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PELOTA

Pablo Berasaluze: «Con mi primer sueldo me compré una cadena de oro; todos los pelotaris la llevaban»

Pablo Berasaluze, sentado en las gradas del frontón Bizkaia de Bilbao, donde el delantero de Berriz juega hoy su último partido como profesional.
Pablo Berasaluze, sentado en las gradas del frontón Bizkaia de Bilbao, donde el delantero de Berriz juega hoy su último partido como profesional. / BORJA AGUDO
  • El delantero de Asegarce cuelga hoy el gerriko con 39 años en el Bizkaia de Bilbao, rodeado de amigos, después de 18 temporadas como pelotari profesional

Pablo Berasaluze afronta el paso de las horas antes de enfrentarse a uno de los momentos más difíciles, y a la vez emotivos, de su vida y de su carrera profesional. Cuelga hoy el gerriko, arropado por los suyos, en el frontón Bizkaia de Bilbao (ETB1-17.45). Juega con Urrutikoetxea ante Olaizola II y Larunbe.

- ¿Cuándo tiene el primer contacto con la pelota?

- Con cinco o seis años iba con mi padre a los frontones. Los sábados a Bergara y los domingos, a Eibar. Y durante la semana estaba todos los días en el frontón durante tres o cuatro horas. Mi casa estaba a 25 metros, sólo tenía que pasar la carretera.

- ¿De quién aprendió?

- A esa edad me apunté a la escuela de pelota de Berriz y empecé a jugar con mi tío, con mi primo Eñaut. Y con mi padre metí muchísimas horas en el frontón.

- ¿No había otra cosa en Berriz en esos tiempos?

- Sí, estaba el fútbol y el ciclismo con Marino Lejarreta. Pero a mí lo único que me gustaba era la pelota. Era lo que había vivido en casa.

- Dicen que se colaba en los vestuarios...

- Sí, para ver a los pelotaris y estar con ellos. Era la época de Julián Retegi, Ladis Galarza, Joxean Tolosa, Laduche. Me encantaba verle jugar a Pampi. En Eibar solían calentar en el túnel, junto a los vestuarios, y peloteaba con él. Pampi ha sido el pelotari en el que más me he fijado y el más bonito que he visto. Habrá habido pelotaris mejores que él, pero Pampi era un fuera de serie.

- Y que cuando acababan los partidos regresaba a casa con los tacos de las figuras como trofeo.

- Sí, muchas veces. A Retegi, a Pampi. Luego los desarmaba y me los ponía en la mano como solían hacerlo ellos. Me fijaba mucho cómo lo hacían. Eran unos artistas comparándolos con los de ahora. Hay jóvenes que son un desastre del copón. Lo hacían con mucho más mimo. Se preparaban los tacos el mismo día del partido. Cada partido hacían tacos nuevos. Ladis Galarza era el mejor, sin duda alguna.

- Eran los tiempos del hornillo...

- En aquella época no existía el pegamento verde que se utiliza ahora. Se usaba resina o Supergen, un pegamento. Ladis no utilizaba nada de eso. Calentaba el esparadrapo en el hornillo y se lo pegaba en la mano.

- ¿Se fijó en alguien para aprender a parar la pelota en el txoko?

- No sé, quizás Pampi. Ha sido mi referente. Iba a ver un partido y sólo me fijaba en él. Intentaba imitarle.

- Recuerda cuántos torneos llegó a jugar como aficionado...

- Muchos, muchos. Perdía muchos más de los que ganaba. Me faltaba fuerza y al jugar con chavales mayores que yo casi siempre acababa perdiendo. A los jóvenes hay que inculcarles que da igual perder o ganar, que lo importante es disfrutar y aprender a jugar a pelota. Veo ahora a muchos padres que solo quieren que ganen y hacen cualquier cosa para conseguirlo.

- ¿El primer gerriko?

- Me lo regaló mi madre.

- ¿Dónde ganó su primera txapela como aficionado?

- En Berriz, en 1984. Era un torneo que organizaban en memoria de mi abuelo, Txikito de Mallabia. Tendría seis o siete años. Todavía la guardo en casa. Tengo todas desde que empecé a jugar hasta que debuté.

- ¿Llegó a conocer a su abuelo?

- No, oí hablar de él, pero no le conocí. Murió muy joven, con 54 años.

- Su carrera como aficionado no se forjó en Berriz...

- No, con doce años fui a jugar a Mañaria. Tuve unos problemas con mi tío y me marché. Jugué el torneo del Duranguesado y luego en el Campeonato de Euskadi. A medida que ibas creciendo te invitaban a jugar en otros torneos como Lezama, Getxo, Mungia, EL DIARIO VASCO, Dinastía Etxabe, El Antiguo. Los frontones estaban siempre a tope.

- ¿Quién le llama para debutar?

- Había ganado el torneo de Lezama por segundo año consecutivo y Salva Vergara me venía siguiendo desde hace tiempo. Tenía 18 años. Quedé campeón del Torneo DV y un día, tras ganar en Oñati una semifinal de un torneo con los mejores aficionados, al llegar a casa tenía un mensaje en el contestador en el que decía que Asegarce quería hablar conmigo. Había hablado también con Aspe, que acababa de fundarse, y con Maesku, la empresa de Luis Benito Nalda. Al final me convenció más la propuesta de Asegarce y creo que he acertado. Firmé un contrato para un año y al sexto partido me llamaron para prolongarlo otros cinco años más.

- ¿De qué dinero hablamos?

- No me acuerdo bien, entonces serían unos seis o siete millones de pesetas al año.

- ¿Qué hizo con el primer sueldo? - Me compré una cadena de oro. En aquellos tiempos todos los pelotaris las llevaban. Pampi, también.

