La prórroga

«En la Villa Olímpica comí con Carl Lewis»

. Los pelotaris brindan con sus medallas. /EFE
. Los pelotaris brindan con sus medallas. / EFE

La Federación Catalana rinde hoy un homenaje en el frontón Vall d’Hebron a los pelotaris que tomaron parte en los Juegos de Barcelona en 1992

ENRIQUE ECHAVARREN

Una nutrida representación de los pelotaris que tomaron parte en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, en el que la pelota fue deporte de exhibición, se darán cita hoy en el frontón Vall d’Hebron donde serán homenajeados por la Federación Catalana de pelota al cumplirse el 25 aniversario de la cita olímpica. Entre esa numerosa lista figuran ilustres campeones como el manista Rubén Beloki, el palista Juan Pablo o el puntista Juan Antonio Compañón ‘Konpa’, y también otros muchos que no llegaron a alcanzar después la fama pero en su día aportaron su granito de arena para la consecución de las medallas. El segurarra José María Etxeberria era el jefe de la expedición en la que había representación guipuzcoana en paleta goma argentina –Sagarzazu, Irizar, Pagoaga–, cesta punta y trinquete, con Goikoetxea como cabeza visible, aunque no en la modalidad de mano.

«Antxon Ibarra era nuestro seleccionador», afirma el burladés Rubén Beloki, medalla de oro individual, quien solo tenía 17 años cuando pisó por primera vez la Villa Olímpica. «Era un chaval que apenas había salido de Burlada. Pertenecía al club Oberena desde los catorce. La primera vez que viajé a Barcelona tendría quince, para jugar partidos de exhibición en la Casa de los Navarros. También fui a disputar las finales del Federaciones en Ciudad Real y el Open de España en Almería, pero aquello era otro mundo».

El combinado de mano estaba formado por el propio Beloki y el berriztarra Jon Bazeta en mano individual. Y el riojano José Ángel Balanza Gorostiza, el goizuetarra Iñaki Lujanbio, el estellés Alfredo Balerdi y el sestaoarra Juanma Fernández por parejas. «Ir a los Juegos Olímpicos fue una sorpresa para mí, pero también hay que decir que se trabajó mucho y bien antes de ir a competir. Queríamos hacer las cosas bien. Comenzamos a entrenar un año antes en Altsasu y muchos pelotaris fueron descartados, entre ellos Armendariz, Lejardi o Fernando Azkarate. Y de enero a agosto nos desplazábamos toda la delegación cada quince días a Barcelona para entrenar allí. Estábamos becados por el ADO. Nos las arreglábamos bien. Gorostiza solía llevar chorizos de Baños de Río Tobía y yo espárragos y pimientos de Burlada».

La antorcha y el arquero

Su estancia en la Villa Olímpica fue un cúmulo de sensaciones. «Aquello era algo enorme. Compartí habitación con Lujanbio y Balerdi. Estuvimos casi veinte días y salimos justo antes de la ceremonia de clausura. Pero vimos en directo la inaugural, con Epi llevando la antorcha y el arquero encendiendo el pebetero con la flecha. Fue algo impresionante», rememora el ahora intendente y técnico de Asegarce.

La lista de anécdotas es innumerable. «Allí la salsa la poníamos nosotros. Los nuestros eran partidos de exhibición relativamente cómodos, salvo contra Francia, y no teníamos la presión de otros deportistas. Oskar Insausti y Bazeta solían liarla gorda con el karaoke. Nos llevábamos bien con todo el mundo. Al lado de nuestras habitaciones estaban las de la selección de fútbol. Allí te cruzaban con Guardiola o Kiko Narváez con total naturalidad».

Pero lo que realmente le impactó a Beloki fue tener la posibilidad de codearse y compartir espacio con los mejores deportistas del mundo de aquella época. Lo mejor de lo mejor. «El comedor de la Villa Olímpica estaba abierto las 24 horas del día y algunos de nuestro equipo –elude citar nombres– tuvieron que pasar por la báscula por que se habían pasado de peso. Allí estaban los mejores del mundo en sus respectivos deporte, las estrellas que veías por televisión. Boris Becker, Arvidas Sabonis o Drazen Petrovic. Incluso un día coincidimos con el Dream Team de baloncesto, con Magic Johnson y Michael Jordan. Y en una ocasión comí al lado de Carl Lewis. Te preguntabas, ‘cómo puedo estar yo aquí junto a todos estos...’».

Beloki ganó la final de mano individual al francés Philippe Irigoien, natural de Hendaia y que luego fue profesional con Aspe, por 22-11. Antes había derrotado a Venezuela, México y al suplente francés. Bazeta también colaboró al imponerse en el estreno a Cuba. «¿La medalla de oro? Está a buen recaudo en casa de mis padres», bromea.

Los ganadores de la medalla de oro fueron premiados con 300.000 cada uno –50 millones de pesetas de las de antes– por parte de una entidad financiera, cantidad que podrían hacer efectiva cuando cumpliesen 50 años. «Yo todavía tengo 43, así que me toca esperar siete años más. Otros, como Gorostiza, lo tienen más cerca», apunta el exmanista navarro.

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