Remonte

Calma chicha antes de la tempestad

Uterga y Urriza, ayer con el material para la final.
Uterga y Urriza, ayer con el material para la final. / PEDRO MARTÍNEZ

El pamplonés optó por pelotas de más peso y más vivas que las del de Doneztebe, que prefirió cueros ligeros. Urriza y Uterga separaron el material para la final del Individual del sábado

ENRIQUE ECHAVARREN

Javier Urriza y Xanti Uterga acudieron ayer a mediodía a Galarreta para elegir el material con el que el sábado (ETB 4-17.00) se jugarán la txapela del Individual-Torneo Kutxabank. Es la cita más importante del año para el remonte. Nada puede quedarse en el tintero. Kike Elizalde, intendente de Galarreta desde hace doce años, preparó con mimo un lote de 36 pelotas. «Son de tres modelos distintos, todas nuevas, las mismas que se han utilizado en la liguilla clasificatoria. La única diferencia está en el bolo, uno es más grande que otro», señala el exdelantero altsasuarra, quien se mantuvo en activo durante la friolera de 26 temporadas.

«Intentamos no hacer cambios bruscos al presentar el material -añade-. Hay veces que se puede colar en el lote una pelota exagerada, con más bote del habitual, o más sosa, pero no suele ser lo normal. Procuramos siempre poner un material para que prime el espectáculo. Esa es la máxima de todo intendente».

Material - Galarreta

Urriza:
se decantó por pelotas de más peso. Dos de ellas dieron en la báscula 130 gramos y la otra, 127.
Uterga:
optó por material más ligero. Dos pesaron 127 gramos y la restante 128.

Después llegó el turno de los finalistas. Javier Urriza fue el primero en escoger. Lo hizo acompañado por Seve Arcelus, su botillero y hombre de confianza. El expalista pamplonés no se despegó un metro de su pupilo y supervisó también después el entrenamiento que el vigente campeón realizó con Etxarri. «Había de todo en el cestaño, mucho donde elegir. Ambos somos delanteros y las pelotas que usamos son parecidas. Quizás las mías sean algo más fuertes, con algo más de peso. Me gustan que anden por el suelo, que sean rápidas, pero sin excesos. Si cogen demasiado bote pueden hacerte un roto. Recuerdo una final en la que Eizagirre le hizo 17 tantos de saque a Ezkurra», comenta Urriza, quien puede pasar a la historia si consigue la quinta txapela. Superaría en el palmarés a Manuel Agirrezabala Matxin II.

Uterga, sin botillero

Por contra, Xanti Uterga lo hizo en solitario. Su botillero, José Javier Etxeberria, Etxeberria III, no pudo acudir por motivos laborales. El doneztebarra se quedó con «pelotas más ligeras, aunque muy parecidas a las suyas». En la semifinal contra Barrenetxea IV optó por desgastar primero las pelotas vivas del zaguero hernaniarra y luego utilizar las elegidas por él. «Jugué casi todo el partido con las de Endika. Igual el sábado hago lo mismo con las de Urriza», bromeaba Uterga, quien disputa su segunda final del Individual tras perder hace dos años ante el propio Urriza.

La liturgia de la elección se realizó en familia, como suelen hacerse las cosas en Galarreta. Nada que ver con las polémicas de las competiciones de mano. En el remonte no hay intereses empresariales, todo el mundo rema en la misma dirección, aunque eso no quiere decir que los pelotaris no acabaran nunca a disgusto con el material. «Que yo sepa, nunca ha habido problemas. Jugábamos las finales con las mismas pelotas que lo hacíamos por parejas», apunta Juan Carlos Intxauspe, campeón en 1981 y 1985. El oriotarra, de 59 años, recuerda sus duelos contra Joxean Agerre. «Él sacaba siempre pelotas muy vivas y me enfadaba porque me atropellaba con el saque. En la cancha estábamos picados, pero fuera éramos y seguimos siendo amigos».

«En nuestros tiempos, el material se escogía en la oficina, nada de bajar a la cancha. Nunca había jaleo, pero eso sí, después de perder una final a alguien tenías que echarle la culpa de la derrota y en ese caso era la pelota», recuerda Pello Aizpuru, campeón en 1993. El zaguero de Urrestilla apostilla. «A Manuel, la intendencia siempre le ponía material que le favorecía», en referencia a Manuel Agirrezabala Matxin II, quien con su habitual buen humor sumo encajar el golpe. El de Matxinbenta, con cuatro txapelas en su palmarés, conquistadas en 1989, 1990, 1992 y 1994, puntualiza que «la pelota con la que disputábamos las finales era más baja que las que se usaban en los estelares. Jugábamos con lo que había. ¿Quejarnos? Cualquiera le decía algo a José Mari Salsamendi, el intendente de entonces».

El doneztebarra Iñaki Lizaso, campeón en 2000, vecino y amigo de Uterga, echa de menos «la expectación que había antaño cuando nos enfrentábamos Koteto y yo en una final. En Doneztebe no se hablaba de otra cosa durante toda la semana. No había otro tema de conversación y se cruzaban apuestas. Eso se ha perdido un poco ahora y habría que recuperarlo».

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