Lucas Eguibar: «Sigo dolido y no es solo por los Juegos»

Eguibar, en Donostia, tras su aventura olímpica. / USOZ

El donostiarra repasa con DV cómo fueron las horas posteriores a su caída que le privó de la lucha por las medallas como tenía por objetivo

RAÚL MELERO

No pasea como un donostiarra más porque no pasa desapercibido. De hecho posando para la fotografía que encabeza esta entrevista, le paran un par de señoras para darle ánimos. Recién llegado de Corea, Lucas Eguibar (Donostia, 1994) pasa sus primeras horas en la capital guipuzcoana después de su participación en los Juegos.

Han pasado días, pero habla de su caída con tristeza y resquemor. Cuenta cómo fueron las horas después del fiasco y su mirada se pierde, demostrando que era algo que no entraba en su guion. Competitivo hasta la extenuación, seguro que quiere una revancha en breve.

– ¿Qué tal está?

– Ahora estoy adaptándome un poco a todo. Llegué el lunes por la tarde destrozado. He dormido pocas horas y a las cinco de la mañana ya estaba con los ojos abiertos.

– ¿Se le han hecho duras las ocho horas de diferencia con Corea?

– Sí. Para mí siempre es más duro el jet lag hacia el este que si hubiera viajado al continente americano. De hecho allí me costó muchísimo aclimatarme. Estuve diez días y solo los últimos días llevé un ritmo de vida normal.

– ¿Le apetece seguir viendo los Juegos ahora?

– Sí, estoy siguiendo casi todas las modalidades. Además lo bueno es que hay varios canales de televisión que están dando muchas horas y creo que eso es muy positivo. Cuando llego a casa pongo la tele.

– ¿Ha visto su carrera por televisión o la tiene grabada a fuego en la cabeza?

– No he visto nada. Solo por casualidad vi mi caída mientras salseaba en Twitter. Me quedé a verla porque tengo la imagen de la caída, porque sé qué me pasó, pero no tenía la imagen desde fuera de cómo se vio. Solo eso. De hecho no vi ni el resultado. Luego me dijeron que había quedado en el puesto 33.

– ¿Y la final?

– Esa carrera sí. Una vez finalizada mi participación, estuve un rato cabreado en una esquina y luego me di cuenta de que la fijación de la tabla la tenía medio rota. Después me fui a la salida, recogí mis cosas y desde la meta seguí toda la carrera.

– Da la impresión de que llevaba un cabreo mayúsculo. No rompería la tabla, ¿no?

– No la rompí porque es mi tabla. El casco sí. Lo tiré y se rompió.

– ¿Quién fue la primera persona a la que ve después de la caída?

– Mi skiman (encargado del material). Fui a la salida y ahí estaba trabajando con las tablas de Regino. Mi skiman y mi fisio, los dos. Luego bajé y vi a mi madre en las gradas con mi hermana. Me animaron a que uniera a ellas. Supongo que para animarme. No me vino nada mal.

– ¿Fue uno de los peores días de su vida como profesional?

– Ese día lo pasé mal. Estuve viendo la final, vi el reparto de medallas desde lejos y me refugié en el cuarto donde tenemos las tablas. Quería estar solo. Después me fui con la familia. Estuve con ellos pero no hablé en toda la comida.

– ¿Cómo se sintió?

– Es difícil de explicar. No es que estuviera cabreado sino que no me salían las palabras. La verdad es que ese día me costó mucho darle la vuelta. A la hora de la cena estuve algo mejor. Estuve hablando con mi psicólogo personal y creo que me ayudó mucho. Bueno de eso se trata, ¿no? (ríe).

– ¿Pensó en alguien o algo para tratar de aplacar el dolor?

– No.Imaginé que es como si alguien falla un penalti para llevarse la Copa del Mundo y el siguiente lo mete. O como si en baloncesto se fallan dos tiros libres para ganar y terminas perdiendo. Esos dos ejemplos se pueden equiparar a lo que me pasó a mí. Sinceramente creo que podía haber hecho una buena carrera porque me encontré cómodo en esa pista. La pena es mayor porque como luego se pudo ver conel bronce de Regino, esa era una pista que me venía muy bien por mis características. Los dos nos parecemos.

– Los saltos de la pista daban la impresión de ser muy grandes.

– No es que fueran grandes sino que hubo un problema en el montaje. Cuando saltábamos, nos íbamos muy lejos. Estaba mal calculado. Fue un problema de la nieve. Además lo viví personalmente porque fui el primero en probar la pista.

– ¿A qué se refiere?

– Antes de las carreras se cogen a unas personas para probar la pista. Tienen que ser personas de nuestro nivel y no cualquiera. Antes se hacía por sorteo, pero muchos competidores eran reticentes porque el peligro a lesionarse existe. De hecho, más de uno se ha lesionado. Ahora te puedas apuntar. Yo quería conocer la pista y fui el primero en bajar.

– ¿Y cuáles fueron sus primeras impresiones?

