Gipuzkoa Basket

Un partido a pedir de boca

Los jugadores del Gipuzkoa Basket celebran en el centro de la pista de Illunbe la apabullante victoria ante el Iberostar Tenerife. / MICHELENA
Los jugadores del Gipuzkoa Basket celebran en el centro de la pista de Illunbe la apabullante victoria ante el Iberostar Tenerife. / MICHELENA

Arrolla desde el primer balón con la aportación de todos los jugadores. No hay nada más gratificante. Gipuzkoa Basket no pierde su apetito, avasalla a su rival y ya tiene recorrido medio camino hacia la permanencia

ÁLVARO VICENTE SAN SEBASTIÁN.

No es necesario tirar de tópicos. Fue todo mucho más prosaico y alentador. Menos palabrería y más hechos. Gipuzkoa Basket vació sus reservas de entrega y pundonor, y el marcador le premió con una victoria gratificante. Su rival no era un cualquiera. El Tenerife.

Y es que en tardes como la de ayer en Illunbe el peligro es no valorar lo suficiente la actuación de Gipuzkoa Basket porque su rival fue una sombra de lo que puede ser. Tenerife no jugó lo que puede jugar porque Delteco GBC le pasó por encima. Pero eso no es lo mejor. Lo mejor es que los nuestros juegan bien al baloncesto. Es un equipo que hace muchas cosas bien sobre la pista y que cada día aleja más sus propios límites.

El triunfo resultó gratificante no solo por sí mismo, sino también por las formas empleadas. A ritmo de sotamano, todos sumaron a la causa. Sí, pero liderados por quienes estaban llamados a hacerlo en este equipo: Chery, Van Lacke, Fakuade, Agbelese, Clark y Norel. Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y, a una cita traicionera tras el mazazo recibido ante el Barcelona días atrás, respondió con un comportamiento más extraordinario aún.

La primera parte de GBC fue de libro: 52 de valoración por 13 de los isleños

Gipuzkoa Basket avasalló en un partido vibrante a un Tenerife superior a priori en cuanto a nombres pero muy inferior en ilusión, juego y acierto. El campeón de la última edición de la FIBA Champions League todavía hoy se estará preguntando qué le pasó ayer. La respuesta es sencilla: se midió a un rival que compite siempre, que no se siente nunca satisfecho ni inferior a nadie, no pierde su habitual apetito por mucho que consiga, no conoce el miedo y no acepta ninguna excusa para perder. Y, por si no ha quedado claro, además juega bien a baloncesto. Por de pronto, Fisac y los suyos han recorrido medio camino hacia la permanencia.

Los jugadores de GBC salieron rabiosos, encendidos, mas fuertes atrás y mucho más consistentes en ataque. Su arranque cogió a contrapié a su rival. Quizás no le respetó lo suficiente. Si Tenerife fallaba un tiro o perdía un balón, el castigo era inmediato e inevitable. Casi siempre desde el triple y casi siempre con Clark como protagonista. Porque como ya habrán leído en las páginas anteriores el británico cuajó su mejor partido de la temporada. Él fue el que vio el aro como una piscina. Sus cuatro triples de cuatro intentos en los nueve minutos que estuvo en la pista en el primer cuarto catapultaron a su equipo.

La película todavía fue a mejor en el segundo acto porque por momentos Gipuzkoa Basket sacó de la pista a su adversario, incapaz de rebatirle tanta supremacía. No le dio opción. Ansioso, alocado, tomando siempre la peor decisión, el aro se le hizo minúsculo al Tenerife. No encontró el ritmo de juego por más que Katsikaris agitó su banquillo. Que la única ventaja visitante fuera el 4-5 habla a las claras del desarrollo del choque.

GBC consiguió que el Tenerife batiera el récord de pérdidas en el menor tiempo posible, que exhibiera un tembleque preocupante a la hora de armar el brazo y se mostrara incapaz de taponar las acometidas locales, que las hubo a mansalva. Un hundimiento de los que hacen época.

Ayudas y más ayudas

Para el minuto 15 la ventaja ya alcanzaba los veintitrés puntos (39-16). Gipuzkoa Basket olisqueó la víctima. La tez mortecina, las heridas abiertas y el suave aroma de la sangre fresca abrieron las fauces. Su primera parte fue de libro (52 de valoración por 13 de los isleños). Tras ese bocado se llevó medio brazo (56-28, minuto 24). Probó con otro, y se zampó la pierna (76-57, minuto 36).

El Tenerife atisbó en el último cuarto un claro por el que maquillar el desaguisado y retornar así a casa sin miedo a recibir una sarta de collejas. Se puso a dieciséis (73-57). No importó. Cada vez que la goma se encogía, surgía algún jugador con camiseta azul con la idea de desbaratar la tímida insurrección.

Tirando de constantes ayudas defensivas cortó la respiración, ya de por sí entrecortada, al Tenerife. Y adelante tuvo tiempo para pensar, mascar cada movimiento y ejecutar. Siempre con un pase de más y desde los mismos postulados atrás. Y es que sin actitud defensiva no hay paraíso que valga en la ACB.

Gipuzkoa Basket siempre encontró una razón, jugó con arrestos, buenas sensaciones y dosis enormes de ambición. Demostró que son este tipo de compromisos solventados con la aportación de todos los jugadores los que mejor poso dejan. Son los más auténticos, los que animan a a pensar, que en un deporte tan profesional, el compromiso existe.

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