Carreras de montaña

Lizeaga: «El monte me tragó y la media hora en la sima fue horrible; me despedí de todo»

El urnietarra Jokin Lizeaga, en una imagen anterior, tiene motivos para sonreír tras la caída sufrida en tierras asturianas. / DV

Jokin Lizeaga regresó anoche a casa, donde se deberá recuperar de varias roturas, consciente de que ha «vuelto a nacer» tras su accidente en Asturias

OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

«Apenas he podido dormir un par de horas. Me venían una y otra vez a la cabeza los seis u ocho segundos durante los que fui cayendo por el interior de la sima. Fue angustioso, porque no sabía donde iba a parar». Así relataba ayer Jokin Lizeaga (Urnieta, 1979), apenas media hora después de recibir el alta en el Hospital Comarcal de Arriondas, el accidente que sufrió el sábado por la mañana cuando participaba en el Trail de las Pastoras de Portudera, una carrera de montaña en Cabrales (Asturias) que ya figuraba en su palmarés.

Según explica el propio urnietarra, sufre una luxación en un hombro y una contractura en el troquíter de la misma articulación, así como la fractura de «alguna costilla». También tiene «tocados» los dos tobillos, con una probable rotura en uno de ellos, además de múltiples traumatismos «en la tibia, los codos, la cadera...» y «tres o cuatro» puntos de sutura en la cabeza.

«Un mal menor» para la tragedia que pudo ocurrir cuando se precipitó al interior de una sima «de alrededor de 1,20 metros de diámetro», cuya boca se encontraba oculta por la nieve en un tramo del circuito. Su caída se detuvo a «unos 20 metros de profundidad». Sin perder en ningún momento la consciencia, enseguida se percató de la «gravedad» de la situación. «Me di cuenta de que me había luxado el hombro porque tenía el brazo colgando. Me lo recolocaron en el hospital. Me dolían también los tobillos... El monte me tragó. No pude hacer nada».

Vestido con prendas deportivas, sin ningún tipo de ropa de abrigo, «lo que más me preocupaba era sufrir una hipotermia y quedarme allí». Lizeaga lideraba la prueba con más de siete minutos de ventaja sobre el segundo clasificado, así que «sabía que durante un rato no pasaría ningún participante. Decidí alimentarme cada cierto tiempo con un gel energético o una barrita», guiado por el simple instinto de supervivencia en una situación límite.

Cuando oyó los primeros pasos de sus perseguidores, comenzó a pedir auxilio. «Me puse a gritar, pero caía mucha agua y con el fuerte ruido me di cuenta de que nadie me iba a oír». Decidió intentar ganar altura, para poder hacer sacar su voz al exterior. Apoyado sobre la espalda, con ayuda de las dos piernas y el brazo ileso, «traté de trepar. Cuando había subido unos diez metros, vi una repisa de unos 30 centímetros en el interior del agujero. 'Pues hasta aquí', me dije. Si trataba de seguir subiendo, corría el riesgo de irme otra vez para abajo».

«Soy un afortunado; podía haber habido un funeral en Urnieta pero cuento la aventura»

«Tengo una rotura en el hombro, también alguna costilla y quizá un tobillo; pero estoy entero»

«No saber si me iban a oír fue angustioso; lo que me preocupaba era sufrir una hipotermia y quedarme ahí»

Sentado en el interior del monte, retomó las llamadas de socorro. «Durante los 25 o 30 minutos» transcurridos hasta que otro participante en la carrera oyó sus gritos y llamó al teléfono de emergencias, «pensé de todo. Fue media hora horrible». Comprendió que «nada dependía» ya de él, salvo tratar de vencer al frío para aguantar con vida. «No saber si te van a oír fue angustioso».

Una vez localizado, aún debió esperar hasta que llegaron los bomberos-rescatadores. «Una vez que supe que me iban a sacar de ahí, ya me centré en aguantar. En alimentarme y aguantar. Como nunca has pasado por algo así, tienes dudas. La caída la tuve sobre las once de la mañana pero hasta las dos de la tarde o así no me pudieron sacar. Veía que empezaba a sentir hipotermia, y tampoco sabía cómo iba a reaccionar el cuerpo».

Relata su experiencia por teléfono, desde el asiento trasero del vehículo que conduce su mujer, Ainhoa. De fondo se oyen las voces de sus tres hijos, de entre uno y cinco años. «Me llegué a despedir de todo. Soy consciente de que a pesar de que ahora estoy jodidillo, debo estar contento por verme entero. Los bomberos y los médicos me han dicho que ya lo puedo celebrar. Que he tenido mucha suerte, porque solo uno de cada muchos pueden contarlo. Me podía haber golpeado la cabeza y quedarme inconsciente. Y ya ves, podía haber habido un funeral en Urnieta, pero estoy aquí contando esta aventurilla», trata de bromear.

Pasadas las siete de la tarde de ayer, el urnietarra recibó el alta hospitalaria, después de unas 28 horas ingresado en el centro de Arriondas al que fue evacuado en helicóptero tras el rescate del que fue objeto la víspera por parte del Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA).

Por la senda delimitada

Las imágenes difundidas el mismo sábado por el SEPA parecen evidenciar que el urnietarra corría por una zona balizada del circuito, al apreciarse las huellas de sus pisadas entre dos banderines. «Aunque se ha dicho lo contrario, yo iba por el camino correcto. Si no llego a ser yo, se podría haber caído cualquier otro», asegura Jokin Lizeaga. Ya en casa.

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