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Atutxa gana la txapela más fácil de lo esperado

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Joseba Otaegi, Aitzol Atutxa y Mikel Larrañaga, en el podio. / JORDI ALEMANY

  • Suma su tercer triunfo con 3.38 sobre el segundo clasificado, Joseba Otaegi, mientras Iker Vicente acaba cuarto

. Se esperaba una lucha cerrada entre Aitzol Atutxa e Iker Vicente, pero el aizkolari de Dima sumó su tercera txapela consecutiva del Campeonato de Euskadi de aizkolaris de Primera. El frontón Bizkaia acogió una final histórica con alrededor de 1.000 espectadores que vieron como el vizcaíno se calaba la txapela en casa e igualaba a históricos aizkolaris con su tercer entorchado consecutivo.

Astibia, Arria II, Mindegia, Arróspide y Nazabal lo habían logrado con anterioridad y ahora se les suma el dimaztarra.

En el palmarés abandonó la compañía de Azurmendi, que compartía dos títulos con el actual campeón, e igualó con tres a todo un Donato Larretxea. A lo largo de la semana comentó Atutxa que prefería ser campeón con una hora que segundo bajando de la media hora. Fue campeón con 44 minutos y 47 segundos en los doce troncos, cuatro kanaerdikos, cuatro de 60 y cuatro oinbikos.

Un tiempo condicionado totalmente por la madera, dura y que hizo que el ganador tardara cinco minutos más que el año pasado en Basauri. Más de uno estará tentado en decir que no hubo nivel en la final viendo los tiempos, pero que la victoria se cosechara con cinco minutos más que en 2015 deja claro que el material no ayudaba en busca de una buena marca.

Además, en el Campeonato de Euskadi lo importante no es la marca sino los puestos y ahí el de Dima no encontró rival.

Antes de comenzar Iker Vicente le discutió el favoritismo e incluso en los minutos previos el dinero salió a la par con tendencia a favor del vizcaíno. Luego ya metidos en arena esa igualdad se difuminó y la superioridad de Atutxa respecto a sus rivales fue manifiesta.

Dos peleas diferentes

Hubo dos campeonatos: uno, el que disputó el ganador por delante y otro, por detrás, con cinco aizkolaris en un pañuelo en busca del subcampeonato. Y ahí hubo otro gran protagonista, el zizurkildarra Joseba Otaegi. El que fuera en su día campeón de Gipuzkoa sufría mucho en este campeonato, sobre todo en los oinbikos, pero ayer le salió el mejor campeonato de Euskadi que ha disputado y terminó segundo.

Cogió el relevo de otro zizurkildarra, Irazu, como subcampeón. Tercero se clasificó el azpeitiarra Mikel Larrañaga, que tuvo el segundo puesto cerca, pero que al final cedió 15 segundos respecto a Otaegi.

Se esperaba más de Iker Vicente. El de Otsagabia, con 19 años, era el finalista más joven de la historia y entró entre los seis mejores con la vitola de ser uno de los dos favoritos. En el frontón Bizkaia se le vio sin soltura, quizás atenazado por la presión de ser su estreno. Estuvo lejos de Atutxa en todo momento, salvo en el segundo tronco, que lo cortó a dos segundos del primero. En el tercero estaba a 18 segundos y perdió cualquier oportunidad de pelearle la victoria a Atutxa a partir del cuarto tronco.

El campeón sacó su renta a partir del segundo tronco de 60 pulgadas y cuando entró en los oinbikos la diferencia lo único que hizo fue aumentar. A mitad de trabajo su renta era de dos minutos y 28 segundos sobre Larrañaga, de 2:40 sobre Vicente y de 2:50 sobre Otaegi. La final estaba totalmente decidida.

En cambio el resto de puestos estaban muy abiertos. Desde Larrañaga a Ugaitz Mugertza, que cerraba la final, la diferencia era de solo de un minuto y seis segundos. Entre ellos Vicente, Otaegi y Juan José López se encontraban en un pañuelo. Poco a poco López Azpilikueta y Mugertza II fueron instalándose en el quinto y sexto puesto mientras la cosa se apretaba más entre los otros tres a falta de los dos últimos kanaerdikos. Ocho segundos separaban a Larrañaga, Oategi y Vicente.

Por delante Atutxa tenía tiempo de relajarse y disfrutar de sus últimos hachazos y de ese momento tan especial. Otaegi sacaba a relucir su fuerza en los kanaerdikos y se aseguraba el subcampeonato por delante de un Larrañaga que lo peleó y de un Vicente que terminó justo de fuerzas y que cogía el último kanaerdiko con tranquilidad para poder terminar bien.

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