PELOTA

El campeón sobrevive de forma agónica

El campeón sobrevive de forma agónica

Bengoetxea VI derrota por la mínima a Elezkano II tras ir todo el partido a remolque. El leitzarra acabó con el dedo índice de su mano derecha muy tocado, podría tenerlo roto, y su concurso en la última jornada es seria duda

ENRIQUE ECHAVARREN SAN SEBASTIÁN.

«Me he dado un fuerte golpe en la punta del dedo índice de la mano derecha. No una, dos veces, creo que lo tengo roto. He acabado el partido muy mal, con el dedo en malas condiciones. Ese no me lo había roto nunca aún. No sé si estaré en condiciones de poder jugar la semana que viene ante Víctor». Esas eras las manifestaciones de Oinatz Bengoetxea en los vestuarios del Labrit tras conseguir una victoria agónica, por la mínima, ante Elezkano II, que le permite seguir con opciones de entrar en las semifinales del Campeonato del Cuatro y medio. Si llega a perder, estaría ahora eliminado. Tenía previsto trasladarse a la Clínica La Asunción de Tolosa para que le sacasen unas radiografías. Su concurso en la tercera y decisiva jornada del grupo A está en el aire. En la misma tesitura se encuentra Aimar Olaizola, que acabó cojeando su duelo ante Víctor en el Adarraga de Logroño. Los dos pelotaris más veteranos de Asegarce, entre algodones.

A Oinatz Bengoetxea, vigente campeón, se le apareció la virgen en la bombonera pamplonesa. Danel Elezkano pecó de inexperto. Le entró miedo a ganar. En cierta medida es lógico. En su primera participación en la liguilla de cuartos ha cumplido de sobra, pero se resiste a tirar la toalla. Todavía tiene opciones de optar a la txapela, muy remotas, eso sí, pero luchará por ellas hasta el último aliento.

El delantero de Zaratamo comenzó mandando en el marcador y en el juego. No le importó lo más mínimo que enfrente estuviese el defensor de la txapela, el pelotari que arrasó la temporada pasada. Fue a por él, directamente. Sin complejos. Tenía que arriesgar, y lo hizo. Motivadísimo, su arranque del partido fue espectacular. Movió de un lado a otro de la cancha a un Oinatz que era incapaz de frenar las acometidas del contrario pese a su experiencia. Espeso, lento, sin ideas, el leitzarra fue presa fácil. Un detalle. En algunos de los tantos que Elezkano acabó en el ancho ni siquiera hizo además de correr.

Elezkano se vio con una ventaja muy importante (5-13). Ocho tantos de renta ante un pelotari de esa categoría. Oinatz ya había sufrido en sus carnes, mejor dicho en la punta de su dedo índice de la mano derecha, tres tantos antes (5-10), el primero de sus encontronazos con el cuero al entrar de sotamano, calcular mal y padecer el impacto. Y dos después (5-12) un nuevo golpe en la zona ya antes dañada al intentar devolver un saque-remate del manista vizcaíno.

Errores de Elezkano

A pesar de ello, Oinatz no es de ese tipo de pelotaris que se rinde fácilmente, aunque tenga prácticamente el partido perdido. Volvió a meterse no por su juego, sino gracias a los errores de Elezkano. Ya llovía menos, debía de pensar el leitzarra a medida que la diferencia en el luminoso iba acortándose. Los tantos caían en su zurrón uno tras otro (10-13). Elezkano II ya no era el mismo pelotari que mandaba con claridad en la cancha. Oinatz comenzaba a ganarle terreno (12-15). La moral había cambiado de bando.

Pese a todo, el delantero de Zaratamo no se vino abajo, siguió creyendo en sus posibilidades hasta el final. Más cuando su última renta se elevaba a cinco tantos (12-17). Cinco tantos le separaban de la gloria, pero Oinatz solo permitió que la mirase de cerca. No le permitió tocarla con sus dedos. El leitzarra, decidido a jugársela, encadenó cuatro tantos consecutivos y comprimió de nuevo la contienda (16-17) hasta llegar a empatar a 18. Las espadas estaban en todo lo alto.

Otro arreón del vizcaíno merced a dos errores del contrario le situó a un tanto de las puertas del cielo (18-21). Justo en ese momento, viéndose en casa en bata y zapatillas siguiendo el resto del campeonato, fue cuando apareció el Oinatz que conocemos. Arriesgó muchísimo con un gancho perfecto desde el cuatro y medio. Dos saques consecutivos, restables ambos, y un gancho le sirvieron para darle la vuelta a un partido que no olvidará.

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