Barcelona '92 desde dentro 25 años después

Equipo estadounidense de relevos 4x100. / TXEMA FERNÁNDEZ / EFE

Hace 25 años, periodistas de Vocento fueron testigos de los Juegos de Barcelona, que revolucionaron el deporte español. Algunos de nuestros enviados especiales a aquella cita olímpica evocan un acontecimiento que elevó la autoestima del país

ANTONIO PANIAGUA

El éxito de los Juegos Olímpicos de Barcelona debe mucho al brandy y a un polaco. A finales de los ochenta el director general de Deportes, Rafael Cortés Elvira, pensó que no vendría mal un poco de planificación eslava. Cortés Elvira se había fijado en el entrenador Stefan Paszczyk, y se propuso traerlo a España para que preparara a los deportistas españoles. El país anfitrión de la cita olímpica del 92 tenía que lucirse. ¿Qué mejor que contratar a un hombre de probada experiencia, que había demostrado sus dotes con la expedición polaca en Moscú'80 y Seúl'88? Era el tipo perfecto. Lo sabía todo y además había medrado en el escalafón ministerial, hasta el punto de que era el 'número dos' del departamento de Deportes. Pero había que convencer a su superior, el ministro Aleksander Kwasniewski. ¿Qué hizo Cortés Elvira? Se ganó al funcionario con simpatía y unas cuantas copas de vodka. Y, claro está, se llegó a un acuerdo. Aparte de mejorar el sueldo del talentoso entrenador, que ganaba entre siete y ocho millones de pesetas al año en la Administración, presentó una oferta que nadie en Polonia podía rechazar: regalaría al ministro doce botellas de brandy Carlos I.

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La operación fue ventajosa, porque Paszczyk prometió que España ganaría 22 medallas y cumplió su palabra. A Kwasniewski, por cierto, tampoco le fue mal. Llegó a la presidencia de Polonia en 1995 y su mandato se prolongó diez años. No se sabe si por la elocuencia que da aclararse la garganta con brandy español. El bueno de Stefan dio prioridad a la fortaleza psicológica. Los españoles sabían competir, pero pasaban las de Caín cuando afloraba la tensión en un encuentro. «A partir de Barcelona'92 nos cambió el carácter. Éramos muy autodestructivos y agoreros. Desde entonces aprendimos a ser menos fatalistas», dice Ignacio Tylko, periodista de la agencia Colpisa. A sus 26 años era la primera vez que informaba de un evento de tal repercusión.

Hoy, tras haber estado en cinco Eurocopas y otros tantos Mundiales de fútbol, Tylko no se olvida del impresionante ambiente que se vivía en la Ciudad Condal. «Barcelona era una fiesta. Sus calles estaban tomadas por una verdadera marea humana. Pese a que cinco años antes ETA había perpetrado la matanza de Hipercor, la sensación dominante era de tranquilidad». A esa percepción de seguridad contribuyeron los 40.000 agentes desplegados, entre policías, guardias civiles y mossos. La organización tuvo el acierto de que el personal de seguridad privado vistiese muchas veces en la Villa Olímpica un atuendo muy similar al de los voluntarios. «Nada que ver con el sentimiento que vivimos el año pasado en la Eurocopa de Francia, en la que había una psicosis de estado de excepción tras la alarma por el terrorismo yihadista».

«En hockey jugaban una víctima de ETA y una militante de Batasuna» Pedro Gabilondo, El Diario Vasco

«Llevábamos una acreditación que te permitía entrar gratis en todos lados» Óscar Alonso, El Correo

«Barcelona era una fiesta. Sus calles estaban tomadas por una marea humana» Ignacio Tylko, Colpisa

«Me harté del ‘busca’ y lo tiré al mar; luego dije que se me había caído al agua» pedro sardina, abc

Hace unos pocos años, altos cargos del Gobierno de Felipe González desmintieron que se hubiera pactado con ETA una tregua. De hecho, según reveló el entonces secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, un grupo vinculado a la banda intentó volar el tejado del Palau Sant Jordi.

Pedro Gabilondo, periodista especializado en atletismo y ya retirado de la brega diaria, ha trabajado 29 años en El Diario Vasco. Con la experiencia que le da el haber sido enviado especial en nueve Juegos Olímpicos, asegura que los de Barcelona, en dura competencia con Sídney'2000, «fueron los mejores». Barcelona se libró del boicot y la guerra fría que ventilaban EE UU y Rusia en los campos de juego, entre otros escenarios.

Gabilondo recuerda la sorpresa que dieron 'las chicas de oro', la selección femenina de hockey sobre hierba, al subirse a lo más alto del pódium, un éxito imprevisto. «Curiosamente en el mismo equipo jugaban Teresa Motos, cuyo padre, un teniente coronel de Ingenieros, fue asesinado por ETA, y Nagore Gabellanes, militante de Batasuna».

