Diario Vasco

PELOTA

Casi mil pelotazos de diferencia

Oinatz Bengoetxea e Iker Irribarria ya fueron rivales en semifinales del Manomanista de Primera del año pasado.
Oinatz Bengoetxea e Iker Irribarria ya fueron rivales en semifinales del Manomanista de Primera del año pasado. / FÉLIX MORQUECHO
  • Los partidos de Irribarria han sido más cortos que los de Bengoetxea VI

  • El campeón manomanista y el del Cuatro y Medio vuelven a verse las caras el domingo en el Atano III dentro de la liguilla de semifinales del Parejas

Doce años de edad y de carrera profesional separan a Iker Irribarria de Oinatz Bengoetxea. Pertenecientes a generaciones distintas de pelotaris, son los dos campeones individuales de la actualidad. El de Arama posee la txapela del Manomanista, la 'corona' más preciada de todas. El de Leitza es el último vencedor del Cuatro y Medio.

El domingo por la tarde en el Atano III de Donostia cruzan sus trayectorias en un encuentro correspondiente a la segunda jornada de la liguilla de semifinales del Campeonato de Parejas entre los dos ganadores de la primera: Irribarria-Rezusta y Bengoetxea VI-Larunbe. Quienes lleguen a 22 darán un paso casi decisivo para estar en la final del domingo 9 de abril en Bilbao.

Irribarria y Bengoetxea VI ya protagonizaron una semifinal del pasado Manomanista, resuelta a favor del joven en el Astelena de Eibar. Sin embargo, la victoria ha sonreído al navarro en los dos choques de la fase inicial del Parejas, primero en Hendaia y semanas después en el Beotibar de Tolosa. De hecho, el delantero de Leitza y Larunbe son los únicos que de momento han hecho hincar la rodilla a los zurdos guipuzcoanos.

El duelo entre ambos delanteros posee ingredientes de sobra para atraer la atención del pelotazale. En sus quince compromisos anteriores, uno y otro han demostrado atravesar un magnífico momento de forma. Tampoco han faltado a ninguna jornada por lesión o enfermedad, circunstancia que ayuda a mantener una línea de juego regular, sin apenas altibajos.

Los números que coleccionan a nivel individual en el presente Campeonato de Parejas confirman la superioridad exhibida por Irribarria junto a Beñat Rezusta sobre el resto de participantes. De hecho, ambos figuran ya al frente de la clasificación Codere organizada por las empresas para premiar al mejor pelotari de la competición. Eso sí, les sigue Bengoetxea VI en la tercera plaza.

Hora y veinte más

Irribarria presenta mayor número de victorias y de tantos a favor que su oponente directo del domingo. En el caso de Bengoetxea VI llama la atención que su cifra de tantos en contra sea ligeramente superior a la de tantos a favor, ocho menos, lo cual no le ha impedido lograr plaza entre las cuatro mejores parejas del torneo.

Los apartados en los que la diferencia se acentúa son el de tiempo en la cancha y pelotazos. Irribarria ha necesitado una hora y 23 minutos menos que Bengoetxea VI en el global de su participación. Solo cinco partidos del campeón manomanista más joven de la historia han rebasado la hora de duración por diez -el doble- en el caso del delantero de Leitza.

Si los pelotazos a buena reflejan la dureza de los encuentros, está claro que Irribarria ha castigado menos sus manos. La diferencia es de casi mil, en concreto 973, lo que significa que el guipuzcoano ha disputado el equivalente a dos partidos menos que Oinatz Bengoetxea. De hecho, solo tres de los duelos del zurdo de Arama y Rezusta han rebasado los 500 pelotazos.

Las estadísticas ofensivas favorecen asimismo a Iker Irribarria con 151 tantos en juego, diez por choque, mientras que Bengoetxea VI roza los nueve de promedio. Ahora bien, el guipuzcoano ha conseguido bastantes a base de golpear atrás en busca del rebote. El navarro se ha prodigado más en las jugadas de habilidad que le caracterizan.

El apartado en el que Oinatz figura por delante es en el defensivo. Más sólido y experimentado, pierde 2,8 pelotas por encuentro. En el caso de Irribarria esa cifra se eleva a 4. También influye que el dominio claro ejercido por la pareja de Aspe en la mayoría de los peloteos les permite manejar un margen de error del que no disponen otros.

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