Diario Vasco

vídeo

El donostiarra Sergio Vidal descubrió de muy niño las carreras de caballos y se convirtieron en su mundo. Ahora es preparador. / JOSÉ MARI LÓPEZ

caballos

«No arrojo la toalla para llevarme la Copa de Oro»

  • Sergio Vidal ganó más de trescientas carreras como jockey y su mediación ayudó a llegar al Centenario del Hipódromo

Su afición desde que conoció el mundo d e las carreras de caballos le llevó a convertirse en un gran jockey capaz de ganar más de trescientas carreras. Segio Vidal (Donostia, 1967) es ahora preparador y llegará a propietario porque este es su ambiente. Fue decisivo para evitar que se cortaran las carreras en el hipódromo donostiarra, junto al que vive con su familia. Tiene una vida muy intensa que repasamos con él.

- ¿Estoy junto al mejor jockey?

- Es posible que estuviera entre los mejores, pero el oiartzuarra Ioritz Mendizabal está años luz por encima. Corre en Francia y hay que hacer mención de él porque es un gran lujo para Gipuzkoa el nivel que ha alcanzado.

- Dicen de usted que es tranquilo y afable. ¿De verdad?

- Me gustaría ser tranquilo y me esfuerzo por tomarme la vida y las cosas con la mayor tranquilidad posible, pero no creo que sea tanto.

- ¿El caballo lo percibe?

- Pues sí, tanto el estado anímico como el de humor. El caballo de carreras está sometido a una tensión muy grande porque el nivel de sacrificio al que le ponemos es altísimo. Los primeros propietarios que me dieron un caballo como preparador eran un veterinario y un médico deportivo y quisieron experimentar con ese caballo, le hicieron pruebas de esfuerzo y se quedaron aturdidos cuando comprobaron, como yo les decía, que los parámetros de lactatos en un caballo que acababa de competir superaban con creces todo lo que hubieran imaginado. Multiplicaban por tres los lactatos que, por ejemplo, da un ciclista en la etapa reina del Tour. Nunca hubieran pensado que un ser vivo fuera capaz de vaciarse tanto con un déficit de oxígeno y alimento como el caballo. Desde entonces tuvieron otro concepto del trabajo que hacemos con el animal.

- ¿Qué le queda por saber de los caballos?

- No dejas de aprender nunca. Yo empecé de crío como aficionado y jamás pensé que me iba a dedicar a ello, pero al final la vida te va llevando y este ha sido mi camino. No tenía ningún vínculo familiar con los caballos y las carreras y fue el padre de un amigo el que un día siendo un crío me llevó a Lasarte y aquí sigo. Me quedé prendado desde el primer día.

- Así que se compró un cronómetro, madrugó y se plantó en los galopes de primera hora.

- No era el único. Entonces había más afición que ahora para eso y en verano venía mucha gente a ver entrenar a los caballos, aunque es verdad que yo era pequeño y les hacía gracia y me cogieron cariño. Fíjate que hasta me dieron algún chivatazo que yo pasé a mi padre y hasta ganó dos quíntuples.

- Sé que con uno de esos premios, que rondaba las seiscientas mil pesetas compraron a 'Tantum', con el que empezó a montar.

- Ya veo que vienes bien informado. En efecto, nos hicieron socios de la Hípica de Loyola y con ese caballo que se había lesionado y ya no servía para la competición dimos los primeros pasos.

- Llegaron los Delcher y Mauricio le convirtió en jockey de competición.

- La verdad es que les venía bien tener aquí alguien que montara a los caballos todas las mañanas, sin tener que desplazar a un jockey desde Madrid y un día me pusieron los estribos cortos y me dijeron monta ese, luego ese... Así empezó mi historia de jockey. A final de temporada ya montaba caballos que competían en Dax y que ganaban el G.P. de Biarritz. Entonces ir a Francia era una aventura, parado muchas horas en la frontera y ahora he llegado a ir en el día a Marsella con un caballo.

- Mauricio Delcher le cambió la vida y dejó los estudios para veterinario.

- Era un buen estudiante y ese era mi proyecto personal, pero se fue por la borda, porque me enfrasqué en montar.

