Montaña

Cuando subir a Hernio es una tradición

Cintas en la cruz de piedra del collado de Hernio que dan color a las romerías de septiembre. / JMS

El domingo, última opción para cumplir con las romerías de septiembre de esta cumbre y seguir con esta arraigada costumbre entre los montañeros

JUAN MANUEL SOTILLOS SAN SEBASTIÁN.

Para los más perezosos o despistados todavía queda una oportunidad para acudir a esa romería de Hernio que durante el mes de septiembre se celebra cumpliendo con la tradición. El domingo tendrán la última oportunidad. Unos subirán de Errezil, otros de Larraul, de Bidania, de Iturburu, Alkiza, etc.. Quizás la mayoría elija la opción de Iturriotz, pero todos confluirán, tras hacer la cumbre de 1.078 metros o no, en esa atalaya que conforman las campas de Zelatun.

El que fuera colaborador de EL DIARIO VASCO, el montañero irundarra Luis Pedro Peña Santiago reflejó en muchos de sus reportajes de fines de semana que publicaba en su espacio 'Orbel haiza-Viento de hojarasca' el arte, la etnografía, la cultura vasca, con su denominado paisaje y paisanaje.

Escribió a lo largo de su vida numerosos libros, muchos de ellos de montaña y precisamente de su '100 cumbres y rincones de la montaña vasca' (Elkar, Donostia 1990), extraemos unos textos, siempre concisos y sinceros, que hablan de la excursión a la montaña de las cruces votiva», como él la denominaba. «Hernio es todavía uno de los parajes más extraordinarios de la montaña vasca. En su cima rocosa se asienta una misteriosa necrópolis donde las cruces recuerdan a los muertos, y los aros de hierro que cuelgan de los brazos de la cruz piedra del calvario, curan las enfermedades». Esto escribía Luis Pedro Peña Santiago en 1990.

Pero en 2014, por decisión de la Mancomunidad que alberga Hernio, se quitaron la mayoría de las cruces apostadas alrededor de la cumbre de esta emblemática montaña, dejando, por supuesto, la gran cruz blanca y alguna otra.

Peña Santiago decía que «en los domingos de septiembre, a las puertas del otoño, la luz de los rollos de argiyaza ilumina el camino de los muertos hacia la eternidad. Los rezos cumplen las promesas y las cintas multicolores quedan atadas a los hierros de la cruz, repitiendo a cada caricia del viento las oraciones de los peregrinos».

El camino por Iturriotz

La mayoría de participantes tomará el camino por Iturriotz, lugar que como cuenta Luis Pedro en su relato «fue durante siglos una de las más importantes encrucijadas de caminos de Gipuzkoa y, según la tradición, por ahí marchó San Ignacio de Loyola en su viaje solitario de París a Azpeitia. Próxima a la venta se levanta la ermita de San Juan Bautista y se dice que las aguas del manantial que brota junto a sus muros sanaban de la tiña y de la sarna».

Subiendo por los altos de Zerain «la ruta pasa cercana a la majada pastoril y dolmen de Zerain-go-ordeka. Luego, ladeando la peña de Zezen-harri, nos situamos en el collado de Zelatun», lugar de encuentro donde se celebran las tradicionales romerías, con bailables, trikitixa, etc., todo ello acompañado por las comidas y bebidas que abastecen las bordas del collado.

Y se aborda la parte final de la subida. «Desde Zelatun, por un bellísimo camino tallado de la roca, ascendemos hasta la cumbre de Hernio». Todo ello por unos lugares y caminos que, como recuerda «si el culto a los muertos se agarra todavía a esas piedras, también viven ahí aún las leyendas de los 'gentiles' y los viejos relatos de las batallas de los vascos contra Roma, que aunque legendarios se mantienen con una singular fuerza en el pensamiento popular».

El ambiente, como todos los años y todos los domingos en las tradicionales romerías del Hernio, está asegurado. Y todavía, aún más, el de éste, la última oportunidad para asistir a este multitudinario evento en las campas de Zelatun. Un buen plan para seguir cumpliendo con la tradición.

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