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PELOTA

Xalton Zabala: «Me quedo con el físico de Irribarria, la cabeza de Altuna III y el talento rematador de Jaka»

Xalton Zabala dirige un entrenamiento en el frontón Larrunarri de Amezketa. Al fondo, Aizpuru y Peru Labaka.
Xalton Zabala dirige un entrenamiento en el frontón Larrunarri de Amezketa. Al fondo, Aizpuru y Peru Labaka. / LUSA
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  • Conoce al finalista del Cuatro y Medio desde niño, desde que su madre le traía a las clases de piano que impartía en el edificio del frontón

José Antonio 'Xalton' Zabala (Amezketa, 64 años) dirige el club Zazpi Iturri de pelota en Amezketa y ha guiado los pasos de numerosos manistas, incluido Jokin Altuna. También habla con satisfacción y conocimiento de Erik Jaka, finalista del Cuatro y Medio Promoción, y del campeón manomanista Iker Irribarria, entre otros.

- ¡Vaya frío hace en el frontón Larrunarri de Amezketa durante los anocheceres de noviembre!

- Cuanto mayor me hago, más frío paso. Hay quien me dice que algún día me voy a quedar petrificado. He conocido años de quince o dieciséis días consecutivos de hielo. Entre el 9 de diciembre y el 12 o 13 de enero, desde el casco urbano ves el sol únicamente a primera hora de la mañana y a última de la tarde. Se pasa el resto del día tras el Txindoki.

- ¿Afecta el frío a Jokin Altuna?

- No. Xabi Tolosa, por ejemplo, acusa mucho el calor y las temperaturas altas. Quizá Jokin baje algo con el frío, pero pienso que lo aguanta bien.

- Aquel chaval al que le colgaban los pies de los barrotes de la barandilla... finalista del Cuatro y Medio.

- Su madre impartía clases de piano en horas extraescolares, las mismas en las que yo enseñaba a jugar a pelota en el frontón. Ella lo hacía en una sala que se encuentra dentro del mismo edificio. Traía a Jokin y el niño se quedaba en el piso alto del frontón. Colgaba los pies entre los barrotes de la barandilla y veía todos los entrenamientos. Hasta que vino a la cancha a los cinco años. No habrá nadie de su edad en Euskal Herria que haya visto tanta pelota como él.

- ¿Seguro?

- Mira, con ocho o nueve años me comentaba quién había andado bien en los entrenamientos, quién no terminaba de coger la iniciativa del juego... Analizaba los entrenamientos como un adulto. Todos los fines de semana iba con sus tíos remontistas a Galarreta o al Euskal para ver remonte. Lleva dentro la pelota. No olvido su reacción cuando su tío Imanol ganó por fin la txapela después de numerosas finales. El delantero rival era su hermano Garikoitz. Solté lágrimas de emoción. Jokin tendría seis años. Lloraba de forma desconsolada porque estaba a favor de... Garikoitz.

- Irribarria, Jaka, Altuna...

- No sé hasta qué punto soy consciente de lo que supone esto. Nuestro espejo en Amezketa eran Galarza I, Galarza II, Aierbe... Luego llegaron Eneko Galarza, Haritz, el zaldibiarra Sukia, Saralegi... Con Artola, que fue campeón del Mundo aficionado, me llevé una desilusión porque no dio el salto. Ahora han surgido estos pelotaris. Esta labor es una mezcla de alegría y tristeza.

- Construyamos el pelotari ideal. ¿Qué aptitud cogería de cada uno de los tres?

- El físico y la capacidad de trabajo de Irribarria, la cabeza de Altuna III y el talento rematador de Jaka.

- ¿Qué defectos descartaría?

- La falta de análisis de los partidos de Irribarria, aspecto que puede corregir. Altuna es demasiado emocional, necesita que le arropen. Y la defensa de Jaka, que puede ser culpa nuestra porque tardamos en pasarlo de zaguero a delantero.

- ¿Se deja aconsejar Altuna?

- Sí. Siempre lo ha hecho.

- ¿Se nace o se hace artista?

