Gipuzkoa Basket

El baloncesto de élite exige jugar bien todo el partido

Porfi Fisac trata de corregir a sus jugadores durante el transcurso del partido, en el que el GBC mostró dos caras bien diferenciadas en cada tiempo. / FOTOS: JOSÉ MARI LÓPEZ
Porfi Fisac trata de corregir a sus jugadores durante el transcurso del partido, en el que el GBC mostró dos caras bien diferenciadas en cada tiempo. / FOTOS: JOSÉ MARI LÓPEZ

El GBC paga su desacierto inicial y su fatiga final tras una reacción baldía guiada por Chery y el público

OSKAR ORTIZ DE GUINEA SAN SEBASTIÁN.

«Las estrellas no juegan solo un día bien, sino muchos días bien», afirmó el viernes en su rueda de prensa semanal Porfi Fisac para felicitar a Kenny Chery por su condición de MVP de la pasada jornada, y para espolearle también para el futuro. Al técnico, quizá, le faltó puntualizar que el baloncesto de élite exige «jugar bien» los 40 minutos de un encuentro. Al menos, la mayor parte del mismo. De lo contrario, estás condenado a morder el polvo.

Para «cabreo» del técnico segoviano, es lo que le sucedió ayer a su Delteco GBC ante el Gran Canaria. Y eso que el base canadiense volvió a ser su jugador más resolutivo, con 24 puntos y 26 de valoración. El cuadro guipuzcoano lo bordó durante muchos instantes. Al menos, los 13 minutos y 20 segundos en los que fue capaz de transformar un sonrojante 32-52 al inicio del tercer cuarto en un increíble 70-70 por el que nadie habría apostado y que permitía soñar con la remontada a casi cinco minutos del bocinazo final.

Esa reacción llegó de la mano a partes iguales de un público encendido por el distinto rasero por el que se regían los colegiados y también del carácter de un equipo que salió de su letargo con el despertador de un omnipresente Chery, un resurgido Norel y unos grandes secundarios como Clark, Pardina o el propio Beraza. Así llegó el fabuloso parcial de 38-18 que habría sentenciado el choque de no haberlo regalado antes del descanso.

Es cierto que la baja del mejor Agbelese -que tras unos días hospitalizado, estuvo vestido de calle sobre el parqué durante el calentamiento- en sus dos etapas en Donostia condicionaba el partido, por lo que suponía en el aspecto mental y, también, en el físico, que exigía exprimir la aportación de Henk Norel en la pintura para no cargar de responsabilidad a un más que voluntarioso Xabier Beraza. Pero ayer pesó más la falta de actitud y puntería iniciales que la inferioridad en el juego interior respecto a un 'Granca' que perdió a Marcus Eriksson en el calentamiento. El sueco siguió el duelo desde el banquillo con una mano vendada.

Tampoco es cuestión de achacar todo al rol de los colegiados, por mucho que la diana del trío arbitral -en especial el silbato de Munar- sirviera para que el público al menos se desahogara mientras su equipo deambulaba en la primera parte con unos porcentajes de tiro paupérrimos: 10 canastas de 22 intentos en tiros de dos y 2 de 8 en triples.

Reparto de despropósitos

El inicio del partido fue una sucesión de despropósitos bajo ambas canastas. La primera no llegó hasta pasados dos minutos de juego. Fue obra de Chery, por supuesto. El GBC, muy impreciso, llevó el mando en esos inicios, aunque daba la sensación de que el 'Granca' -que lleva diez victorias seguidas sobre los guipuzcoanos- no necesitaba demasiado para hacer daño. Dos triples de Brussino fueron sus únicas canastas durante muchos minutos, pero el aro de enfrente no fue perforado mucho más, con demasiadas pérdidas. A falta de canastas, el duelo de argentinos entre Van Lacke y Brussino -dos faltas cada uno en sus cuatro minutos de juego- y el de Norel con Fischer captaron la atención. El 11-14 del marcador al término del primer cuarto es elocuente de lo que fue el cuarto inicial.

En el segundo cuarto bastaron poco más de cuatro minutos para doblar el marcador (22-28). Fisac se desesperaba ante la inoperancia de los suyos, y se dedicaba a secar el parqué mientras los canarios calibraban su punto de mira, con triples de Seeley, Radicevic y Aguilar. Salvo este último, los otros dos habían salido del banquillo, donde Luis Casimiro, es cierto, encontró más recursos para aderezar un triunfo que parecía sellado con el 32-52.

Como en Sevilla, el GBC apeló a la épica. Aunque el Gran Canaria no es el Betis, el duelo se equilibró en el último cuarto, en el que Chery montó a sus compañeros en su chepa. Tras el 51-65 del tercer cuarto, el canadiense se encendió: fallo, rebote defensivo, canasta a pase de Clark, robo y asistencia a Swing (55-65)... mientras Beraza daba tregua a Norel. El festival de Chery siguió hasta el 70-70: dos tiros libres, otras dos canastas, un triple... Aunque surgió también el mejor Norel, la fatiga local y la experiencia visitante finiquitaron la pugna y trajeron a colación las palabras de Fisac. Para ganar en la élite hay que jugar bien todo el partido. Y el GBC no lo hizo ayer.

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