Halterofilia

El éxito olímpico impulsa la halterofilia entre las jóvenes egipcias

La halterófila egipcia Sara Samir, durante un entrenamiento./Khaled Desouki (Afp)
La halterófila egipcia Sara Samir, durante un entrenamiento. / Khaled Desouki (Afp)

Sara Samir acumula ya más de medio centenar de medallas en diferentes campeonatos, todas de oro salvo dos bronces, uno de ellos el de Río

MARAM MAZENEl Cairo

Tras lograr un bronce olímpico para Egipto en Rio 2016, Sara Samir ha despertado la afición de sus compatriotas por la halterofilia y muchas jóvenes sueñan con alcanzar sus éxitos en esta disciplina. A sus 20 años, Sara Samir impone con su presencia y camina con paso firme por un espartano gimnasio de la capital egipcia, El Cairo. Tras vendarse las muñecas con vendas de algodón blanco, sus músculos se tensan para levantar 100 kg de peso por encima de la cabeza, antes de que la barra y los discos se estrellen contra el suelo.

Samir se ha convertido en un ejemplo para las jóvenes egipcias desde que ganó el bronce en Rio 2016 en la categoría de -69 kg, siendo la primera mujer de este país africano en colgarse una medalla olímpica. «Después de ganar la medalla en Rio, las chicas han comenzado a levantar pesas en Ismailiya», dice con una sonrisa la joven, que compite con el nombre de 'Sara Ahmed', en referencia a su provincia natal.

Pero no siempre fue así. Cuando Samir comenzó a entrenarse a los 11 años, la gente le decía: «¿Oh, de verdad levantas pesas? ¿Puedes llevarme en brazos?», explica molesta. A raíz de su éxito olímpico, recordado también porque compitió con la cabeza cubierta por un pañuelo y una camiseta de manga larga, el número de chicas que compiten formalmente en halterofilia se ha multiplicado por diez. «Las participantes femeninas en los campeonatos de halterofilia no eran más de 30 o 40», recuerda Mohamed Eldib, el seleccionador nacional de halterofilia, mientras supervisa el entrenamiento de Samir y de sus compañeros en el distrito de Maadi, al sur de El Cairo.

Actualmente hay más de 300 chicas federadas en la Federación Egipcia de Halterofilia, según el seleccionador. La última medalla olímpica que había ganado Egipto, antes del bronce de Samir, fue la de Mohamed Mahmoud en 1948. Es cierto, no obstante, que años después de competir, su compatriota Abeer Abdelrahman, que había acabado quinto en Pekín-2008 y en Londres-2012, recibió medallas olímpicas de manera retroactiva después de la descalificación de sus rivales por dopaje, convirtiendo en bronce el diploma obtenido en la capital china y en plata el otro. Pero el país se quedó sin las imágenes de su compatriota en el podio.

Samir está completamente absorbida por sus entrenamientos. «Solo tiene en mente levantar pesas», dice orgulloso su entrenador.

La chica tuvo la ventaja de contar con unos padres deportistas. De hecho fue su progenitor quien le llevó por primera vez a un entrenamiento. Meses después, ganó la medalla de oro en el campeonato de Egipto en la categoría de menos de 14 años. Y con 13 entró en el equipo nacional. Pese a estos éxitos, el gran problema sigue siendo el financiero, en un país donde se prioriza el fútbol, critica el comentarista Mohamed Seif. «El Estado por lo general reacciona en el momento de los éxitos... y luego, a medida que pasa el tiempo, lo olvidamos y nos centramos en el fútbol», lamenta.

En su aún corta carrera deportiva, Samir acumula ya más de medio centenar de medallas en diferentes campeonatos, todas de oro salvo dos bronces, uno de ellos el de Rio. ¿Su secreto? «Todo depende de lo que quieras conseguir», dice la joven, haciéndose eco de las palabras de su entrenador Eldib, quien considera que las chicas «tienen mayor nivel de tolerancia en los entrenamientos que los chicos».

Para las deportistas egipcias, el éxito de Sara Samir en Rio «ha dado esperanzas para conseguir lo que se proponen, sean cual sean las dificultades», concluye Mohamed Seif. Este fervor «me lleva a ser mejor con el fin de que más chicas se entrenen», concluye la deportista.

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