Gipuzkoa Basket

Cuando perder es casi lo de menos

La cancha de Illunbe registró la mejor entrada de la temporada. Más de cuatro mil aficionados siguieron el partido en directo./MICHELENA
La cancha de Illunbe registró la mejor entrada de la temporada. Más de cuatro mil aficionados siguieron el partido en directo. / MICHELENA

No arroja la toalla nunca frente a un adversario capaz de marcar diferencias en cualquier momento. Gipuzkoa Basket vuelve a juntar a más de cuatro mil personas en Illunbe. Este equipo ilusiona

ÁLVARO VICENTESAN SEBASTIÁN.

Pues va a ser que sí. Aquellos visionarios que soñaban con recuperar la ilusión por el baloncesto en este territorio van a tener razón. Volvieron ayer, por fin, las colas kilómetricas en las taquillas de Illunbe, los atascos de tráfico en los aledaños de la instalación antes y después del partido, y los problemas para dar con una plaza de aparcamiento. Parecía cosa del pasado. Ese pasado es presente. No hay más que reparar en la imagen que acompaña estas líneas. El público vuelve a vibrar con este equipo. Va a ser que sí: dar un paso atrás, bajar a la LEB, va a terminar siendo hasta positivo. El aluvión de aficionados en un día tonto de vacaciones como el de ayer cogió desprevenido a los responsables del club que, sin personal suficiente en las puertas de acceso, llevó a que cientos de aficionados se quedaran sin poder ver el primer cuarto en directo. Una lástima. Para cuando entraron a Illunbe el Barcelona ya pisaba el acelerador, ponía velocidad de crucero. Al término del partido, el club pidió disculpas en una nota por esta ralentización en los acceso debido a problemas informáticos en las taquillas.

Dentro, el público apretó a los árbitros, vibró con su equipo y hasta vio debutar a otro chaval de la cantera guipuzcoana. Uno más. Me gustaría saber cuántos clubes ACB han hecho debutar a más de diez chavales de su territorio en apenas diez años. Mikel Sanz, del Easo, ya puede decir que un día se estrenó en un partido ante el Barcelona. Jugó los últimos segundos, pero fue suficiente para testar el buen 'feeling' que hay hoy entre el aficionado y este equipo. El pescado estaba vendido para ese momento, pero el aficionado quería que el balón llegara a las manos de su canterano para verle anotar sus primeros puntos. Tuvo dos oportunidades: un rebote bajo el aro y un triple en una posición librada. No pudo ser. Dio igual. El aficionado se rompió las manos para valorar su trabajo. También el realizado por Gipuzkoa Basket ante un Barcelona que demostró estar hoy a años luz, al menos en días como el de ayer. Illunbe también lo entendió así. Lo mejor es que Gipuzkoa Basket fue fiel a su estilo, trató de jugarle de tú a tú a un transatlántico como el azulgrana. Fisac pudo plantear un partido de posesiones largas y baja anotación, pero optó por no cambiar. Gipuzkoa Basket perdió con la cabeza alta y con respeto ganado de todo un Barcelona. Porque solo así se entiende la actitud mostrada por los doce jugadores que se trajo Sito Alonso a San Sebastián. Todos aportaron y defendieron cada posesión al límite. ¿Dónde estaba ese Barcelona con dudas? No lo ví en Illunbe. Me atrevería a decir que éste es el Barcelona más serio que ha visitado este recinto. Para el descanso tenía el partido bajo control. Nunca antes en sus nueve visitas anteriores lo había logrado.

Los doce jugadores del Barcelona aportaron y defendieron al límite. ¿Dónde había dudas?

Y eso que el GBC venía de pasar por encima del Burgos y el Barcelona no termina de carburar. La suma de los dos factores nos daba esperanzas de dar la campanada. Ocurrió todo lo contrario. El Barcelona dejó encarrilado el partido en un pis pas porque circuló el balón a una velocidad inalcanzable para un equipo como Gipuzkoa Basket, corto, pequeño y sin tanta calidad. Las doce asistencias y solo dos pérdias que el Barcelona contabilizaba al descanso dicen mucho a su favor. Tuvo tanta claridad que hicieron del baloncesto un deporte sencillo. Los azulgranas casi siempre encontraron la mejor solución por fuera. Casi todos sus posesiones acabaron con un pase extra para dar con el jugador mejor colocado. Una vez Ribas, otra Hanga, Vezenkov, Koponen, Moerman... Todos tiraron mucho, bien y en situaciones libradas. En escenarios como éste un tipo versátil y veloz como Oriola se sale. Su actuación fue perfecta. Sacó algo positivo de todas sus acciones. Forzó siete faltas y desde el tiro libre se hinchó.

El club pidió disculpas en una nota por la ralentización en los accesos a la instalación

Gipuzkoa Basket echó en falta a Norel porque el Barcelona sabía bien donde está el jugador que hace daño. Cada vez que el pívot quiso levantar el balón, una maraña de brazos y kilos se lo impidieron. Él se fue haciendo pequeño y con él sus compañeros. Cada triple del Barcelona era un puñal en el corazón. Pero ni él ni nadie en el equipo de Fisac bajó la mirada. Gipuzkoa Basket no tendrá los argumentos sólidos para ganar a armadas como la azulgrana, pero tuvo el mérito de no bajar los brazos y seguir peleando aunque el partido se había puesto imposible desde muy pronto. La opción de sorpresa se había esfumado hace mucho, pero el respeto del Barcelona lo tenía desde antes del partido y lo sigue teniendo después. Este equipo va a seguir peleando por los que se acercaron a Illunbe y los que se irán sumando en las próximas semanas.

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