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La victoria en Daytona, una quimera

Alonso, durante los entrenamientos en Daytona. / GERARDO MORA/EFE
Alonso, durante los entrenamientos en Daytona. / GERARDO MORA/EFE

Las características de los coches competidores y de la carrera hacen bastante improbable (pero no imposible) la victoria de Alonso

DAVIS DÁNCHEZ DE CASTRO

Dice Fernando Alonso cada vez que va a comenzar un campeonato, una carrera o unos simples entrenamientos que su objetivo como deportista siempre es ganar. El afán competitivo del asturiano es innegable, y lo ha demostrado en multitud de ocasiones. Hasta fue objeto de broma para un anuncio de Mercedes en 2007, cuando los alemanes motorizaban a una McLaren que era firme candidata al título y no un objeto de broma en el paddock de la Fórmula 1. Por eso no le gustará los datos y presentimientos que hay. Después del ROAR 24, el fin de semana de calentamiento previo a las 24 horas de Daytona (27y 28 de enero), Fernando Alonso y el United Autosports no han estado en los primeros puestos salvo de manera circunstancial. No es culpa de ellos, o de una falta de competitividad que puede ser lo que le lastra en la Fórmula 1, sino simplemente que compite en la segunda división de la categoría.

Una de las características que hacen únicos los campeonatos de resistencia tipo el IMSA o el WEC es la presencia simultánea de prototipos y de coches GTs. A su vez, los primeros se dividen en dos: DPi y LMP2 (IMSA), y LMP1 y LMP2 (WEC). La diferencia no es baladí, si bien en el campeonato de Estados Unidos los cambios son más sutiles que en el campeonato mundial con reglamento FIA. Sea como fuere, tanto en uno como en otro, los LMP2 (que son iguales en ambos campeonatos) son la segunda categoría de las carreras.

Las siglas DPi ya dicen mucho de unos prototipos pensados para esta carrera como eje: Daytona Prototype International. Aunque comparten base, los LMP2 son unos prototipos fabricados de base y sin posibilidad de evolucionar por los equipos. Es aquí donde radica la principal diferencia: los chasis de los DPi y los LMP2 son creados por los cuatro motoristas homologados por la FIA (Oreca, Ligier, Dallara y Riley), pero mientras los primeros tienen motores diferentes (Mazda, Cadillac, Acura y Nissan), los segundos comparten motores Gibson comunes para todos. Dicho en corto, y con muchos matices: los DPi son LMP2 potenciados.

En el ROAR ya se vio que los DPi parten con una superioridad de inicio clara. Los seis primeros de la clasificación del domingo, realizada sólo en 15 minutos y únicamente para establecer las posiciones de boxes, dejaron en cabeza a un Felipe Nasr a bordo de un Cadillac que salió por la puerta de atrás de la Fórmula 1. Casi dos segundos más lento fue Fernando Alonso que, si bien cuenta con poca experiencia en este tipo de bólidos, no se había visto tan retrasado con respecto a Nasr en los tiempos en los que compartieron pista en el Gran Circo.

Decía Alonso antes de viajar a Florida que su primer objetivo era ganar las 24 horas de Daytona, pero por rendimiento puro lo tiene más que difícil. Sin embargo, ni mucho menos es imposible que un LMP2 conquiste una carrera de 24 horas. El mejor ejemplo está en la disputa de la mítica carrera de Le Mans de 2017. El equipo del actor Jackie Chan estuvo a punto de hacerse con la victoria absoluta, que finalmente fue para Porsche como despedida del WEC. Ese mismo equipo está enrolado en Daytona, y contará con el español Dani Juncadella entre sus pilotos.

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