Gipuzkoa Basket

Un derbi con sabor agridulce

Integrantes de la peña Omnes-Uni, fiel como siempre, se echan las manos a la cabeza tras una decisión arbitral en el choque de ayer./LOBO ALTUNA
Integrantes de la peña Omnes-Uni, fiel como siempre, se echan las manos a la cabeza tras una decisión arbitral en el choque de ayer. / LOBO ALTUNA

Illunbe albergó más público de lo habitual en un encuentro en el que sus aficionados lo dieron todo

MACARENA TEJADASAN SEBASTIÁN.

Un derbi siempre es especial, porque se sienten los colores. En baloncesto, en fútbol, en hockey, en rugby... No importa el deporte. Las emociones son intangibles. Por eso, no existen las palabras idóneas para definir lo que viven los aficionados en estos partidos que, con victoria o con derrota, siempre son una fiesta.

Ayer fue uno de esos días. Tras el derbi anterior contra el Baskonia, el GBC recibía al Bilbao Basket en un Illunbe con más público de lo habitual. La peña donostiarra Danok Bat Omnes-Uni vivió el partido justo enfrente de la peña Hirukoa de los seguidores bilbaínos que viajaron a Donostia a animar a su equipo. San Sebastián versus Bilbao. Pitidos, banderas, bufandas y cánticos. Las mejores armas para defender a los tuyos. Por encima de cualquier cosa pesan los colores y si no que se lo digan al graderío negro que estuvo ayer en el feudo donostiarra, o a los txuriurdines de siempre.

Sin prisa pero sin pausa, los cánticos fueron aumentando. Y más cuando la afición del GBC exigía a los árbitros lo que creían merecer. Sea como fuere, la animación fue máxima desde el segundo cero del partido. Y cuando llegó el descanso... Ahí sí que salieron a la luz las costumbres locales. Que quedara claro que eso era un derbi vasco.

Tanto la peña Omnes-Uni como Hirukoa animaron sin parar a sus respectivos equipos

Los jugadores necesitaban garra para recuperar los puntos perdidos durante la primera mitad (28-43), y qué mejor que sus seguidores escenificaran una sokatira. La peña del GBC contra la del Bilbao Basket. Dicen que lo importante es participar... pero el alboroto generado en el graderío de Illunbe cuando los donostiarras se proclamaron ganadores de la sokatira fue enorme. Ni que del partido se tratara.

Homenaje a Donostiarra

Quince minutos dan para mucho, y esta fue solo una actividad de las que se llevaron a cabo durante ese cuarto de hora.

El GBC, con su presidenta Nekane Arzallus a la cabeza, homenajeó a la trainera Donostiarra. Los remeros de la Bantxa salieron a la cancha acompañados de las trece banderas que lograron durante la temporada. El mejor reconocimiento por su ascenso a la ACT, que se cerró con la entrega de una bandera firmada por todo el equipo que Alberto López, presidente de Donostiarra-Kaiarriba, entregó a su colega en el GBC.

Nekane Arzallus recibió una bandera firmada por toda la tripulación de la trainera Donostiarra

Entre una cosa y otra, la fiesta no cesó en el descanso. Y si alguien estaba bajo de ánimo, enseguida saltaba Gipu, la infatigable mascota, pidiendo más aplausos, cánticos y alegría a los seguidores donostiarras. El equipo les necesitaba. No era momento de venirse abajo.

Y los aficionados respondían a todas y cada una de las llamadas de Gipu. No vaya a ser que alguien se piense que están ahí por estar. No. Ellos son claro ejemplo de esa ilusión por los colores, por el baloncesto y, en este caso, por el GBC. Y como nadie quiso perderse este derbi, la jugadora del IDK Iva Brkic y el hermano de Swing, entre otros, se dejaron ver entre el público.

Las gradas lo dieron todo. En todo momento, a pesar de que el GBC fue por detrás. Pero al final... Ni los jugadores ni los aficionados se creían lo que estaba pasando. En el tercer cuarto el GBC anotó 32 puntos. Aún quedaba esperanza en Illunbe, a pesar de que para el último cuarto Fisac ya no estuviera en la pista. Durante los últimos diez minutos, el pabellón tuvo una atmósfera ensordecedora. Ya no importaba cómo, pero había que dejarse oír. Tanto en un bando como en el otro.

El choque no terminó como a los donostiarras les hubiera gustado, pero nadie les quita la fiesta vivida en Illunbe. Que podría haber sido mejor está claro, pero que un derbi es único también. Ese defender al equipo como a la familia, como a uno mismo casi; esos cánticos improvisados, pero que suenan bien aunque no rimen ni queriendo; esa ilusión; esa sonrisa cuando gana el equipo al que sigues desde niño... Y cuando no, como sucedió contra el Bilbao Basket, que no sea porque no has defendido tus colores.

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