Gipuzkoa Basket

El equipo fue el mejor calefactor

Fede Van Lacke trata de superar la oposición de Vargas en un lance del encuentro de ayer en Illunbe./JOSÉ MARI LÓPEZ
Fede Van Lacke trata de superar la oposición de Vargas en un lance del encuentro de ayer en Illunbe. / JOSÉ MARI LÓPEZ

El público vibró primero con el GBC, sufrió después pero disfrutó al final en la gélida grada de Illunbe. La afición disfrutó con el éxito de su equipo y de la conexión Norel-Swing, pero también supo alzar a los suyos cuando el Fuenlabrada apretó

OSKAR ORTIZ DE GUINEASAN SEBASTIÁN.

«¡MVP! ¡MVP! MVP!». Norel atendía en pista a los compañeros de televisión y los aficionados de la peña Omnes Uni se desgañitaban al fondo de la pista, a la espera de chocar sus manos con el pívot holandés, de nuevo máximo anotador de un Delteco GBC que, esta vez sí, supo resolver a su favor al fin un partido con un desenlace ajustado.

Los de Porfi Fisac aprobaron su asignatura pendiente esta temporada. Habían suspendido en este tipo de finales de infarto ante UCAM Murcia y en los derbis con Baskonia y Bilbao Basket; y fueron a batir a un Fuenlabrada que era justo lo contrario, una máquina infalible cuando el reloj de arena de los partidos se desgranaba. Así ganaron, por menos de tres puntos, a Andorra, Betis y Estudiantes. Y así habían protagonizado el mejor comienzo de su historia con un balance de 7-2.

Pero fueron a caer en una pista tradicionalmente propicia para los fuenlabreños (seis triunfos en diez visitas, incluida la de ayer). Y menos mal, porque de haber brindado un triunfo al medio centenar de seguidores desplazados a Donostia, más de un aficionado local se habría quedado petrificado sobre su asiento... Por el disgusto, y por el frío que pasó en la grada durante el partido.

En un día que invitaba a quedarse en casa, Illunbe tuvo la segunda mejor entrada del curso El frío en el exterior se coló en la plaza de toros, pero la afición se fue radiante con la victoria

Sin sensibilidad en los pies

A estas horas del domingo, quien firma estas líneas espera haber recuperado la sensibilidad en los pies... Si ha detectado alguna errata, probablemente sea porque ayer no eran los dedos los que guiaban el teclado, sino unos macarrones congelados. Alguno llegó a acercarse hasta las puertas de acceso a Illunbe para comprobar que estuvieran cerradas. No hubo forma de que la calefacción elevara la temperatura de la plaza de toros.

Pero el equipo fue el mejor calefactor. Sobre todo en la primera parte, donde el 'pick&roll' volvió a sonar gracias a la conexión entre Swing -que lo jugó casi todo- y Norel, y con un Dani Pérez magistral a la hora de repartir juego y asistencias. El holandés volvió a florecer. No hay forma de que el tulipán se marchite. Y ayer volvió a superar la veintena de valoración (23).

El pintxo-pote, novedad

Todo hizo falta para agradecer que hasta 2.103 espectadores se acercaron a Illunbe en un día que no invitaba a subir hasta el coso taurino. Sin embargo, registró la segunda mejor entrada en lo que va de temporada, solo por detrás del día frente al Unicaja. La última idea del club para alimentar las gradas fue la instalación de una carpa con pintxo-pote en los aledaños. Por ahí se pasaron decenas de aficionados, aunque la tarde estuviera más para mantita y chocolate con churros.

El inicio del partido fue un gustazo. El equipo comenzó a ritmo de Swing, con ocho puntos casi seguidos. Pero lo mejor estaba por llegar. El Fuenlabrada comenzó a fallar, el GBC se hizo con los rebotes y atinó con casi todo lo que intentó. Así se pasó de un 12-11 a un 32-15 que invitaba a soñar con una clara victoria del Delteco, su única manera de ganar esta temporada... hasta ayer.

Sin embargo, cuando el Fuenlabrada ajustó su punto de mira, el partido volvió al esperado camino de la igualdad. No en vano, enfrente estaba un equipo que solo había caído en un viaje (Gran Canaria). El equipo de Fisac perdió las riendas del encuentro, pero la afición resurgió del frío, al calor de un Agbelese y Clark enchufados. Silbó casi cada ataque madrileño, apoyó cada conducción de los suyos y recriminó la permisividad arbitral, sobre todo con un Popovic muy enérgico tanto en defensa como en ataque.

Los fantasmas de las derrotas ajustadas amenazaron con salir del armario, pero entre el GBC y el público los devolvieron a la oscuridad de un portazo. El calefactor de basket estaba en marcha, y no era cuestión de apagarlo al final. Nunca con los vatios de un incombustible Norel.

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