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«Todavía estoy vivo»

Txema Olazabal se dispone a golpear ayer su primera bola en el campo de Boca Raton, en Florida.
Txema Olazabal se dispone a golpear ayer su primera bola en el campo de Boca Raton, en Florida. / PGA TOUR
  • Txema Olazabal levanta expectación en su buen debut ayer en el circuito de veteranos del PGA Tour

Un birdie en el primer hoyo. Otro en el segundo. Uno más en el tercero... Txema Olazabal se estrenó a lo grande en el circuito de veteranos del PGA Tour. Pero el hondarribiarra había captado la atención de los focos mucho antes de comenzar a patear la bola en el partido que compartió junto a otros dos ilustres como Colin Montgomerie y Miguel Ángel Jiménez.

Entre otros astros como Mark Calcavecchia, Bernhard Langer, Paul McGinley, Mark O'Meara o Ian Woosnam, Olazabal no pasó desapercibido ante la prensa local, que lo solicitó los días previos. Y, claro, le preguntaron por el último azote de la artritis que le tuvo en el dique seco más de un año desde la segunda vuelta del Masters de 2015.

¿Cómo estás?, le preguntaron. El guipuzcoano, que el domingo cumplió 51 años, sacó a relucir su flema británica. «Todavía estoy vivo», respondió lacónico. Debió explicar nuevamente su último calvario. Cómo tras no pasar aquel corte en Augusta tuvo que retirarse en el Abierto de España porque no era capaz no ya de sujetar su herramienta de trabajo, sino incluso «un peine».

Con seis títulos en el PGA Tour y 23 en el circuito europeo, su entrada en el Salón de la Fama le abrió las puertas al Allianz Championship, que finaliza mañana. Es el quinto torneo en el que participa desde que regresó a la competición en otoño.

En los prados de Boca Raton (Florida), sus viejos amigos le recibieron con los brazos abiertos. Uno de ellos fue Bernhard Langer, el hombre que le puso su primera chaqueta verde. El golfista alemán elogió al hondarribiarra: «Es un jugador de hierro. Su juego en corto es de lo mejorcito, como era el de Seve (Ballesteros). Lo único que a veces le lastró a la hora de aspirar a más triunfos era su drive».

Y, por supuesto, también le penalizó su maldita enfermedad. «Si le hubiera respetado la salud habría conquistado muchos más triunfos», añadió Langer, que cree en el futuro de Olazabal. «Si le respeta la enfermedad, vamos a seguir viendo el buen golf de José María aún muchos años más».

Mientras, Olazabal solo aspira a disfrutar cada momento en el que el sol se abra paso entre los nubarrones de su artritis. «A veces me doy cuenta de que el golf podría haber acabado ya para mí, y es difícil de asumirlo cuando te gusta tanto».

Se refiere a sus días negros, sus semanas aciagas, sus meses de tinieblas sin ver la luz en un campo de entrenamiento. «No es fácil», explicó, pero en esos momentos siempre trató de deshacerse «de ese tipo de pensamientos y mirarlos de una manera más positiva», con la esperanza de que «tarde o temprano todo el proceso acabará y estarás de nuevo para jugar al golf».

Tras su fulgurante inicio ayer, sumó un cuarto birdie que empañó con cuatro bogeys para firmar el par del campo con 72 golpes. Lejos de la victoria. Su triunfo es su regreso.

Woods, un mes más de baja

Quien no acaba de recuperarse es el estadounidense Tiger Woods, ex número uno mundial, que deberá parar otro mes tras los espasmos en la espalda que le obligaron a retirarse la semana pasada en el torneo de Dubai. «Estoy decepcionado, no lo esperaba», lamentó en una nota.

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