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Pocos kilos, pero alto voltaje

Pocos kilos, pero alto voltaje
  • Bengoetxea VI y Altuna III disputan una final inédita y cargada de electricidad esta tarde en el Ogueta

  • El de Amezketa tiene la oportunidad de ser el tercer guipuzcoano que gana el Cuatro y Medio tras Miguel Soroa en 1954 y Mikel Unanue en 1999

Por primera vez desde 2007, por primera vez en las nueve últimas ediciones del Campeonato del Cuatro y Medio, estamos ante una final sin la presencia de Aimar Olaizola o Juan Martínez de Irujo. Por primera vez desde no se sabe ni cuándo el peso de los dos finalistas no alcanza los 80 kilos. Según los datos oficiales de su empresa, Oinatz Bengoetxea tiene 77. Jokin Altuna está en 75. Tampoco destacan por su envergadura. El delantero de Leitza mide 1,78 y el de Amezketa, 1,80 raspado.

Es la hora de los artistas en una final de pocos kilos pero alto voltaje Viene cargada de electricidad por las características de ambos protagonistas. Bengoetxea VI y Altuna III aspiran a inscribir por primera vez su nombre en el palmarés del Campeonato del Cuatro y Medio, una cenicienta en sus inicios que cada vez cobra mayor importancia dentro del calendario de la mano profesional. Oinatz Bengoetxea dispuso de su primera oportunidad en 2012. Cayó ante Olaizola II. Para Jokin Altuna es el estreno en un compromiso de este calibre.

Están citados en el Ogueta de Vitoria, donde el festival da comienza a las 17.00 y será retransmitido en directo por ETB1. El buen ambiente está garantizado. Quedan algunas butacas de cancha a la venta, por lo que el frontón de la capital alavesa rozará el lleno. Cuatro autobuses de seguidores se desplazan desde Amezketa a Gasteiz para apoyar a Altuna III. Dos harán el viaje por la mañana para efectuar primero una visita al casco antiguo de la ciudad. Desde Leitza acude un autocar de pelotazales.

Doce años de edad separan los 32 de Oinatz Bengoetxea de los 20 de Jokin Altuna. Pertenecen a distintas generaciones. Cuando el delantero de Leitza debutó con Asegarce recién proclamado campeón del Mundo aficionado, el de Amezketa tenía seis años y apenas discernía lo bueno de lo no tan bueno cuando veía jugar a pelota en televisión. Su amona Margari le puso sobre aviso en una visita: «Oinatz tiene poca fuerza, pero será bueno».

Pese a la diferencia de edad, los dos finalistas coinciden en que han mamado esta distancia desde pequeños. Desde cadetes, juveniles y aficionados traían una cultura del cuatro y medio. Juan Luis Ubera, organizador del extinto torneo de Elgeta -referencia para esta modalidad- recuerda que «Bengoetxea VI ganó en la categoría sub 23 con 17 años. Y lo hizo con anécdota. Nuestra final era un domingo al mediodía. Por la mañana había participado con el equipo de Leitza en la final del Interpueblos de Navarra, en Zizur. Le trajeron en automóvil con los tacos puestos. A la hora del partido ya estaba en Elgeta. Batió a Agesta». El reglamento de la Federación Navarra permitía jugar dos partidos el mismo día al mismo pelotari, algo que no ocurría en Gipuzkoa.

Jokin Altuna no venció en Elgeta, pero disputó la final cadete de 2012 frente a Irribarria con 16 años. Unos días antes, ambos habían completado a las órdenes de Jokin Etxaniz el primer entrenamiento bajo el paraguas de Aspe, que ya había puesto sus tentáculos sobre ellos como futuribles.

Dentro de unas características similares desde el punto de vista físico y de una capacidad técnica fuera de lo común, Bengoetxea VI y Altuna III presentan estilos distintos a la hora de desenvolverse dentro del acotado. Oinatz es el rey del ritmo, el pelotari que menos acusa la velocidad gracias a sus recursos para salir del atolladero y de jugar a la contra. Entra lo mismo de sotamano de costado con la derecha que de besagain, encuentra los pies del rival, saca como un relámpago y su habilidad con la zurda le permite restar saques envenenados con una facilidad asombrosa. Empieza los partidos al cien por cien y los termina con idéntica intensidad dentro de los límites que le impone el organismo.

Para ello emplea un material rápido, el mismo que han usado Urrutikoetxea y Ezkurdia durante el presente campeonato. No tiene nada que ver con el oscuro de pergamino que desapareció de los lotes hace un par de años, pero ayuda a conseguir ese punto de velocidad que tanto gusta a Oinatz.

La pausa de Altuna III

Altuna III es más pausado. Baja el ritmo para intentar elevar la precisión. Eso no quiere decir que vaya a saltar a la cancha del Ogueta para ir de menos a más de forma intencionada. Consciente de la importancia de aguantar el chaparrón inicial de Oinatz, necesita equilibrar esa intensidad que caracteriza al navarro. Le urge mantener equilibrado el marcador para conservar o aumentar la confianza en sí mismo. Seguro que ha aprendido la lección del 22-7 que Bengoetxea VI le infligió el año pasado para cerrarle el paso a semifinales cuando le bastaba con llegar a 13, cifra que acabó convertida en una cima tan alta como el Everest. Prefiere una pelota como la de Olaizola II, con salida lenta de frontis y recorrido en el suelo. Tras empezar el Cuatro y Medio con material de mayor rapidez, ha evolucionado. Es lógico que un pelotari de 20 años defina esas cosas con el paso del tiempo y de los partidos.

Oinatz Bengoetxea parte como favorito para la cátedra. Los corredores de apuestas presumen momios de salida de 100 a 80 que acabarán en 60 a 100 por abajo. Le avala su magnífico campeonato, con tres victorias -incluida la de la semifinal ante el campeón Urrutikoetxea- y una sola derrota, muy ajustada, frente a Olaizola II en el primer asalto.

Jokin Altuna empezó con una dolorosa derrota frente a Urrutikoetxea por un abultado 22-7, a la que han seguido tres victorias. Sufrió lo indecible ante Víctor en su segundo encuentro ya que caía 19-12. Una tacada de diez tantos le dio vida, esperanza y fe porque después superó a Irribarria en el cierre de la liguilla y a Olaizola II en semifinales con dos actuaciones convincentes. Ha ido de menos a más.

Hace diecisiete años que un guipuzcoano logró por última vez la txapela del Cuatro y Medio, Mikel Unanue en 1999. El propio zurdo de Añorga había disputado la final cuatro ediciones antes, en 1995, frente a Jorge Nagore. Ambas fueron en el Ogueta, el mismo escenario de hoy.

Mucho antes, durante la primera y corta época de esta competición, Miguel Soroa se impuso a Ogueta en 1954, en el Astelena de Eibar. Gane o pierda, a Altuna III le cabe el honor de ser el quinto guipuzcoano en la final de esta distancia tras Bolinaga, Soroa, Txikuri y Unanue. Pelotaris con mayúsculas.

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