Automovilismo

Toda una vida con el acelerador a fondo

Heptacampeón. Ander Vilariño posa con todos los trofeos europeos que ha conseguido en su dilatada trayectoria. / USOZ
Heptacampeón. Ander Vilariño posa con todos los trofeos europeos que ha conseguido en su dilatada trayectoria. / USOZ

«Estar en el Hall of Fame de la Nascar es lo más grande que he vivido», afirma Ander Vilariño, que llegó ayer a casa tras ganar su séptimo título continental

RAÚL MELERO

Ander Vilariño paladea su último gran triunfo en el Campeonato de Europa de resistencia de Sport Prototipos. «La celebración grande con el equipo será dentro de algunos días. Ahora toca descansar». Aunque el reposo para el piloto guipuzcoano es relativo. «Hoy (por ayer) he ido un rato a la piscina. No lo puedo remediar, soy así. No puedo estar quieto», afirma el piloto hondarribiarra.

«Ya buscaré un hueco en casa para este título, bueno, en realidad me lo dan en diciembre. Así que haré sitio», cuenta Villariño quien tiene repartidos todos sus trofeos en su domicilio, el circuito de Olaberria y la casa de sus padres. «Las copas de las carreras las reparto entre los compañeros de equipo y mecánicos. Sin ellos, el coche no anda. Además, siempre les invito a cenar un día en Donostia como señal de gratitud», reconoce.

Preguntado por cuáles son los triunfos que mejor recuerdo le traen, Vilariño lo tiene claro. «La primera Nascar europea porque fue el primero que se organizó aquí y el primero de resistencia porque es un campeonato que se nos resistió y finalmente nos hicimos con él». El hijo del incombustible Andrés Vilariño ha probado todo tipo de vehículos y categorías. «Me falta hacer un raid tipo Paris-Dakar, pero por ahora no me llama». De la montaña se queda con «la adrenalina de que parece que te la estás jugando en cada curva», en los rallies «cómo se improvisa en cada tramo y por ejemplo en el Nascar lo divertido que es ir puerta con puerta con un coche».

Pero sobre todo lo que le gustan son los trazados cerrados. «Soy un piloto de circuito, está claro». Y lo explica diciendo que «es un concepto de buscar la excelencia en cada uno de los centímetros de la pista. Cómo ir más rápido ya sea en recta o curva. Y, por supuesto, hacerlo al cien por cien». Vilariño, que lleva montado desde los cuatro años en un coche no tiene dudas sobre su trazado favorito: «Spa Francorchamps, con diferencia. Lo he hecho en dos categorías distintas y es espectacular. Creo que si preguntas a todos los pilotos te van a decir lo mimo que yo». Sin embargo sorprende por cual fue el que más le impresionó. «Brands Hatch, en el Reino Unido. El circuito y los fans son asombrosos».

En el Hall of Fame

Siete títulos continentales, 96 victorias y 140 podios. Se dice pronto. Y eso que las vueltas rápidas y las pole position no tienen premio. Un alivio para Vilariño. Una curiosidad que quizá pocos sepan es que en su casco lleva una barandilla de La Concha. «Se le ocurrió a mi madre cuando corría en Fórmula Renault, tener un distintivo y lo pusimos. Después lo hicieron mi padre y mi hermana en el casco. La he paseado por todo Europa».

Repasando muchos episodios de su dilatada carrera se para en uno. Quizá el que más orgullo le produce. «Puede que la gente no lo entienda, pero estar en el Hall of Fame por haber ganado la Nascar Europa es algo increíble. Ese día se me saltaron las lágrimas». Muy por encima del Rallye de San Sebastián. Vilariño se ríe. «Mi padre lo ganó con mi madre de copiloto. Y yo con mi mujer, 23 años después».

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