Gipuzkoa Basket

Delteco GBC y San Pablo Burgos: Equipos que ganan batallas aunque les den por muertos

La peña Omnes Uni aplaudió a los burgaleses, a la derecha/
La peña Omnes Uni aplaudió a los burgaleses, a la derecha

Más de mil burgaleses se dieron cita en Illunbe e hicieron sentir a su equipo como en casa |

BORJA OLAZABAL SAN SEBASTIÁN.

En los días previos al comienzo de la presente campaña en la Liga ACB, las apuestas eran bastante claras en lo que a equipos que podían perder la categoría se refiere. Si a cualquiera se le pedía que escribiera en un papel tres o cuatro candidatos, los que nunca faltaban eran el Delteco GBC y el San Pablo Burgos. Todo el mundo los daba por muertos antes de que empezara la competición.

Lo que nadie podía imaginar es que los muertos también pueden ganar guerras. Que pueden agarrarse a esos intangibles que van mucho más allá de la calidad individual. El corazón, las ganas, la ilusión... pueden más que algunos de esos baloncestistas que no fallan cuando miran al aro.

De lo que es capaz el equipo entrenado por Porfi Fisac lo hemos venido viendo durante toda la temporada. Ya son doce las victorias con las que cuenta GBC, que tiene la permanencia en la mano a falta de cuatro jornadas.

Las aficiones cantaron juntas tras el partido «el año que viene nos vemos otra vez»

Lo que no estaba tan claro por estos lares es lo que podía hacer el conjunto burgalés. Otro de los condenados de inicio, pero que se presentó en Donostia con solo dos triunfos menos que los guipuzcoanos.

Gipuzkoa Basket estaba convencido de que podía sumar ayer ese triunfo que le diera la tranquilidad absoluta esta campaña, pero lo que no podía esperar es que el San Pablo llegara con sus entrenadores, jugadores, cerca de mil aficionados, con Babieca y con la Tizona.

Y es que el equipo de Burgos está siendo el más fiel reflejo de uno de los personajes más ilustres de la tierra castellana, el Cid Campeador. Cuenta la leyenda que Rodrigo Díaz de Vivar, después de muerto, fue vestido, ceñido en armas (su espada Tizona incluida) y montado en Babieca, su caballo, ganó la última de sus batallas contra las tropas árabes en Valencia.

Ayer, el Cid fue representado por más de mil burgaleses que llegaron a Illunbe con ganas de pasarlo bien, con ganas de animar y con ganas de ver a su equipo ganar. Lo consiguieron todo. Sobre todo pasarlo bien. Esto último, quizás, sea lo más importante y bonito que se pueda ver en cualquier recinto deportivo. Ayer, con el partido acabado, se fundieron en un aplauso mutuo con Omnes Uni, la peña del GBC, al grito de «¡el año que viene nos vemos otra vez!».

Pero volvamos al inicio de la batalla que se libró sobre el parqué donostiarra.

Pitados en su casa

«Cantemos unidos la insigne grandeza de nuestra Castilla, de nuestro solar, sus piedras sagradas que son fortaleza y escuela y alcázar y trono y altar». Así, cantando el himno de la ciudad de Burgos, empezaron las hordas azules la contienda. Un momento solemne que dio paso a una tarde, cuanto menos, extraña.

Y es que dio la sensación, y esto no es ninguna exageración, de que el GBC no estaba jugando en casa. Los aficionados castellanoleoneses no eran mayoría, pero durante gran parte del encuentro se hicieron notar más.

El «¡Burgos! ¡Burgos!» inicial fue atronador. De ahí se pasó a diversos cánticos de ánimo, pero lo que realmente hizo sentir a los donostiarras como foráneos fueron los momentos de intimidación a los árbitros o de presión a los jugadores del Delteco.

Un error de Swing provocó el enfado del de Tennessee, que le dio una patada al balón. Lo normal hubieran sido los ánimos de sus aficionados, pero lo que tuvo que escuchar el tirador fue la petición de técnica por parte de los seguidores del cuadro foráneo.

La fiesta de los amigos del Cid fue completa durante la primera parte. Tanto es así, que en el descanso dos seguidores del Burgos saltaron a la cancha y se pusieron a bailar junto a 'Gipu', la mascota local. Se estaban sintiendo como en casa.

Pero en la segunda parte los donostiarras empezaron a remontar y se consiguieron meter en partido. Un tremendo tapón de Agbelese empezó a levantar a la afición local, que con un 2+1 del pívot que supuso el 55-55 (partido empatado por primera vez desde el 0-0 inicial), acabó de entrar en harina.

El 59-55 a favor del GBC parecía haber matado al Burgos, pero ya hemos hablado de las leyendas burgaleses y de las guerras que ganan cuando están muertos. El «Ale, San Pablo, ale» sonó como si lo estuviera cantando todo Illunbe y los visitantes le volvieron a dar la vuelta al marcador.

También metió miedo el millar de burgaleses cuando Dani Pérez se fue a la línea para lanzar dos tiros libres con el 62-66. Estaba obligado a anotar los dos para que los donostiarras mantuvieran opciones de victoria, pero la pitada desde la grada fue más que sonora. Falló uno. 63-66. En la siguiente acción, triple de Fisher, locura en la grada y partido sentenciado.

A Gipuzkoa Basket le faltó algo de magia, como la que suele hacer Januzaj con la Real. El belga estuvo ayer en Illunbe, pero no pudo ayudar con su calidad.

Sí que hubo magia en las gradas. Hay magia en el GBC y en el San Pablo Burgos, que se van a salvar cuando todos los daban por muertos antes de empezar la liga.

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