– Creo que me iba bien. El estado de la nieve no permitía correr mucho, pero al día siguiente nevó y entonces estaba perfecta. El día de la carrera la nieve estaba muy dura y todos los saltos iban lejos. Estaba peligroso porque hubo muchísimas lesiones, pero sabemos a qué nos atenemos. La nieve es así, unos días está blanda y otras dura.

– El teléfono echaría humo al acabar la prueba, ¿no?

– Por whatssap no contesté ningún mensaje. A mis amigos solo les mandé un emoticono guiñando el ojo, nada más. Es que no me salía hacer nada. Al día siguiente ya les mandé un audio. Quien más me ayudó fue mi coach, Imanol Ibarrondo.

«No sé explicar cómo me sentía después de la caída.No me salían las palabras.Estuve horas sin hablar»

– ¿Qué sensaciones fue teniendo?

– Buff, no sé. Muchas y enfrentadas. Estaba dolido y sigo dolido. No solo por la carrera de los Juegos, sino por toda la temporada que llevo porque ha sido malísima. Está siendo la peor de mi carrera y eso me jode.

– Pero es usted muy joven.

– Sí, es cierto. Vaultier, Pullin o Regino son mayores que yo. En esos momentos no piensas en eso y solo tienes en la cabeza que has perdido una oportunidad. Yo mismo sé que me quedan muchos años, pero es complicado. La gente me animaba pero es muy fácil decirlo y difícil estar en mi piel.

– ¿Qué destaca de estos Juegos fuera de su modalidad?

– Lo de Ester Ledecka. Fue increíble. Hace tres semanas coincidimos en una carrera que tuvimos en Bulgaria. Ha ganado dos medallas: una en esquí y otra en snowboard. Es una máquina.

– ¿Le dio tiempo de ver algo in situ?

– Fui a ver bobsleigh y skeleton porque Ander Mirambell tenía los entrenamientos oficiales. Nunca había estado en una pista y me impactó. Van a una velocidad terrible, a 130 kilómetros por hora.

«Lo que me pasó es como si alguien falla un penalti en al final de la Copa del Mundo y la pierde»

– ¿Ha coincidido con Imanol Rojo y con Felipe Montoya?

– Con Imanol porque lo tenía en la habitación de enfrente, pero con Felipe no mucho porque la villa de hielo estaba en otro lado.

– ¿Qué atmósfera se respira en la villa olímpica?

– El ambiente es muy bueno. Al final sabes que todos estamos ahí por una cosa, por el deporte. Todos nos dedicamos a lo mismo y compartir esos momentos con diferentes deportistas es precioso.

¿Había muchas diferencias con los Juegos de Sochi?

– En Sochi estaba todo mucho más repartido. Aquí me ha impactado más. Quizá porque es una zona más pequeña y veías las gradas gigantescas con muchísima gente.

– ¿Qué va a hacer estos días?

– Ahora me apetece sacar la cabeza y desconectar. Me imagino que estaré un par de días por Donostia y después me iré a Formigal. Me apetece estar en la nieve, pero no para hacer snow, sino otra cosa. Es mi medio, como para un surfista que quiere estar un rato en el agua.

– Ahora tiene tres pruebas más del circuito mundial.

– Tristemente no hay nada en juego, pero para la autoestima vendría bien hacer un buen resultado. Y tenemos el campeonato por equipos con Regino, que además estará de subidón. A ver si podemos terminar en lo más alto.

– ¿Fastidia ver cómo su compañero Regino, al que le ha batido muchas veces, sale con una medalla?

– Me puede fastidiar un poco pero porque no lo he ganado yo, por puro afán competitivo, como si un colega me gana a la pocha. Me enfado. Eso le ocurre a todo el mundo. Me alegro por él, porque creo que es muy bueno para nuestro deporte, se nos está dando mucha bola.

– Por cierto, ¿habló con Visintin tras la caída?

– Sí, he hablado con él. En el salto me toco con el de Estados Unidos y de rebote le tiro al italiano. Me disculpé con él y lo entendió. Eso me fastidia mucho porque nos llevamos muy bien. De hecho nos vamos de vacaciones juntos.

– Por lo menos se queda con el recuerdo de ser abanderado de la delegación española.

– Sí. Fue un día mágico. Además coincidiendo con mi cumpleaños. Me hizo muchísima ilusión.

– ¿Cuál es la siguiente prueba top que va a acometer?

– Hay pruebas de Copa del Mundo todos los años y el Mundial se disputa cada dos años. En 2017 fue en Sierra Nevada y en 2019 será en Utah, en Salt Lake City.

­– Un buen sitio.

– Sí.Estuvimos hace unos años y cenamos con Raúl Neto, que jugó en el GBC, y con Ricky Rubio, que juegan en los Utah Jazz de la NBA.

­– Si hace medalla, ¿otro saque de honor pero en el nuevo Anoeta?

– Ojalá. Firmamos ya.

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