«El triunfo es la sonrisa de Lilyo»

Javier Delgado completó el ironman Hourtin Frenchman junto a un niño de 8 años en silla de ruedas por una dolencia sin diagnóstico

Javier Delgado tira de Lilyo durante un momento de la prueba en bicicleta.
Axel Guerra
AXEL GUERRA

Dos días después de completar el ironman de Hourtin junto a Lilyo –un niño francés de 8 años, en silla de ruedas por una dolencia sin diagnóstico– a Javier Delgado le cuesta reunir las palabras necesarias para explicar su vivencia en la prueba francesa. «Algo mágico» son las dos primeras que le salen mientras hace una pausa de unos segundos. «Ha sido la experiencia más increíble y humana de mi vida», concluye con un hilillo de emoción.

Este irundarra es un deportista que en los últimos años se ha especializado en pruebas de ultradistancia, –ha disputado once ironman, con siete top 10–, en las que un día decidió que más que competir por una marca o un podio lo haría para difundir causas solidarias con el objetivo de llamar la atención de la sociedad para que colabore con ellas. En 2015 realizó cinco ironman en cinco meses para dar a conocer a la pequeña Jara, la irundarra que padece SHUA –síndrome hemolítico urémico atípico–. En 2016 dio difusión a Juneren Hegoak y en 2017 a Pausoka, las asociaciones de Errenteria y Urnieta que aglutinan a familias de niños y niñas con necesidades y enfermedades especiales.

Su último gesto solidario lo realizó el sábado junto a Lilyo, un chaval que tiene una dolencia sin diagnóstico «que le mantiene con una mentalidad de dos años, le provoca dificultades para comunicarse y que le hace vivir postrado en una silla de ruedas por sus problemas de movilidad». El reto consistió en completar el Hourtin Frenchman –3,8 kilómetros a nado, 180 en bicicleta y 42,195 de carrera a pie– con Lylio a cuestas, tirando de su silla de ruedas o de una pequeña lancha.

Doce horas de esfuerzo

En la prueba había un límite de dieciséis horas para completarla. Delgado invirtió doce. De la natación salió «muy contento» porque solo invirtió diez minutos más de lo habitual, pero el «golpe» llegó en los 180 kilómetros de bicicleta. «Calculamos que entre Lilyo y el carro arrastraba cuarenta kilos extra que hacían que los tramos de falso llano fueran muy duros».

Los realizó rodeado de un grupo de voluntarios, amigos y familiares que se encargaron de crear una zona de seguridad en torno a él y que cada 15 kilómetros atendían al niño. «Era mucho tiempo de esfuerzo y no sabíamos cómo iba a responder, pero disfrutó como el que más». A la dureza de la prueba se le añadió otra dificultad inesperada. «Nos pilló una granizada, que me dejó destemplado. Estaba tiritando cuando llegamos a la zona para comenzar la fase de carrera a pie».

Pero decidió seguir y el esfuerzo mereció la pena. Debía dar cuatro vueltas a un circuito de 10,5 kilómetros, con unas rectas de dos en la zona de meta. «Nos cruzábamos con el resto de participantes que nos acompañaban algunos tramos, el público coreaba el nombre del niño... Fue impresionante. El triunfo no es finalizar la prueba, sino ver la sonrisa de felicidad de Lilyo. Esa es la mejor medalla».

Ahora, Delgado busca nuevos retos que cumplir. «Lo voy a pensar mientras salgo ahora a entrenar. Voy a rodar treinta kilómetros con la bicicleta y a nadar una hora».

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