El artífice de la gesta, José Manuel Brasa, se las vio y las deseó para reclutar a unas deportistas que de entrenar unas pocas horas a la semana pasaron a hacerlo diez horas al día. Después de colgarse la presea, las jugadoras se resarcieron de los meses de concentración con una fiesta a la que acudieron sus novios. Tylko y su compañero Amador Gómez, también de la agencia Colpisa, se colaron en la juerga y dan fe de que, libres de los nervios de la competición, las españolas se desquitaron del estrés con pasión desaforada con sus parejas.

Quizás no volverán a verse tantas banderas españolas en el Camp Nou. Las tensiones nacionalistas parecieron esfumarse, pero permanecían larvadas. Con los años se supo que dos integrantes de la Fura dels Baus, que se encargaron de la ceremonia de inauguración, llevaban escondidas pancartas con el lema 'Freedom for Catalonia'. El consejero delegado del Comité Organizador, Josep Miquel Abad, logró disuadirles de su propósito.

Previsiones en la cocina

Pese al trabajo extenuante, también había espacio para la farra. Óscar Alonso, de El Correo, curró como nunca, pero también se divirtió lo suyo. «Yo entonces era un chaval de 25 años. Los periodistas llevábamos una acreditación al cuello que te permitía entrar gratis en todos lados, incluso en las discotecas. Eso era un privilegio terrorífico. Fueron unos días en que dormí cuatro horas diarias».

El jefe del suplemento olímpico de El Correo, Juanmari Gastaca, enviaba las previsiones desde Bilbao, y alguien colocaba la asignación de temas en la cocina del piso donde vivían los ocho periodistas y el técnico que componían la delegación. «Te despertabas a las ocho de la mañana y de repente descubrías lo que te tocaba hacer». Eran lo que los enviados dieron en llamar los 'deberes de Gastaca'.

Alonso, que coordinó los suplementos olímpicos de 1996, 2000 y 2004, se quedó perplejo por cómo celebraban su medalla de plata los miembros de la selección de baloncesto de Croacia, con Drazen Petrovic a la cabeza. «Coincidí con ellos en un restaurante de la Barceloneta a las dos de la mañana, cuando cenaban. Todos cantaban a voz en cuello y Petrovic y compañía estaban subidos en las mesas». Para los aficionados al baloncesto Barcelona'92 será imborrable. No por la participación de los españoles, que quedaron fuera de la competición a causa de una humillante derrota frente a Angola, sino por el recital que dieron los irrepetibles Larry Bird, Michael Jordan, Karl Marlone, Magic Johnson o Chris Mullin, los héroes del 'Dream Team'.

En la cita olímpica debutaron unas nuevas tecnologías. Pedro Sardina, de ABC, cuenta que ya se disponían de los primeros ordenadores portátiles, hoy vetustos y pesados, pero que se conectaban a la línea telefónica y permitían transmitir la crónica. «Los móviles, tal y como se conocen ahora, no existían. Había lo que llamábamos 'zapatófonos', unos teléfonos inalámbricos enormes. Los mensajes de la Redacción los recibía a través de un 'busca', el aparato que entonces llevaban los médicos. Emitían un ruidito, un soniquete muy molesto. En una final de vela me atosigaron con tantos mensajes que me harté, lo tiré al mar y luego me excusé diciendo que se me había caído al agua». Por aquellas fechas se vieron las primeras pantallas táctiles, que entonces parecían un invento futurista.

Sardina, actual director de 'ABC de la Náutica', casi no necesitaba salir de la Villa Olímpica para buscar un rato de esparcimiento. En el recinto reservado a periodistas y árbitros había de todo: bares, supermercados, piscina, peluquería y hasta un McDonald's que abría las 24 horas. «Y si necesitábamos salir nos colábamos en la zona de deportistas». Este experto en vela cubrió además otros deportes, como balonmano, judo, hípica y los vestuarios de la final de fútbol. «Todo salió muy bien, tanto desde el punto de vista organizativo como deportivo». El informador no cree que España recibiera un trato de favor por parte de los jueces. «El éxito de los Juegos se debió al Programa ADO», creado en 1988 para los deportistas de alto rendimiento.

Todos los periodistas que participan en este reportaje se muestran unánimes en que la organización fue perfecta, el ambiente estupendo y las infraestructuras inmejorables. ¿Nada entonces que objetar? La bailaora Cristina Hoyos desvela un feo para un grande de cuya muerte se cumplen también ahora 25 años: Camarón. Se pensó que el cantaor actuara y Hoyos exhibiera su arte, pero se descartó porque «era drogadicto», como reconoció en su día el secretario de Estado para el Deporte, Javier Gómez-Navarro.

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