El último entrenamiento del campeón Lucas eguibar

El donostiarra completó ayer en casa una sesión de gimnasio antes de viajar a Corea en busca de una medalla

Lucas Eguibar realiza uno de los ejercicios de equilibrio bajo la supervisión de la entrenadora Nerea Salinas / LUSA
IÑAKI IZQUIERDO

Lucas Eguibar sale este martes hacia los Juegos Olímpicos de PyeongChang, aunque en realidad el viaje ha durado cuatro años, desde que regresó de Sochi en 2014 con un diploma (7º). Primero a Madrid y, mañana, vuelo a Seúl con escala en Doha. Ayer hizo su último entrenamiento, una sesión doble de gimnasio en Donostia. El domingo había competido en Alemania en la Copa del Mundo, pero no quiso ir a Corea sin pasar por casa. «Solo he tenido un día, pero para mí es importante estar con la familia aunque solo sea 24 horas. Ha sido un año complicadísimo, con muchísimas carreras y poco paso por casa. Aquí cargo las pilas», explicaba ayer Eguibar, campeón de la Copa del Mundo en 2015 y aspirante a todo en la cita olímpica.

Se le ve tranquilo. Con ese punto entre ausente y convencido que define el mundo exclusivo de los campeones. «El trabajo está hecho. Al cien por cien». Le habría gustado tener mejores resultados en las últimas carreras -cayó en octavos el sábado y el domingo-, pero sabe que está bien: «El domingo hice el mejor tiempo», avisa.

Ayer se sometió a una sesión de pilates en el gimnasio Equilibrium «para recolocar el cuerpo. En nuestro deporte, las carreras son muy bruscas y la cadera se suele rotar. Hay que volver a poner el cuerpo en su sitio». Además, en el regreso de Alemania acarreó «una maleta que pesaba 40 kilos, la tuve que mantener un poco a pulso en la báscula, si no, no me dejan volar». Aún le dolía el brazo derecho.

«Me gusta el circuito,es muy largo y amplio; competí allí hace dos años y no me fue mal»

Con un aspecto físico imponente, Lucas Eguibar viaja a PyeongChang «a disfrutar. Voy contento y espero volver contento. Los Juegos Olímpicos son un sueño, pero voy a competir y mi objetivo es volver con una medalla olímpica. Son mis segundos Juegos y ya no me siento como un novato. Sé lo que voy a encontrarme. Voy a disfrutar, porque además soy el abanderado».

Todo en un día

Lucas Eguibar se jugará todas sus cartas en un día, el jueves 15, como el resto de competidores en la prueba de snowboard cross. Se disputarán la clasificatorias, los cuartos, las semifinales y la final sin solución de continuidad. «Tendremos dos días para entrenar y todo la competición es el mismo día. Cuatro años de entrenamiento para un día».

Es la ley del deporte, pero en el caso del snowboard cross es aún más radical, ya que entran en juego muchos factores que el deportista no controla, como que un rival le arrolle, se le cruce o le mande al suelo por cualquier otra circunstancia: «Nuestro deporte es así y esa es su gracia, que puede pasar cualquier cosa. Da juego y a la gente le gusta. Espero que esta vez no me pase nada, que pueda demostrar mi nivel y hacer mi carrera. Si veo mucho follón, trataré de apartarme un poco y no meterme en el lío».

«Voy contento y espero volver contento, es un sueño y mi objetivo es una medalla olímpica»

Eguibar cree que la pista de PyeongChang le puede favorecer, a él y al resto de los mejores del ranking. «Es ancha, con curvas amplias y, en teoría, menos proclive a que haya problemas. Todo lo contrario a la de este domingo en Alemania, con unas curvas muy estrechas. Hace dos temporadas ya competí allí y no me fue mal».

Será una carrera exigente, ya que el circuito es muy largo. Los descensos se irán al minuto y veinte segundos (el domingo en Copa del Mundo fueron de 40 segundos, la mitad del tiempo). «Llegamos muy cansados abajo en un circuito tan largo, por lo que la condición física es muy importante. Nuestra modalidad es como un sprint a tope con vallas, para hacerse una idea. La fuerza es importante, a fin de cuentas nosotros vamos cuesta abajo, pero hay que combinarla con la agilidad para los saltos».

La flexibilidad de Eguibar es llamativa, pese a su fuerte complexión. Esa elasticidad es vital para mantenerse en pie en unas carreras que muchas veces son pruebas de auténtica supervivencia solo aptas para equilibristas de la tabla.

Su piel luce una sucesión de tatuajes. «Me gusta marcar los hitos de mi vida», explica. Añadirá otro tras PyeongChang, más si logra una medalla. Los aros olímpicos lucen en la parte interior de su brazo izquierdo.

Por la tarde, recibió los ánimos del consejero de Cultura del Gobierno Vasco, Bingen Zupiria, en el habitual acto de Basque Team. Este martes, Lucas Eguibar pone rumbo a Corea, donde espera la gloria.

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