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Alberdi y Romarate, la cara B del deporte

Los nadadores Markel Alberdi y Ander Romarate, en el transcurso de la charla que ofrecieron ayer en la Universidad de Deusto. / USOZ
Los nadadores Markel Alberdi y Ander Romarate, en el transcurso de la charla que ofrecieron ayer en la Universidad de Deusto. / USOZ

Los nadadores olímpicos relatan ante universitarios de Deusto el duro y enrevesado camino a la élite. «Muchas veces te preguntas si merece la pena»

ÁLVARO VICENTE

Cuatro meses antes de los Juegos de Río en 2016, el nadador Markel Alberdi (Eibar, 1991) no levantaba cabeza. Había perdido la ilusión por su deporte. Había abandonado el centro del alto rendimiento de Madrid y se había refugiado en un piso. Seguía entrenándose en la piscina del CAR ocho horas al día, pero estaba «tan mal psicológicamente» que no era capaz de dormir más de tres horas por la noche. La «enorme» presión que soportaba sobre sus hombros por hacer la mínima para los Juegos había podido con él. «Estaba hundido, con antidepresivos, y preguntándome si merecía la pena tanto esfuerzo».

Ander Romarate (Eibar, 1994) también sabe lo que es tocar fondo en su dilatada carrera, pero no una ni dos veces sino dieciséis. Tantas como intervenciones a las que se ha sometido en sus piernas para corregir la discapacidad con la que nació. Él se ha pasado toda su carrera negociando con el médico cuándo entrar al quirófano, casi siempre después de participar en una gran competición. «Así que cuando estaba en mi mejor momento después de competir en un Europeo o un Mundial, sabía lo que me esperaba: quirófano y una larga rehabilitación, que me podía llevar a pasar seis meses en la cama sin tocar la piscina. Antes de los Juegos Paralímpicos de Londres, que casi se me escapan y donde logré dos diplomas, perdí quince kilos. Ni sé cómo lo conseguí».

Alberdi y Romarate están desnudando esa realidad que muchas veces queda oculta por las medallas en escenarios diversos de Euskadi. Ayer lo hicieron en el campus que la Universidad de Deusto tiene en San Sebastián. Los alumnos del grado que une Ciencias de la Actividad Física y el Deporte más Educación Primaria quizás esperaban otra cosa, que los dos nadadores les relataran la inolvidable experiencia que supone poder participar en unos Juegos, pero se encontraron con un discurso auténtico, sin tapujos, que puso negro sobre blanco el papelón que muchas veces supone ser un deportista de élite con sus miedos y sus angustias. Ellos lo han bautizado como el proyecto 'Mar-Sharing Values'.

La conclusión a la que llegan es que en el deporte de alta competición dos más dos no siempre son cuatro. «Cuidando todos los detalles y entrenando a tope hay veces que no sale bien, pero hay que trabajar y trabajar para que el resultado sea cuatro», apunta Romarate. Y en esos momentos de dificultad, cuando la mejor marca no llega, cuando hay que ser «fuerte psicológicamente». No siempre es fácil conseguirlo. «Ya puedes tener el mejor entrenador, el mejor médico, el mejor fisioterapeuta y el mejor asesor nutricional que si no estás bien, animado y con fuerza, no hay mucho que hacer. La cabeza es el 85% del rendimiento de un deportista», advierten.

«La vuelta a la vida real»

Romarate tampoco parece que echa de menos el agua. Él, a diferencia de su compañero, no ha salido de Gipuzkoa para tratar de progresar. Su único cambio fue pasar de la piscina corta de Eibar a la de San Sebastián, de 50 metros. «Compartimos objetivos, pero el modo para alcanzarlos ha sido distinto. Markel se marchó a la Blume de Madrid para seguir arañando centésimas a sus marcas y yo decidí quedarme en casa», explica.

Uno y otro han podido sacar adelante sus estudios universitarios. Alberdi es ingeniero mecánico y Romarate licenciado en IVEF. «No ha sido fácil volver a la vida real tras dejar el deporte», confiesan.

Les queda la «gran satisfacción» de haber podido participar en unos Juegos además de haber mamado los valores intrínsecos del deporte. Alberdi no cambiaría esos días en Río por nada en el mundo. «Pude hablar con Nadal, Gasol, vi la final de Bolt en directo... Como deportista, igual que ellos, fui parte de ese gran evento en el relevo 4x100. Cuatro meses antes de Río estaba hundido y fui capaz de darle la vuelta. Ése es mi gran triunfo y eso queda para mí», confiesa.

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