- Empezó a competir a los cinco o seis años. Hacía pareja con Gallurralde, tres mayor que él. Enseguida le ves algo especial. Cuando era infantil, Irribarria, Espinal y Darío, directos rivales, estaban más desarrollados que él físicamente. Sentía impotencia ante oponentes más fuertes. Pero eso mismo le ayudó a desarrollar otras cualidades: tomar la iniciativa, analizar a fondo el juego... Ahora bien, la condición de artista también se trae en los genes.

- ¿Lloró en el Atano III cuando Altuna selló el pase a la final?

- Estuve demasiado tranquilo. Me preocupa cuando pierde el control del partido, algo que no le sucedió en la semifinal contra Aimar. Frente a Víctor, en cambio, le vi resignado por momentos. Ante Irribarria, al poco de empezar me di cuenta de que Iker lo tenía muy difícil. La victoria del año pasado contra Olaizola II era una referencia y Altuna me transmitió su propia tranquilidad. Mi sobrino Haritz, en cambio, lo pasó fatal.

- Entró al vestuario.

- No me gusta ir porque en esos casos tu alegría contrasta con la tristeza del perdedor, algo que debes respetar. Sucede que vinieron conmigo cuatro niños, uno de ellos saharaui. En primer lugar pensamos esperarle junto al coche para cantarle el 'Zorionak'. Pero pasó por allí Apezetxea, el intendente, y me dijo que Jokin estaba solo. Le pedí que saliera y nada más llegar me dio un abrazo. Después se hizo una foto con los niños. Fue bonito. Está de profesor en prácticas en la escuela de Amezketa y a la mañana siguiente todos los alumnos le esperaban a las nueve y media. Pero le tocaba entrenamiento y no llegó hasta las once. La profesora dice que no pudo hacer nada con los niños de 7 y 8 años durante esa hora y media.

- ¿Bengoetxea VI, su rival en la final, es un hueso duro de roer?

- Sí. La semifinal entre Oinatz y Urrutikoetxea fue terrible. Les ves jugar en el Labrit y parece imposible derrotarle. Joxean Tolosa comentaba eso cuando jugaba. Dice que veía a los contrarios y se preguntaba '¿qué hago yo con estos?'. Pienso que ese temor es bueno porque te obliga a preparar mejor el partido, a analizarlo a fondo. Está la referencia del año pasado, la victoria de Bengoetxea VI por 22-7. Si Jokin le da velocidad al juego, Oinatz le imprime el doble. Estoy convencido de que si a esto se jugara de aire, sin dejar botar la pelota, nadie sería capaz de ganar a Bengoetxea VI dentro del cuatro y medio. Pero la final hay que jugarla.

- ¿A quién beneficia el Ogueta?

- Es igual para los dos. Obliga a jugar de aire porque la pelota va lejos cuando bota. Si aciertas con el gancho, es imposible llevarla a buena.

- ¿Ha cambiado Jokin desde aquel 22-7 del Atano III?

- Ha adquirido físico. Tampoco ha cogido muchos kilos. Siempre se ha cuidado y trabaja mucho. Eso le viene de familia. Sus tíos remontistas también eran finos. Posee la experiencia que da un año más de profesional. Se ha asentado, si bien le recomendaría no perder nunca ese desparpajo tan suyo. Quizá le falta capacidad de reacción cuando el mundo se le viene encima.

- ¿Aprendió de aquella lección?

- Hombre, sin duda. Hay que asimilar esas cosas y lo hace.

- ¿Cómo se vive este boom en Amezketa?

- Se nota en el ambiente. Mucha gente pide entradas para la final. Ha animado lo mismo a la gente joven como a familias jóvenes con sus hijos. Los clanes de Saralegi y Altuna se han unido. Las cuadrillas de Alegia también participan de este ambiente, que se ha extendido más lejos de Tolosaldea. En el Atano III vi cuadrillas de Urretxu, de Lazkao, de Azpeitia... Jokin es muy sociable.

- ¿Se atreve con alguna promesa?

- Ya hice una cuando Tolosa ganó la txapela manomanista. Dejé de fumar cigarros, no puros. Todavía hoy veo fotos mías de aquella época fumando al lado de niños y me apuro. Esa la cumplí, pero no otra cuando Amezketa se impuso en el Interpueblos en 1993. Por lo tanto, prefiero ahorrarme una nueva promesa.

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