Diario Vasco

RUGBY

Una semana viviendo entre águilas

 Los jugadores del Bera Bera Iñigo Arnáez y Mikel Lezama posan con las camisetas regaladas por EE UU y Tonga.
Los jugadores del Bera Bera Iñigo Arnáez y Mikel Lezama posan con las camisetas regaladas por EE UU y Tonga. / ARIZMENDI
  • Los jugadores del Bera Bera de rugby Arnáez y Lezama narran su vivencia como guías de Tonga y EE UU en su estancia en Gipuzkoa

En el miniestadio de Anoeta aún se vieron ayer sendas camisetas de las selecciones de Tonga y Estados Unidos. Las lucieron para este reportaje los donostiarras de 23 años Mikel Lezama e Iñigo Arnáez, los dos jugadores del Bera Bera que durante «una semana increíble» ejercieron de guías de los dos combinados que el sábado disputaron la Elcano Cup en Donostia. «Nos han hecho sentirnos como uno más del equipo», coinciden. Además de sentarse en el comedor junto a jugadores y técnicos, llegaron a compartir algún entrenamiento. «¡Ya podíamos repetir todos los años!», suspiran.

Lezama lidió con las 'Águilas del mar' tonganas y Arnáez, con las 'Águilas' estadounidenses. «Cada uno hemos tenido un ayudante (Paco Carrillo y Álvaro Durán), de otro modo habría sido imposible», admiten. Su función era «que no les faltara nada y resolver cualquier imprevisto: desde que tuvieran el agua suficiente, que el autobús estuviera a la hora, ayudarles con las tarjetas del móvil, gestionarles los horarios... Del programa que aprobaron al principio a lo que hicieron después, no hay nada que ver. Todos los días había cambios. Es tremendo el trabajo que hace una organización por detrás», valoran.

Su jornada arrancaba a las nueve en el hotel y acababa sobre las once de la noche. «Los dos primeros días no tuve tiempo ni de comer ni cenar», explica Lezama. Arnáez, por su parte, se despertaba a las 7.30 «con un mensaje en el móvil sobre lo que necesitaban». Pese al estrés, «ha merecido la pena».

Entrenamiento con ellos

Arnáez, que compagina el rugby con el golf, no olvida los tres entrenamientos que realizó con EE UU. «Les faltaban dos delanteros y un tres cuartos, y me preguntaron si podría sumarme... ¡Y cómo no!». Los delanteros Iñaki Rekalde, Endika Navarro y Pablo Mañero y el tres cuartos Izko Armental gozaron de sendas sesiones. «Ahí ves la fuerza que tienen. En las melés, la presión era brutal. Y en las touches me levantaban como si nada, y eso que peso 127 kilos».

Este licenciado en ingenieria industrial se presentó a la primera sesión con la sensación de que las moles norteamericanas «iban a pasarme por encima y con respeto al ser un deporte de tanto contacto. Pero no fue para tanto», agradece.

Lezama, que llegó a jugar en el Murcia B de fútbol, recuerda que cuando los tonganos «supieron lo que yo estudié -Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la UCAM-, al final de un entrenamiento en Zubieta me preguntaron si quería dirigir la vuelta a la calma y los estiramientos. Me costó que entendieran algún ejercicio, pero creo que también me vacilaron mucho», sonríe.

Ambos militan en el Bera Bera de División de Honor B. Arnáez juega de segunda y tercera línea, mientras Lezama es zaguero. Ambos pretenden estirar su carrera todo lo que puedan, que el segundo querría unir al rugby 7.

«Al verles sus físicos, te das cuenta de todo lo que nos queda por delante», afirma Lezama, que llegó al rugby hace dos años. «Piensas que por ser tonganos o maoríes ya tienen esa fuerza de la naturaleza por genética, pero detrás hay mucho trabajo», opina Arnáez. Su compañero es muy gráfico: «En un año trabajando en el gimnasio he pasado de 82 a 92 kilos, pero al lado de ellos me sentía tan poca cosa...».

¿Una anécdota confesable?

En la cena de Gaztelubide, alguno triplicó la sopa de pescado, devoraron la merluza, la pantxineta..., pero «cuidan lo que comen. Un día compré una hamburguesa y entre risas me dijeron que la escondiera para evitar la tentación», cuenta Mikel.

La convivencia ha deparado muchas anécdotas, pero pedirles una es ponerles en un aprieto: «¿Que se pueda contar? ¡Uf! El tercer tiempo dio muchas», deslizan. Al final, 'publican' una tras el partido: «Tras la charla del entrenador de Tonga en el vestuario, el capitán mandó callar a todos y dijo que debían dejarlo todo limpio. Lo recogieron todo y él, que se había lesionado, cogió la escoba y otro le siguió con la fregona». Los de Estados Unidos «pidieron fregonas y pese a que los empleados de Anoeta les dijeron que no, lo limpiaron todo», indica Arnáez. «Aquí sería impensable», concluyen los dos guías, que ansían repetir la experiencia.

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