Diario Vasco
Lofberg, protagonista al final del choque, penetra a canasta.
Lofberg, protagonista al final del choque, penetra a canasta. / USOZ

GIPUZKOA BASKET

La mejor de las resacas para el Gipuzkoa Basket

  • El ambiente que se generó en el Gasca junto con el final del partido dieron un carácter épico al choque del viernes

Todavía resuenan los tambores de guerra del Gasca. Felizmente no hay ninguna vivienda colindante con el polideportivo donostiarra porque seguro que ninguno de sus habitantes podría haber conciliado el sueño antes de las once de la noche.

El sentir general era el mismo para jugadores, técnicos y seguidores. Qué gozada el aspecto de las gradas. Cómo aprieta el público cuando el partido se está decidiendo. Cómo se disfruta cuando entra un triple y toda la grada se pone en pie a celebrarlo. Y, por consiguiente, el silogismo lleva a pensar que lo ideal sería un recinto un tanto más grande donde acomodar a todos los fieles, seguidores, simpatizantes y curiosos que desean ver un partido como el del viernes. Porque el Gasca es la némesis de Illunbe. En el coso taurino, con una entrada de cinco mil espectadores, cifra más que honrosa para los tiempos que corren, el aspecto del pabellón es un tanto desangelado.

Sin embargo 1.800 almas en el José Antonio Gasca parecen mucho más porque desgraciadamente no hay muchas localidades en el vetusto pabellón amaratarra -1.849 sentados- más unos doscientos que pueden caber en los fondos. Así las cosas, Illunbe se queda grande y el Gasca, pequeño. En este caso la media aritmética sería lo mejor.

21 segundos claves

Muchos coincidieron en que el equipo ovetense ha sido el rival de más alto rango que pasó por el Gasca. Quizá la opinión esté mediatizada por el partido que hizo Felipe Dos Anjos, dominando la zona desde sus 2,18 o la clase de Víctor Pérez, quien castigó desde todas las posiciones el aro donostiarra. Además de tener una plantilla larga, equilibrada, con jugadores de primer nivel y que está perfectamente dirigido por Carles Marco y Javi Rodríguez.

El Gipuzkoa Basket nunca pudo estirarse en el luminoso. Venció por nueve y su máxima ventaja durante el partido fueron once tantos. Sin embargo, los asturianos se han quedado a tres partidos de diferencia. Por escasos 21 segundos.

Y es que lo que ocurrió en ese escaso margen temporal puede ser definitivo en las clasificación final. El GBC dominaba por diez tantos y el Oviedo conectó dos triples para ponerse a cuatro, 82-78 faltando 42 segundos. Atacó el GBC. Pardina recibió falta y encaminó el choque con dos tiros libres. 84-78 y 21 segundos por jugar. Carles Marco, técnico del Oviedo solicitó tiempo muerto. El average eran ocho puntos. No había tiempo para ganar el partido, con lo que la consigna en el corrillo fue aguantar el balón, no atacar, perder el partido pero no la ventaja del basketaverage. Se puso el balón en juego, Dani Pérez botaba y el GBC trató de presionarle. Tras un par de pases, el balón llegó a Lofberg, quien, para sorpresa de todos, el primero su entrenador, se levantó desde casi ocho metros. Falló y Carles Marco se llevó las manos a la cabeza. Se imaginaba lo peor y al final terminó sucediendo.

El rebote le cayó a Pardina, se la dio a Úriz, quien sabía que un triple daba el average. Se tiró hacia la canasta contraria con el aliento del Gasca de fondo. Tenía a Lasa en una esquina pero vio cómo detrás suyo una mancha azul hacía de 'trailer'. Era Pardina. Le dejó el balón al catalán, quien enchufó el triple frontal para jolgorio y éxtasis local. Marco, en un inicio ni fue a saludar a Fisac porque se fue directamente donde Lofberg para pedirle explicaciones. El estadounidense gesticulaba como que no había entendido las órdenes y señalaba el marcador. Después sí saludó a Fisac pero el camino a los vestuarios para los ovetenses fue una tortura. Viendo un 87-78 que puede ser definitivo.

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