaba dentro.

- ¿Qué se siente al salir a calentar y ver el frontón abarrotado?

- No sé explicarlo, es algo muy grande. No estás acostumbrado a jugar finales y menos a encontrarte a 3.000 personas en un frontón. Se te pone la piel de gallina.

- ¿Oía a sus seguidores?

- Sí, sabía de antemano dónde estaban ubicados y gritaban bien alto.

- ¿Y durante la final?

- También, había otro grupo que estaban en butacas de cancha y les escuchaba perfectamente sus gritos de ánimo.

- Una motivación extra.

- Cuando ves y oyes que la gente te anima tanto para que ganes, tú también te vienes arriba y lo agradeces.

- Y, encima, la final comienza bien, mejor que lo esperado.

- No esperaba empezar ganando por 1-6. Urrutikoetxea había comenzado todos sus partidos por delante en el marcador y ahí pudo estar una de las claves de la final.

- Pero las aguas no tardaron demasiado en volver a su cauce. Apareció la mejor versión del delantero de Zaratamo.

- Tenía claro que él también iba a dar su nivel en la cancha. No creo que jugase una mala final, aunque haya algunos que digan que jugó por debajo de su nivel. Parte del mérito de que no lo hiciese tan bien como en anteriores partidos es mío.

- Pablo Berasaluze, el botillero de Urrutikoetxea, comentó que solo jugó al 60%

- Me da igual lo que diga Pablo. Todos los partidos son diferentes y ahora no vale decir que no dio su nivel. Todo el mundo decía que Urrutikoetxea era el superfavorito, que estaba jugando muchísimo y que era el pelotari más completo. Así se ha visto durante todo el campeonato. A pesar de haber perdido la final, se mostró como un caballero en la rueda de prensa y dijo que no había perdido por no haber dado su nivel.

- ¿Se vio ganador en algún momento?

- Los partidos no se ganan hasta que llegas a 22. Tuve el saque a favor en el 20-21, pero Urruti demostró que es un gran restador.

- ¿Se acostumbra uno a jugar en el alambre, sin red?

- Si quieres estar arriba todo el año debes jugar partidos exigentes, con finales complicados y eso, a la larga, te da más experiencia.

- ¿Qué piensa cuando gana?

- Al principio en nada. Te quedas en blanco, en shock. Todo es nuevo.

- ¿Qué se siente en lo más alto del podio?

- Es lo más bonito que me ha pasado en la pelota. Ves a muchísima gente conocida que no ha dejado de animarte nunca y en parte la txapela también es suya.

- Podían habérsela puesto mejor...

- Daba igual. Al tener los tacos puestos no podía colocármela bien, pero la que me la puso tampoco anduvo muy fina.

- ¿Se le salió alguna lágrima?

- No, en el podio no.

- Pero al abrazarse con Jaka en vestuarios faltó muy poco.

- Con Erik sí, porque está pasando malos momentos. Es mi amigo, me ayuda todos los días y es una persona importante en mi vida.

- ¿Guarda todavía algo en la memoria de la final?

- Apenas han pasado unas horas y siempre te queda algo aún. Es complicado desconectar.

- Sus amigos le enseñaron en la sidrería el último tanto en vídeo.

- Sí, pude ver el último zurdazo que di desde la pared izquierda. Gracias a ese pelotazo y a la defensa pude llevarme la txapela.

- ¿Ha sido el mejor campeonato que ha completado?

- El año pasado hice un campeonato bastante parecido. He ido de menos a más y la única diferencia es que el último tanto cayó de mi lado.

- ¿Qué supone ganar la primera txapela como profesional?

- La recompensa al trabajo que he venido realizando en los últimos años. No por haber ganado la txapela puedo dejar de entrenarme, me queda mucho camino por recorrer en la pelota y tengo que trabajar muchísimo para conseguir mis metas.

- Sucede 18 años después a Mikel Unanue como último campeón guipuzcoano de la jaula y el más joven en conseguirlo con Eugi.

- Es algo bonito. Los datos siempre quedan ahí, pero no podemos quedarnos mirando.

- En esta ocasión su madre, Kontsuelo, sí que acudió al frontón.

- Me ha dado suerte en este campeonato. Ha estado en casi todos los partidos importantes. Suele ponerse muy nerviosa en la grada.

- Incluso le llamaron del programa de radio 'El Larguero', de cobertura nacional.

- Sí, Manu Carreño. Salí de la sidrería a atenderle. Serían las 12.45. Dentro había mucho jaleo.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos