Mari, viendo tus fotos...

In memoriam

Recuerdo entre tus cinco ochomiles la sonada ascensión al K-2, primera nacional

JUAN MANUEL SOTILLOS

En 1981 fui al McKinley... jovencito, falta de experiencia y mal elegida la fecha para ir, en agosto. No hubo cumbre. El invierno polar se adelantó y nos pilló de lleno en el glaciar de Kahiltna. ¿Por qué te cuento esto, querido Mari?, porque quince años después, en 1996, volví a Alaska, con más años de experiencia y regresé contigo como guía y con mis amigos navarros y alaveses. Hicimos una piña. E hicimos cumbre. Ahora que ya no estás entre nosotros, aunque seguro que andas sobrevolando alguna de esas montañas del mundo que tanto amabas, se me ocurre mirar las fotos de aquella exitosa expedición al McKinley, cuya cumbre, quince años después de haberlo intentado, hicimos el 1 de junio de 1996.

Fue toda una experiencia compartir con un gran alpinista como tú aquella ascensión que me enseñó mucho, aprendí mucho de ti. Nos conocíamos por mi labor profesional de periodista de montaña a raíz de la expedición navarra al Dhaulagiri en 1979, ¡hace casi ya 40 años! Y desde entonces mucho y muchas páginas, he escrito de ti y de tus expediciones, unas más sonadas que otras...

Recuerdo aquella del Jannu en 1981, ¡qué imágenes!, ¡qué montaña!... ¡Qué libro escribiste!. «Soñar cosas imposibles que se hacen posibles. Soñar que tú, Jannu, nos querías... Delirios de altura...». El 7 de mayo de 1981 lograsteis la cima. ¡Hace ahora 37 años!, en aquella primavera de vuestra vida en el Himalaya...

Después el Makalu de 1984, tu primer ochomil con 40 años. ¡Por supuesto, la del K-2! de 1986, primera ascensión nacional a la segunda altura de la tierra. Todo un logro que confirmaba lo pionero y avanzado que eras, aunque el Everest se te resistía tras varios años de intentonas baldías y vacías... En absoluto importaba. Ahí estarían los éxitos del Nanga Parbat (1992), Broad Peak (1995) y Cho Oyu (1999), compaginando tu actividad de guía que te llevaron a subir unas 25 veces al Aconcagua... Gran alpinista, aunque eso sí, mejor persona como lo demostraste a los muchos amigos que cosechaste a lo largo de tu vida y que hoy estaremos ahí, en tu homenaje, viendo esas fotos de tan elogiosa trayectoria. Brindaremos con alegría por haberte conocido y por formar parte de tu extenso elenco de amigos.

Viendo ahora tus fotos de aquella expedición de 1996 al McKinley, o las que os hice en 2004 con motivo del 25 aniversario de la ascensión al Dhaulagiri, he encontrado otras muchas, como las de la expedición de 1994 al Aconcagua con el amigo Serafín Zubiri y sus compañeros invidentes, donde coincidimos también y compartimos espléndidos momentos.... Te he visto en otras imágenes con el amigo Kurt Diemberger en una de sus muchas visitas al País Vasco. En fin, ¿qué te voy a decir? Mari, que te recuerdo con lágrimas en los ojos por tu marcha definitiva. Allá donde estés te recordaré siempre. Un fuerte abrazo, amigo Mari.

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