- Decide marcharse a Madrid en contra de la opinión de todos.

- Recuerdo que tuvimos una cena en la que Mauricio y mis padres me desaconsejaban irme por la dureza de lo que iba a ser, pero me fui. Era bastante cabezota y yo no lo hacía como trabajo, sino como una pasión, con dificultades, sin duda, como todo en la vida, pero una gran pasión que es la que siempre he tenido y tengo por los caballos.

- Imagino su esfuerzo porque le gustaba comer bien y tenía que mirar mucho la báscula.

- Me costaba mucho mantener el peso. Cuesta saber lo duro que es no poder comer, luchas contra la báscula... Te cambia el carácter y lo sufren los de alrededor, porque no estás para nadie, te quedas sólo y no quieres que te molesten. Recuerdo lo que nos decía la mujer de Claudio Carudel de cómo era en casa los días previos a las carreras y luego lo viví en mis carnes. Estábamos al borde de la deshidratación y no es que discutiera ni diera guerra, pero a la persona que tenía cerca le producía tristeza verte tan apagado. Pesaba 51 kilos, igual 52, pero aunque intenté ser metódico como consigue ser nuestro amigo Ioritz, costaba tanto... Para hacer bien esto hay que tener cabezas privilegiadas como la de Nadal, Carolina Marín y esos deportistas de élite y no era mi caso. Lo intenté pero no podía privarme de comer todos los días y al final decidí que dos o tres días me ponía ciego y los otros tres no comía nada, pero necesitaba saciarme algún día y eso llevó a que en una semana subía y bajaba cinco kilos. De 52 me iba a los 57 y luego volvía a los 52 para montar, todo un palo para el cuerpo, pero...

- ¿Qué hay que hacer para ser un buen jockey?

- Hay que tener unas mínimas condiciones físicas, por supuesto lo del peso, porque si no pesas poco no te puedes dedicar a esto. Y después es como todo, lo hace cualquiera con más o menos dedicación. Saber soportar la presión, el autocontrol es lo que marca la diferencia entre unos y otros.

- Le forzaron a hacerse profesional y ganó, entre otros, cuatro Gobiernos Vascos. ¿Y La Copa de oro?

- Mi madre llevó la cuenta hasta unas trescientas victorias y no debieron ser muchas más. La verdad es que la Copa de Oro fue la asignatura pendiente, fui segundo (aquí hace un inciso su esposa Tita Peña «con lo que yo cuidaba a 'Sheick Dancer' y nos ganó un caballo de Criquette Head. Nos dio mucha pena»), también dos veces tercero, otra cuarto, quinto, pero no conseguí ganarla. No tiro la toalla y lo mismo la consigo como preparador, incluso como propietario, porque tengo una yegüita de cría que... ¿Por qué vamos a renunciar a que gane la Copa de Oro un caballo mío?.

- El triunfo de 'Wavy Run' dejó huella...

- Creo que aquel Gobierno Vasco fue la mejor carrera de nuestro hipódromo y de España, con 'Partipral' y 'Alamtarah' segundo y tercero tras 'Wavy Run', tres caballos que ganaron carrera de grupo en Francia y no creo que haya habido otra carrera con los tres primeros de ese nivel.

- Ganó aquí y en Toulouse también con 'Okawango'.

- Sí, dos Gobierno Vasco y otras carreras en Francia y con la circunstancia de que era de quien hoy es mi cuñado. Tengo muy buenos recuerdos.

- Pero llegó la retirada.

- Básicamente la báscula y las caídas pudieron conmigo. Tenía muchas goteras en rodillas, codos... ya vas cogiendo respeto y no asumes tantos riesgos y eso te indica que llega el momento de dejarlo. Cuando eres joven sin miedo vas a por todas y luego tienes experiencia, pero falta confianza. Les debe de pasar algo así a los toreros, que mantienen la técnica y el arte, pero miden mucho más los riesgos cuando llevan años con cogidas. Conozco a pocos jockeys que reconozcan que en sus últimos años después de muchas caídas empiezan, a valorar los riesgos y es algo natural.