Gipuzkoa Basket

Unas canastas que valen un millón

Porfi Fisac parece llamar a la calma a sus jugadores en un tiempo muerto del partido de ayer entre el GBC y el Obradoiro./JOSÉ MARI LÓPEZ
Porfi Fisac parece llamar a la calma a sus jugadores en un tiempo muerto del partido de ayer entre el GBC y el Obradoiro. / JOSÉ MARI LÓPEZ

Illunbe celebró la victoria número doce del equipo y hasta la presidenta bajó a la pista para abrazar a sus jugadores

BORJA OLAZABAL

Norel no jugó ayer. Lleva sin hacerlo dos jornadas por culpa de una rotura de fibras. Pero Norel estuvo en el banquillo animando a los suyos. Aplaudiendo cada acción. Celebrando cada canasta de los suyos. Las de todos. También la de Endika Marrahi, el entrenador del Ostadar de basket. Ayer acompañó a su equipo de chicas a Illunbe y tuvo un papel destacado en el show en el que se convirtió la tarde baloncestística. Norel le buscó con la mirada para felicitarle por su logro. Ahí va la explicación.

Cuando finalizó el primer cuarto, se desprendió de su chaqueta de los Mets, uno de los equipos de baseball de Nueva York. 'Gipu', la mascota del GBC, le dio la bola para que se la jugara desde el centro del campo. No se lo pensó. Caminó con paso firme con los aplausos del público de fondo hacia la línea divisoria y sin apenas tomar carrera, se la jugó. El balón voló y.... sonó ¡chof! Algarabía en la grada y gritos de ¡MVP!

'Gipu' se volvió loco y saltó sobre él para celebrar algo tan complicado como meterla desde el centro del campo. El premio que se llevó Endika, un abono a pie de pista para la temporada que viene.

El anillo inferior de la plaza donostiarra se empieza a quedar pequeño ante la gran afluencia de público

Lo de la canasta del millón es un clásico del mundo del baloncesto. No hay más que buscar en Youtube para encontrar cientos de ejemplos. Uno de los primeros que salta es el de un aficionado de los Miami Heat. Se la tiró de gancho, anotó y se llevó la friolera de 75.000 dólares. Eso y el abrazo loco de un tal LeBron James. Casi nada.

Los premios aquí son mucho más austeros que en la NBA. Tampoco luchamos por el anillo como lo hace año tras año LeBron. Probablemente, no nos hace ni falta. Aunque quién pillara esos 75.000 dólares americanos...

Aquí nos conformamos con ver en las gradas a Rubén Pardo, que pasaba entre niños en el descanso observado con ojos de admiración. Nos basta con ver como un tipo como Agbelese, el día después de su cumpleaños, lo celebra anotando la primera canasta del partido.

En Illunbe no son ostentosos ni los insultos. Tras una falta en ataque señalada a Fakuade que solo vio la tripleta arbitral, en plena remontada donostiarra, lo más grave que escucharon los colegiados fue el clásico «sin-ver-güen-za». Un insulto tan educado que no se puede considerar ni insulto. Un insulto que suena hasta dulce cuando los que lo gritan son un par de niñas que tienes detrás y que se dejan llevar por el torbellino en el que cada tarde basket se convierte Illunbe.

La sonrisa de Nekane

Gipuzkoa Basket ha sabido bajar a la tierra. Lo ha hecho de la mano de una presidenta como Nekane Arzallus, que tomó los mandos del club con una rueda de prensa en la que que no pudo contener las lágrimas que le provocaba el nerviosismo por la que se le venía encima y que ahora dirige un grupo que le adora porque el GBC está recuperando, poco a poco, su esencia.

Quizás alguien se equivocó vendiendo proyectos megalómanos. Intentando ser LeBron cuando es mejor ser Endika Marrahi, marcarla desde tu casa y quedarte con un público que te ovaciona.

Hacia eso va el GBC. Ese el camino que ha tomado. Ser un club que celebra como grandes éxitos las pequeñas cosas. Que celebra triunfos que hace poco parecían obligatorias cuando nunca debieron serlo. Y así, cada bandeja es motivo de aplauso. Cada triple una fiesta. Cada mate, sobre todo si es de Agbelese, un momento para la euforia.

Por eso, la gente está volviendo a Illunbe. De las pírricas entradas de comienzo de temporada se ha pasado ver como el anillo inferior se empieza a quedar pequeño. Ayer ya hubo gente que se sentó en la parte alta de la plaza. Casi impensable hace seis meses. Y así, aquellas lágrimas nerviosas de Nekane se han convertido en lágrimas de alegría. Se han transformado en una sonrisa perenne que no hay quien se la quite. Una vez más, ha quedado demostrado que es mejor dar un paso atrás que volver a pegársela contra la misma pared.

Y así, tras la victoria número doce del equipo en la presenta campaña, los jugadores no dudaron en llamar a la presidenta para que celebrara con ellos unas canastas que valen un millón.

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