Pelota

Un crack con pantalones de mahón

Iker Irribarria observa el pelotazo de Jokin Altuna ayer en el Beotibar de Tolosa./IÑIGO ROYO
Iker Irribarria observa el pelotazo de Jokin Altuna ayer en el Beotibar de Tolosa. / IÑIGO ROYO

Altuna III aparca las exquisiteces para lograr el quinto triunfo con un Martija de nuevo incansable

JOSEBA LEZETA

Cumplida hora y media desde que ejecutó el primer saque, diez minutos después de acabar el partido y atender a televisiones, a radios, a niños que buscaban una foto con su ídolo y a adultos deseosos de cruzar unas palabras con él, Jokin Altuna solo quería una cosa: sentarse dentro del vestuario. «Estoy cansado, sobre todo de piernas», confesó.

El delantero de Amezketa y su compañero Julen Martija acababan de consolidar el liderato con su quinta victoria en siete partidos, un balance que habrían firmado con los ojos cerrados el día que se presentó el campeonato en Bilbao. Van a iniciar la segunda vuelta con más de la mitad de los deberes hechos.

Ahora bien, apenas hay puntos confortables en esta competición. Altuna III y Martija tuvieron que trabajar de lo lindo en un Beotibar lleno durante casi 80 minutos para doblegar 22-19 a Irribarria y Merino II, abocados a jugar una final detrás de otra en lo que resta de calendario. Eso en el mejor de los casos.

«Partido muy duro», reconoció Jokin Altuna mientras trataba de dar descanso al cuerpo. «Estoy jugando muchos de este tipo, exigentes desde el punto de vista físico». Hasta el momento aguantan bien. Altuna y Martija. Ambos.

No era día para vestir traje de Armani en el Beotibar. Nada de desfiles, nada de lucir guapo. Tocaba ponerse los pantalones de mahón azules, fabricados en Bergara y muy empleados en su día por obreros, baserritarras y arrantzales. Tampoco le sientan mal a Jokin Altuna. Por muy crack que sea. Que lo es.

De lo contrario, no habría resuelto el último tanto con una acción de gama alta. Los oponentes se habían acercado a dos, 21-19, tras ir seis por detrás en el 19-13. El nivel del agua subía con riesgo de rebasar la altura del cuello. La pelota salió en escapada de la derecha de Merino II hacia el txoko, llegó Altuna flexionando las piernas y cruzando una dejada con efecto hacia el ancho imposible para Irribarria.

Las delicadezas quedaron para otra ocasión. Altuna III sabe por qué. «Cuando los tantos son tan duros, llegas a su final con las fuerzas tocadas y no resuelves igual. No es lo mismo que cuando te lanzas fresco al remate. En esos casos aciertas con mayor facilidad».

Ser consciente de lo que sucede sobre la cancha ayuda a tomar en cada momento la decisión oportuna. Así lo hizo el actual campeón del Cuatro y Medio. Ni siquiera le descentraron varios errores de puntería a la hora de ejecutar paradas en el txoko. Siguió a lo suyo. Tenaz.

«Estoy contento con la victoria», expresó Altuna III. «Tiene mucho mérito porque ellos han dominado en la primera parte. Quizá no lo han aprovechado. No nos han cogido más de cuatro tantos de diferencia. Era importante que no abrieran brecha, seguir lo más pegado posible a ellos, no salirse del encuentro». El amezketarra leyó bien las situaciones que atravesó su zaguero: «Martija estaba nervioso al principio. No se ponía a la pelota. En esos momentos he entrado desde muy lejos para ayudarle».

Más pelota para Martija

Cambió el decorado. Poco a poco. Pero de manera inexorable. Altuna se dio cuenta: «A Julen le noto enseguida cuándo está con confianza y cuándo no. Ha empezado a sentirse más cómodo y le he dejado más pelota. No tengo miedo alguno de que vaya a fallar porque hace mucha buena. Apenas comete errores».

Con David Merino neutralizado, Irribarria dispuso de menos oportunidades para entrar en acción y castigar al zaguero rival. El material también perdió gas para alegría del de Etxeberri, benjamín del campeonato a sus 20 años. Altuna aparcó su preocupación por Martija para centrarse en otros menesteres: entrar de aire con la zurda para apretar la derecha de Irribarria, conectar cortadas entre los dos rivales, amagar para mermar las reservas físicas de Merino II y para que Martija extendiera de derecha. Con 16-13 el riojano sintió un pinchazo en el brazo derecho y pidió asistencia médica. Pudo seguir. El partido había tomado ya el rumbo marcado por Altuna.

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