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Mente y físico, corazón de ejecutivo

Jon Karla Lizeaga, con Luis Oloriz ayer durante un entrenamiento.
Jon Karla Lizeaga, con Luis Oloriz ayer durante un entrenamiento. / LOBO ALTUNA
  • Jon Karla Lizeaga trabaja en Adegi con un grupo de treinta gerentes dentro del proyecto Nueva Cultura de Empresa

La productividad es convertir el sentido común en hábito», «La vergüenza, la pereza y el miedo limitan al ser humano». Esas frases, y otras muchas, forman parte de la filosofía de vida del preparador físico guipuzcoano Jon Karla Lizeaga (46 años), entrenador estatal de atletismo, preparador de nombres conocidos del deporte como Txema Olazabal o Naroa Agirre o de deportistas de snowboard. Lizeaga ha trabajado con otros muchos atletas de alto nivel en diferentes especialidades. Lleva 25 años en este trabajo y está encuadrado en otro proyecto, mucho más llamativo, al menos para quien esto escribe, en colaboración con Adegi que le ha llevado a trabajar con ejecutivos, gerentes de empresas, a los que ayuda a ejercitar el cuerpo dentro un programa llamado Nueva Cultura de Empresa, en el que está perfectamente integrado.

«Me sorprendió la propuesta»

«Cuando me propusieron colaborar con Adegi me sorprendió, pero a la vez me motivó, puesto que lo que iba a hacer estaba muy unido a mi forma de entender la vida», explica Jon Karla, una persona que se afana en buscar información de todo lo que sea necesario para mejorar su trabajo con personas.

«Lo mío es un complemento dentro de ese programa. Si quieres que tu empresa rinda empieza cambiando tú, primero haz el cambio en tí mismo. Normalmente se buscan líderes, que terminan siendo facilitadores», comenta.

Está implicado con un grupo de treinta ejecutivos de alto nivel, tanto hombres como mujeres, y llegó a Adegi cuando estaba colaborando como preparador físico con el parque de Miramón, «con unas setenta personas a las que daba clases tres días a la semana».

Jon Karla es de los que piensa que «la salud y el bienestar contribuyen a que una persona esté bien. Lo mío puede ser un complemento al crecimiento de los gerentes, les hago un programa individualizado en el se trabajan diferentes apartados con el fin de mejorar cada uno de ellos».

En un gimnasio austero, montado por el propio Jon Karla en Adegi, sin ningún tipo de lujo, afirma que «un gerente es un corredor de maratón, gente perseverante, que puede rozar la tozudez, que tiene un nivel de exigencia alto. El gerente guipuzcoano, lo que yo me he encontrado, es muy competitivo».

Maneja un grupo de treinta personas, todas ellas altos cargos en sus empresas, «que para mí es una élite que tiene que buscar el alto rendimiento. Y en mi parcela les ayudo a poder conseguirlo».

El programa de trabajo que maneja «se basa en adquirir automatismos, les enseño lo que tienen que hacer con el fin de que en un periodo de tiempo puedan incluso hacerlo en su casa. Les hago vídeos con los ejercicios para que los pueden repetir en sus casas. Son cosas sencillas, se trabaja el equilibrio por ejemplo, la pérdida de peso. Hay gente que ha corrido la Behobia en 1h30 y le ayudamos a prevenir lesiones. Utilizamos aparatos muy sencillos que se pueden comprar en cualquier lado».

También hay otra vertiente que «nos hace quedar para correr los domingos en la playa. El trabajo que hacen también permite que confluyan gerentes de distintas empresas, se conocen, intercambian ideas, se enriquecen. En la hora que están conmigo se centran en lo que están haciendo, se abren más».

Entrenan a primera hora de la mañana y a última de la tarde. Hay alguno que viene al mediodía, pero en el resto de horarios están centrados en sus trabajos. Yo trabajo en Adegi a las 7 de la mañana y a las 7 de la tarde».

Trabajo grupal e individual

El proyecto Nueva Cultura de Empresa motiva al gerente a cambiar su empresa, cambiándose a sí mismo. El trabajo físico lleva a tener una higiene de sueño, de hábitos alimenticios. Una persona que come bien, piensa mejor. Siempre les explicó las razones y los porqués de lo que hacemos».

No entrena a las treinta personas colectivamente, sino por grupos e incluso de forma individualizada: «Cada persona hace un trabajo. El grupo más grande que tengo es de cuatro personas. Al final nos salen unas dieciocho clases a la semana. Tampoco es un esfuerzo agotador. Son tres días a la semana, tres horas», puesto que deben compaginar su vida laboral con su vida personal y la actividad física.

El perfil de la gente a la que entrena es «el de personas que tiene una conciencia de que su bienestar es fundamental para la empresa. Un gerente en forma se traduce en una empresa saludable», en un mundo cambiante en el que muchos de los roles de las personas que integran esa empresa ha variado.

Jon Karla se ha implicado hasta tal punto que «intento convencerles de lo que estoy haciendo. Lo que practico, lo hago. Yo les aporta un conocimiento para que adquieran conciencia con el fin de aprender, mejorar y divertirse. Cuando están conmigo, están trabajando conmigo. Se les genera un estado anímico».

Al final está poniendo en práctica su vocación: «Haría el trabajo sin que me pagasen. Cuando trabajo con alquien tengo que estar implicado, si no, no lo hago. Lo que te hace feliz es tener retos, tener ilusiones, resolver problemas. Es lo que más felicidad da a un ser humano. Aplico mi filosofía de vida al trabajo», concluye.

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