Diario Vasco

GP de motegui

El agrio final de una relación de nueve años

Jorge Lorenzo.
Jorge Lorenzo. / EFE
  • Yamaha no permite a Lorenzo entrenar con Ducati a finales de noviembre

Con la estadísticamente remota posibilidad de que el catalán Marc Márquez se convirtiese en campeón del mundo en Motegi sobrevolando MotoGP, uno de los focos de atención del Gran Premio de Japón ha sido el no de Yamaha a Jorge Lorenzo para hacer un segundo test en noviembre con Ducati.

La marca italiana tenía previsto entrenar antes del fin oficial del año -el Mundial de Motociclismo tiene un periodo de prohibición de entrenamientos que va desde el 1 de diciembre al 31 de enero, ambas fechas incluidas-, aunque para ello debía tener el beneplácito de Yamaha, ya que el contrato del mallorquín con su todavía casa finaliza el último día de 2016.

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Una política de empresa, la de obligar a firmar hasta el término de diciembre, que también sigue Honda, mientras que otras marcas como Ducati o Suzuki, pese a mantener esta misma cláusula -planteada para mantener el derecho a utilizar la imagen de los pilotos hasta fin de curso, por ejemplo, por si ganan el título- dejan que se celebren estos entrenamientos mientras que lo hagan con una estética neutra que impida visualizar a la nueva marca.

«Esto es un deporte pero también un negocio, no es caridad», afirmó tajante el sábado en Motegi Lin Jarvis, máximo responsable de Yamaha en el apartado deportivo y que con una rueda de prensa quiso responder tanto a los comentarios de Lorenzo como a los vertidos por Gigi Dall'Igna, su par en Ducati. «Por la buena relación que hemos tenido y los años que hemos vivido, por todo lo que hemos conseguido juntos, creo que me lo merezco», había dicho el mallorquín tras conocer esa decisión de dejarle probar la Ducati solo en Valencia, en el entrenamiento posterior al último Gran Premio del año, una prueba convertida en show en la que se descubren las novedades de la temporada siguiente.

«Yamaha es libre de decidir y tienen la oportunidad de hacerlo», había apuntado Dall'Igna en una televisión italiana antes de conocer la decisión de Yamaha sobre ese primer entrenamiento de cara a 2017. «Nosotros tenemos un contrato que nos une con Iannone y, en cualquier caso, decidimos darle la libertad de hacer sus test, sus pruebas, con total libertad. Creo que la deportividad es algo importante, espero y deseo que Yamaha tenga un poco de deportividad y que permita a Lorenzo probar nuestra moto en Valencia».

«Permitimos que pruebe en Valencia como una concesión, dentro de un marco de deportividad. Pero creemos que eso es suficiente. De hecho, sentimos que no le estamos quitando dos días de entrenamientos sino que le estamos dando dos, porque por contrato podría estar sin subirse a la Ducati hasta el 31 de diciembre», puntualizó Jarvis que, para evitar dar un argumento sólido a su todavía piloto, ratificó también que otro de los pilotos con contrato de fábrica, Pol Espargaró, tampoco podrá estar en Jerez, en su caso para rodar con la KTM.

Esto mientras que Yamaha sí podrá disponer de Maverick Viñales en esas mismas fechas, aunque en el circuito de Sepang, por esa salvedad en su contrato con Suzuki que le mantendrá como 'trabajador' de la marca sin bloquear su futuro deportivo. En el caso de Espargaró ha pasado a convertirse en el daño colateral del intento por dificultar el arranque del proyecto Ducati-Lorenzo. Porque, de todos los motivos dados por Jarvis, es ese el único lo suficientemente sólido.

Arriesgada inversión

«Ducati ha invertido mucho dinero en él y quiere que se adapte a toda velocidad. Pero nuestro cometido no es ponérselo fácil, porque estamos convencidos de que será uno de nuestros principales oponentes en 2017», reconoció como una de las razones. Las otras, salvaguardar los intereses de los patrocinadores de la escudería que representa y proteger hasta el final el fuerte desembolso económico hecho en un piloto que le ha dado desde 2008 a la marca tres títulos mundiales, 43 victorias con un total de 105 podios y hasta 38 'poles'. En cualquier caso, ninguna de estas tres sería aplicable a Espargaró, que ni compite en la misma escudería, ni ha implicado un coste comparable con Lorenzo y que no será -a priori- un rival de Yamaha. Esto, y la poca importancia que Jarvis le dio al explicar su caso, confirman eso de que se ha convertido en una víctima secundaria de una conflicto que ejemplifica el mal final del matrimonio Yamaha-Lorenzo, muy viciado ya desde el dramático final de la temporada 2015 y que enfrió aquel mensaje que el mallorquín no se cansaba de repetir en el pasado de que su sueño era el de retirarse siendo piloto de una sola fábrica.

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