Iñurrategi, Vallejo y Zabalza rescatan a un alpinista italiano en el G II

Uno de los momentos del descenso.
Uno de los momentos del descenso. / WOPEAK/Mikel Zabalza

Los escaladores vascos del WOPeak17 auxiliaron a Valerio Annovazzi, sólo y con congelaciones a 7.000 metros de altitud

JAVIER MUÑOZ

La cordada formada por Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza había dado por concluida el pasado fin de semana la expedición WOPeak 2017. Sus intentos de hacer cumbre al estilo alpino y por rutas no convencionales tanto en el Gasherbrum I como en el Gasherbrum II (G I y G II), en la cordillera del Karakorum, se habían visto truncados por la adversa climatología, que los obligó por dos veces a regresar al Campo Base. Sin embargo, cuando ya daban por finalizada su expedición, ignoraban que aún les faltaba su hazaña más importante en aquella región del Himalaya: el rescate, este martes, del italiano Valerio Annovazzi, de 59 años, integrante de una expedición comercial al G II por la vía normal, al que habían dejado solo en una precaria situación en el descenso de la cima.

La alarma se produjo el pasado fin de semana, cuando Iñurrategi, Vallejo y Zabalza se dieron cuenta de que entre los montañeros que iban regresando al Campo Base (gente que no tenía relación entre sí pero que se unía para obtener permisos, guías y porteadores) faltaba Annovazzi. Los vascos conocían al italiano de haberlo visto allí y preguntaron a los demás qué le había podido pasar. La increíble respuesta que obtuvieron –por desgracia no tan extraña en ese tipo de situaciones– fue que lo habían visto por última vez el pasado viernes en el Campo 3 (C 3), a unos 7.100 metros de altitud, profiriendo frases inconexas.

Con el teleobjetivo de Arkaitz Saiz, el fotógrafo de la expedición WOPeak, Iñurrategi, Zabalza y Vallejo pudieron ver la tienda de Annovazzi en el C 3. Concluyeron que estaba en apuros y decidieron salir en su auxilio a pesar de que, unas horas antes, ellos mismos habían protagonizado un duro y complicado descenso tras su intento frustrado en el G II por la vía Kukuczka-Kurticka.

Los tres escaladores, que son guías de montaña, partieron del Campo Base a primeras horas del lunes con el propósito de alcanzar el C 3 de un tirón y lo más rápidamente posible. En unas doce horas consiguieron llegar la tienda donde se refugiaba Annovazzi y lo encontraron deshidratado y con síntomas de congelaciones, tras haber resistido cuatro días a más de 7.000 metros y sin apenas comer ni beber.

Deshidratado y con síntomas de congelación

Annovazzi no se había atrevido a salir del C 3 a causa de las congelaciones. Le dieron comida, agua y medicamentos y enseguida lo bajaron al C 2, a 6.500 metros, donde el grupo paró para dormir. El descenso prosiguió este martes «con Valerio bajando por su propio pie y turnándonos entre los tres para asegurarle en corto en todo momento, con la cuerda muy tensa, desde el C 2 hasta el Campo Base», relataron los alpinistas vascos.

Debido al mal tiempo reinante, ningún helicóptero podía acercarse allí, así que Iñurrategi, Vallejo y Zabalza eran la única opción que tenía Annovazzi, un milagro para él. «Para nosotros esto es el ejemplo máximo del alpinismo en el que creemos –relataron los montañeros vascos–. Estamos felices porque ésta es la mejor de las cimas. La vida es la cumbre más importante. Después del bajonazo de la expedición, estamos tremendamente satisfechos».

Los rescatadores confiaban en la recuperación completa de Annovazzi y no terminaban de entender cómo se puede abandonar a alguien en una cumbre del Himalaya. Ni que nadie se hubiera quedado en el Campo 1 para colaborar con ellos en el rescate.

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