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Treinta años de una liga eterna

Lucas, Zúñiga, Txuma, Susperregi, Salcedo, Burguete y Munduate siguen teniendo muy presente el título conquistado hace treinta años y la celebración en la plaza San Juan de Irun.
Lucas, Zúñiga, Txuma, Susperregi, Salcedo, Burguete y Munduate siguen teniendo muy presente el título conquistado hace treinta años y la celebración en la plaza San Juan de Irun. / FRAILE
  • Los campeones del primer título liguero del Bidasoa se reúnen para recordar la hazaña

Once jugadores de Irun, uno de Pasaia y dos yugoslavos. Miguel Ángel Zúñiga, Ignacio Munduate, Luis Pablo González, Antxon Beldarrain, Pedro Salcedo, Javier Mendibil, Santi Burguete, Salva Pombar, Txuma Hernández, Iñaki Susperregi y Luis Lucas. Juanín Agirregomezkorta. Y Caslav Grubic y Mladen Lakovic. Estos fueron los héroes de la temporada, la 86/87, aquella en la que el Club Deportivo Bidasoa, el Elgorriaga Bidasoa, se proclamó campeón de liga. Una hazaña sin precedentes para el club. El inicio de la llamada década prodigiosa. Han pasado treinta años.

Sucedió exactamente el 23 de mayo de 1987, en el polideportivo Artaleku de Irun. Los de amarillo comenzaron la temporada en su antigua cancha, la del frontón Uranzu, y la acabaron en su actual polideportivo. Muchos eran los que decían que el Bidasoa caería en picado al dejar un frontón que no cumplía ni con las medidas reglamentarias. Un frontón que era un auténtico infierno para árbitros y rivales. Todos se equivocaron.

Llegó la última jornada liguera y el título se lo jugaban el Bidasoa, que recibió al Tecnisan, y el Barcelona, que jugó en su cancha ante el Cajamadrid. La directiva bidasotarra tenía reservados los billetes para volar a Tenerife, ya que en caso de victoria de los dos equipos, como se esperaba que ocurriera, la liga se iba a decidir con un partido de desempate en la isla.

El encuentro en Artaleku llegó igualado hasta el tramo final, pero con el 22-22 en el marcador aparecieron los extremos. Esos que tanto habían sufrido en el Uranzu se convirtieron en estrellas. Santi Burguete marcó el 23-22, con una vaselina antológica tras ser golpeado por un defensa, e Iñaki Susperregi hizo el definitivo 24-22 con un rectificado para la historia.

Tocó esperar un minuto para que llegaran noticias de Barcelona. Saltó la sorpresa. Los catalanes empataron contra los de Alcalá de Henares y el Elgorriaga Bidasoa se proclamó campeón de la División de Honor por primera vez.

La prima a Grubic

Los bidasotarras habían comenzado aquel curso, como casi todos los anteriores, con un objetivo principal, el de todos los años, mantener la categoría. Nadie podía imaginar que la temporada acabaría con la consecución de la liga. De hecho, hay una anécdota de aquella época que deja bien claro lo que pensaban en el club irundarra sobre la posible consecución del título.

En la negociación del fichaje de Grubic, el central pidió incluir una claúsula en el contrato. En caso de que se ganara la liga, a sus emolumentos se le añadiría una prima. La directiva bidasotarra no se lo pensó y la contestación fue clara: «Lo que quieras».

Grubic pidió 10.000 dólares en caso de que el Bidasoa se llevara el título. Cuando acabó el partido ante el Tecnisan, muchos se acordaron de lo firmado en el contrato. Pero el Bidasoa había ganado la liga, ¿qué importaba aquello?

Miles de historias

El club y la peña 'El Muro Amarillo' rendirán un merecido homenaje a los campeones en los prolegómenos del partido que disputará el Bidasoa este sábado en Artaleku, pero EL DIARIO VASCO reunió a siete de ellos el miércoles en la plaza San Juan de Irun. El lugar donde hace treinta años fueron recibidos por miles de aficionados para celebrar el título.

Fue prender la mecha de los recuerdos y no hubo manera de frenar el chorreo de historias que guardan los protagonistas.

Pedro Salcedo fue el primero en apuntar que «llegamos a la fase final de milagro. Ni en sueños imaginábamos que lo podíamos conseguir, era impensable». Zúñiga, con un discurso actualizado, añadió que «lo hicimos como dice el Cholo, partido a partido». Y Txuma Hernández quiso subrayar que «salió todo bien y hay que tener en cuenta que entonces la liga no era como la de ahora. Cualquier equipo te podía ganar y había siete u ocho con opciones de título».

El caso es que sí, se ganó. En un Artaleku lleno hasta la bandera y tras un partido de infarto. Santi Burguete recordó que «marqué el penúltimo gol del partido desde un extremo y el último lo marcó Suspe desde el otro. Se lanzó como hacía siempre, también lo hacía en la piedra del frontón». Y el autor de aquel imposible rectificado, Iñaki Susperregi, explicó que «me pasó el balón Grubic. Fue un pase directo desde el central hasta el extremo. Era una situación límite, pero sabía que no iba a fallar».

«No teníamos miedo a que fallara. El único problema era que el parqué de Artaleku era nuevo y teníamos miedo de que lo rompiera». El de la broma fue Salcedo, que abrió la caja de Pandora. «Los extremos lo teníamos complicado con Pedro, se las tiraba todas. Teníamos que jugar con dos balones, uno para Pedro y otro para los demás», le recordó Burguete. Aunque Luis Lucas salió en su defensa diciendo que «eso es verdad, se las tiraba todas, pero cuando el partido se ponía caliente, todos se la dábamos a Pedro».

Caliente también debió ser la celebración, en la que los de amarillo fueron como estrellas de rock. «Fue una noche larga», reconoció Lucas, y Burguete no escondió que «no pagamos nada en toda la noche. En todos los bares nos invitaban».

Una familia

El buen rollo persiste treinta años después. El mismo que tenían cuando ganaron la liga. Ignacio Munduate quiso dejar bien claro que «éramos como una familia. Casi todos gente de casa, que habíamos jugado juntos desde pequeños. Eso que conseguimos es imposible que se vuelva a repetir».

Sería un sueño. El Bidasoa campeón con once jugadores de Irun, uno de Pasaia y dos yugoslavos. Aquellos campeones...

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