- ¿Qué supuso pasar a profesionales?

- Una gran alegría, no me lo esperaba. En casa me apoyaron mucho. Al principio el salto fue duro, pero contaba con la ventaja de que había jugado muchos partidos como aficionado, sobre todo los dos o tres últimos años. Decían que iba a quemarme. Ahora están debutando chavales que aún están verdes. Deberían hacerse más en aficionados. Cuando llegué había gente muy buena en Segunda como Lejardi, Urionaguena... Costaba mucho ganarles.

- ¿El mejor consejo que le dieron?

- No me acuerdo, fueron tantos.

- Su primera final del Parejas llega al año de debutar, en 1999, con Rubén Beloki como zaguero.

- Debuté en febrero y fue un salto muy grande. Ganamos juntos en San Mateo y cuando me dijeron que iba a jugar el Parejas con él no me lo creía. Era algo impensable. En aquellos tiempos Rubén marcaba diferencias. Hizo un campeonato buenísimo, en cambio yo no estuve a la altura. Era un niño. El día que mejor jugué fue en la final y coincidió que Rubén no tuvo su mejor día.

- Pero no todo ha sido un camino de rosas en su carrera...

- La muerte de mi padre me afectó muchísimo. Fue el 28 de febrero de 2003, justo el día en que acababa mi primera contrato. Fue un mazazo muy gordo. Yo tenía 25 años, había estado con él toda la vida. Íbamos juntos al frontón, a todos lados. Fue todo para mí. Si no llega a ser por él no hubiese sido pelotari.

- Le costó superarlo...

- Mucho, tuve un bajón, empecé a sentirme mal y estuve viviendo tres años en Bilbao con mis tíos y mis primas. Lo pasé muy mal. Seguí jugando, pero estaba muy medicado. Jugar el fin de semana era una válvula de escape. Durante la semana no tenía ganas de nada. Jugaba terceros partidos con Beobide, Urrizelki, Belloso, Oteiza, Eskudero... Estuve muy a gusto con ellos.

- ¿Pensó en dejarlo?

- Sí, por qué negarlo. No me encontraba bien, estaba deprimido, pero con el apoyo de mi familia y mis amigos logré salir adelante. Iba a un gimnasio que tenían Imanol y Joseba Etxeberria. Me agarré a la pelota y continué yendo al frontón, aunque fuese a ver chavales. Cuando dejé la medicación, mi cuerpo era otro.

- En 2008 regresa a la elite.

- Sí, cuajé un buen verano y cada día me encontraba mejor.

- Y en 2012 vive una segunda juventud.

- Fue un año bastante bueno. Preparé bastante bien el Cuatro y medio con Gorostiza haciendo series en frontón y le gané a Irujo. Entré en semifinales y al año siguiente, en 2013, disputé la final del Parejas con Albisu. Comenzamos bastante mal, perdimos cinco o seis partidos. pero llegamos. No pude acabar la final porque me rompí el tendón de Aquiles. Sabía que tenía algo gordo, que me esperaban cinco o seis meses en el dique seco, pero todo fue muy bonito. Me quedo con el cariño de la gente. Es un recuerdo triste y bonito a la vez. Siempre me he sentido querido por la afición.

- La pelota le dio otra oportunidad en 2015, otra final del Parejas, esta vez con Zubieta.

- No disfruté nada. Salí con muchísimo miedo de romperme otra vez. Era el mismo frontón, otro lleno, la gente conmigo. Le di un montón de vueltas a la cabeza. En vez de disfrutar, fue un sufrimiento para mí.

- Dice adiós sin haber ganado ninguna txapela...

- He jugado tres finales y he perdido las tres. Siempre da un poco de pena, pero aunque hubiese ganado una la gente no me recordará por eso sino por que era un pelotari bonito, diferente al resto.

- ¿Cuándo empieza a pensar en la retirada?

- El año pasado renuncié al Cuatro y medio porque estaba lesionado. Sabía que iba a jugar el Parejas, pero no me veía en el nivel de los de arriba. Había días en los que estaba bien y otros no tanto. Hablé con la empresa y les dije que ya había llegado la hora. Quería hacer un buen verano y luego despedirme. Asegarce quería que siguiese un año más, pero mi respuesta fue negativa. No pensaba arrastrarme por los frontones, había que dejar paso a los jóvenes.

- ¿Cambiaría algo?

- No sé, con 20 años me gustaba salir como a todos los jóvenes, nunca antes de un partido. He andado de fiesta, pero no tenía una vida desordenada como se ha dicho. No he sido un golfo.

- ¿Cuál de todos los homenajes que le han tributado le ha hecho más ilusión?

- Todos, pero quizás el de Berriz fue especial al ser en el pueblo, rodeado de mi gente. Estuvo Pampi.

- ¿Cree que se va a emocionar hoy en el Bizkaia?

- Me imagino que sí, pero no quiero ni pensarlo. Espero que sea un día bonito. Me voy contento. He disfrutado muchísimo durante todos estos años. He hecho muchos amigos y he podido jugar junto a pelotaris de como Aimar, Irujo o Titín. Eso ha sido un premio. Ojalá que Juan se recupere pronto porque la pelota le necesita.

- ¿Volvería a ser pelotari?

- Sin duda alguna.

- Tengo una curiosidad ¿quién le puso Pablito?

- No me acuerdo, pero Ogueta ya me nombraba así cuando retransmitía los partidos por televisión.

- La última, ¿un pelotari nace o se hace?

- Para jugar bien a pelota hay que meter muchas horas en el frontón. En los últimos años se está dando demasiada importancia al apartado físico y creo que es un error. Hoy en día se hace muy poco frontón. Por ejemplo, los futbolistas están todos los días con el balón. Y eso debería pasar también en la pelota.

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